«Te está cargando, juez»

En los últimos días ha recrudecido en Inglaterra un debate acerca de las ventajitas que procuran habitualmente los jugadores pretendiendo haber sido víctimas de una falta que no existió, o exagerando una lesión que no es tal. Sepp Blatter, siempre de gorra (?), propone sanciones.

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Desde que el fútbol es fútbol han existido ventajeros. Jugadores que intentan llevar agua para su molino fingiendo faltas, lesiones u orgasmos (?) han habido siempre, pero al parecer en Inglaterra se han dado cuenta de la existencia de estos futbolistas por Luis Suárez, y se sabe que en la Pérfida Albión (?) consideran al Oriental poco menos que el mal personificado.

José Mourinho, siempre listo para el palo a un rival, dijo que Suárez era un acróbata que se la pasaba simulando faltas, y que eso no daba, que así no se juega, que es una vergüenza, que sunescán daluna buso (?). De todos modos si algo no se puede decir de Mou es que sea un boludo. Ni lerdo ni perezoso (?) reconoció que Oscar, delantero del Chelsea, estuvo bien amonestado por simular un penal -que no se cobró- ante Southampton, aunque lo defendió diciendo que fue mérito del arquero que evitó tocarlo.

En fin (?), la cuestión es que los ingleses se prendieron en pubs, fábricas, canales de televisión, radios, oficinas, diarios y colonias de ultramar (?) a discutir sobre lo que denominan «diving», es decir zambullirse, un fenómeno que abarca dos circunstancias. La primera de ellas, la de tirarse en sí, buscando un penal o un tiro libre que no debe ser cobrado por ausencia de infracción. La segunda es la de pretender una lesión quedándose tirado el futbolista como método para hacer correr el reloj con el partido interrumpido.

Desde ya que ambas prácticas son repudiables, siempre y cuando las haga el equipo rival, claro está (?). Son molestas, rompen las pelotas, generan ira irrazonable y eso (?), pero son comunes y pertenecen a las mañas aceptadas en el fútbol. Así lo entiende el DT del Manchester City, el chileno Manuel Pellegrini, quien manifestó que obviamente da bronca cuando un referi cobra algo que no es contra el propio equipo, pero que nadie dice nada cuando ese error arbitral lo favorece, y que el engaño al juez, más allá de lo moral, es parte del fútbol.

En la otra vereda se paró el técnico del Everton, el español Roberto Martínez, quien dice lamentar que el fútbol inglés se haya contagiado de esos vicios que eran habituales en otras ligas, pero que ahora también están en la Premier, y que alguien debería terminar con ese flagelo.

En esa línea se pronunció también el presidente de FIFA, Sepp Blatter, quien propuso una especie de sanción temporal -time penalty- para los jugadores que fingen lesiones. Es decir, que quién deba salir de la cancha por, supuestamente, no poder continuar sin atención médica, deba permanecer un tiempo X fuera del partido. Con esto Blatter entiende se terminarán los casos de jugadores que no se pueden parar y que apenas salen de la cancha ya están milagrosamente en condiciones de meter un pique de 40 metros. Claro está que el Grondona del mundo (?) separa el caso de los realmente lesionados de aquellos que fingen.

Y ese es el punto que, según Dermot Gallagher -ex árbitro inglés-, vuelve imposible la medida propuesta por Blatter, por mucho que se pueda coincidir con el espíritu de la misma. Gallagher ha manifestado, no sin cierta razón, que ningún referí del mundo está en condiciones de determinar en el momento, al costado de la cancha y sin ayuda alguna, si un jugador está realmente dolorido o no, y que por lo tanto ninguno aplicara la sanción temporal que propone Blatter. Salvo, claro, y esto es propuesta de LR!, que haya un Tití Fernández en cada estadio del mundo que pueda decir cosas como «le tiraron los isquiotibiales» o «está resentido del cuádriceps», con la precisión de un tomógrafo pero menor gasto eléctrico.

No deja de ser irónico, igualmente, que quien se opone fervientemente a la utilización de tecnología para evitar errores arbitrales porque estos son parte del juego, Blatter, se muestre tan enojado y duro con la ficción (?) que emane de jugadores.

La simulación rompe las bolas, y es un mal, sin dudas, pero un mal menor. En este tema este autor coincide con Pellegrini, o con lo que entiende que Pellegrini quiso decir (?). Es parte del juego, y el reglamento ya establece sanciones (tarjetas) y faculta también al juez a dar bola o no al jugador tirado. De todos modos, humildemente se instruye a los jugadores que la pelota jamás debe ser tirada afuera para posibilitar atención médica, salvo que se trate de un compañero, y en el caso de ser un rival se sigue jugando salvo que se vea el hueso, mane sangre a borbotones, o haya convulsiones. Y aún en ese caso habría que ver (?). Todo ello mientras desde los costados bajan los «no tiene nada», «están haciendo tiempo», «no la tiren afuera», «vayánse a la mierda, los están cargando a todos» (?).


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