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Grandes equipos olvidados. Hoy: Porongos

Ernesto 15

Haciendo un poco de historia entre los equipos de nuestra Patria Grande que no son del todo reconocidos ya que todas las luces se van hacia los clubes importantes del continente, hoy nos ocuparemos de hacerle un pequeño reconocimiento a un club que se lo merece. Se trata del Centro Recreativo Porongos Fútbol Club, fundado el 5 de Junio de 1910 en Trinidad, Flores, Uruguay.

Porongos tiene una jugosa y rica… historia. Su nombre se lo debe al Arroyo Porongos de la localidad de Flores. Allí juega en la Liga Capital de Flores donde tiene como clásico rival a Independiente, a quien, como era esperable, se lo empoma siempre. Se comenta que es tal la paternidad que el soez cántico “decime que siente jugar contra Porongos y que te coja siempre” no lo cantan por respeto.


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Y si faltaba algo, Diegote…

juan 53

Insatisfecho, quizás, con la primera edición del World Football Idol, el empresario Max Higgins vuelve a la ciudad de Mar del Plata con ansias de revancha.

En el estreno del concurso que busca al nuevo ídolo del fútbol mundial no le fue tan bien. Puso 65 lucas para al alquilar Estadio Minella, no vendió ninguna entrada y encima desde algún sector del periodismo lo acusaron de trucho.

Pero ahora se ve que pone toda la carne al asador. Para este sábado preparó un gran show en el Estadio Polideportivo de la Ciudad Feliz, en el que participarán artistas de la talla de Gloria Gaynor, Los Nocheros, La Sole (y dicen que también estará Patito Feo). Para hacer todo un poco más bizarro, la conducción estará a cargo de Sergio Goycochea y Diego Maradona.

No es casual que el Diego haya aceptado. El grone paga. Le paga a los artistas, le paga a los modelos, le paga a la policía, le paga a los diarios, a televisión, a los promotores y a la Municipalidad. En efectivo y por anticipado.

Es por eso que desde el Emder (Ente Municipal de Deportes y Recreación) no entienden nada. Un tipo de origen desconocido llega vestido de gladiador romano a bordo de un Lamborghini y en una tarde pone casi el mismo dinero que aportan los equipos argentinos durante la temporada veraniega. ¡Un Negoción! ¿Pero a quién le están entregando el estadio?, ¿a un loco con plata? ¿a un visionario?, ¿o a un señor que viene a lavar guita delante de todos?. No se sabe, tampoco importa demasiado.

Por lo pronto se conoce que para este fin de semana las entradas son gratuitas (se retiran en algunos comercios y en el mismo Polideportivo), a pesar de que en el sitio oficial figuren con elevados precios. Todo muy raro.

Ah, para el 23 y 24 de noviembre está programada la próxima ronda del concurso (en el Minella) y se promete la presencia de Maradona, ya en condición de socio y no de invitado.


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Una Cruzada a la caza del infiel

invitado 73

Finalmente está confirmado que la camiseta estrenada por el Inter en la Fiesta del Scudetto será la suplente durante la temporada 2007-2008, año del centenario de su fundación.

Personalmente me parece una camiseta linda que tiene varios aspectos positivos. Es muy original, rinde un homenaje a su ciudad en una fecha especial para el club, ya que representa al escudo del Comune di Milano y, yendo al detalle, el lugar secundario que ocupa el sponsor la hace lucir más.

Todo esto es muy lindo, pero las connotaciones histórico-religiosas de la casaca en cuestión son innegables. Teniendo en cuenta que muchos de los responsables de vestir dignamente esta divisa serán nuestros connacionales (o personas que han sabido triunfar en nuestra liga), cabe preguntarse: Al final de esta contienda, en mayo del año próximo, ¿podrán decir “tuve éxito, combatí al infiel, y triunfé con honor en la batalla futbolística”?

Estoy seguro -e independientemente de la aceptación que tenga- de que esta camiseta diseñada por la empresa de la pipita pasará a la historia por su originalidad. Y yo me la voy a comprar (en mayo del año que viene, cuando esté de oferta).

[enviado por Felsto (gi� leandro grimi)]


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Las narigonas siempre tienen buenas tetas

Pep 230

Sinceramente tenía otra idea sobre el post que iba a hacer cuando LR! retornase del limbo obligado.

De hecho, dejé uno en borrador con referencia a todos los temas sobre los que no habíamos podido postear por el apagón forzado de una semana de duración, tal vez más tarde lo suba, no lo sé aún.

No por previsibles ciertas noticias se vuelven menos ingratas. Hace rato que se sabía que el Negro Fontanarrosa estaba jodido, pero igualmente uno siempre intenta patear hacia adelante la muerte de la gente que quiere o admira, probablemente por mero egoísmo, pero es así, al menos en mi caso.

El Negro nunca supo de la existencia mía, ni de la gran mayoría (por no decir todos) de los lectores y participantes de este blog, ni seguramente tampoco que había una página llamada La Redó!, pero igualmente me hizo mierda la noticia recibida con desconcierto vía MSN, porque era realmente una de las pocas personas a las que admiraba y mucho.

Esos personajes que me crucé una sola vez en la vida y a los que solo atiné a decirle alguna boludez formaloide tipo “un placer, un gusto“, o algo así, por haberme quedado sin nada para pronunciar que considerase medianamente inteligente.

En fin, la noticia fría dice que murió Roberto Fontanarrosa, el creador de Boogie, El Aceitoso; Inodoro Pereyra; Wilmar Everton Cardaña, Best Seller y mil personajes más, ya sea dentro o fuera de El Cairo. Pero estas noticias jamás son frías.

Podría poner un montón de cuentos del Negro en este post (la frase del tìtulo es de uno de ellos, no recuerdo de cual), pero creo que el que más se lo merece es “19 de diciembre de 1971“.

“Sí yo sé que ahora hay quienes dicen que fuimos unos hijos de puta por lo que hicimos con el viejo Casale, yo sé. Nunca falta gente así. Pero ahora es fácil decirlo, ahora es fácil. Pero habla que estar esos días en Rosario para entender el fato, mi viejo, que hablar al pedo ahora habla cualquiera.

Yo no sé si vos te acordás lo que era Rosario en esos días anteriores al partido. ¡Y qué te digo “esos días”! ¡Desde semanas antes ya se venía hablando, del partido y la ciudad era una caldera, porque eso era lo que era la ciudad! Claro, los que ahora hablan son esos turros que después vos los veías por la calle gritando y saltando como unos desgraciados, festejando en pedo a los gritos y después ahora te salen con que son… ¿qué son?… moralistas… ¿De qué se la tiran, hijos de mil putas? Ahora son todos piolas, es muy fácil hablar. Pero si vos vieras lo que era la ciudad en esos días, hennano, prendías un fósforo y volaba todo a la mierda.

No se hablaba de otra cosa en los boliches, en la calle, en cualquier parte. Saltaban chispas, te aseguro. Y la cosa arrancó con el fato de las cábalas. O mejor dicho, de los maleficios.

—Hay que entender que no era un partido cualquiera, hermano, era una final final. Porque si bien era una semifinal, el que ganaba después venía a jugar a Rosario y le rompía el culo a cualquiera. Fuera Central como Ñul, acá le hacía la fiesta a cualquiera. ¡Y cómo estaban los lepra! ¡Eso, eso tendrían que acordarse ahora los que hablan al reverendo pedo y nos vienen a romper las pelotas con el asunto del viejo Casale! ¿No se acuerdan esos turros cómo estaban los lepra? ¿No se acuerdan ahora, mi viejo? Había que aguantarlos porque se corrían una fija, pero una fija se corrían, hermano, que hasta creo que se pensaban que nos iban a llenar la canasta. No que sólo nos iban a hacer la colita sino que además nos iban a meter cinco, en el Monumental y para latelevisión. ¡Pero por qué no se van a la concha de su madre! ¡Qué mierda nos van a hacer cinco esos culosroto! ¡Así se la comieron doblada! ¡Qué pija que tienen desde ese día y no se la pueden sacar!

Pero la verdad, la verdad, hermano, con una mano en el corazón, que tenían un equipazo, pero un equipazo, de padre y señor mío.
Hay que reconocerlo. Porque jugaban que daba gusto, el buen toque y te abrochaban bien abrochado. Estaba Zanabria, el Marito Zanabria; el Mono Obberti ¡Dios querido, el Mono Obberti, qué jugador! Silva el que era de Lanús, el albañil. ¡Montes! Montes de cinco; Santamaría el Cucurucho Santamaría, qué sé yo, era un equipazo, un equipazo hay que reconocer, y la lepra se corría una fija. ¿Sabés cuántos había en la ruta a Buenos Aires, el día del partido? Yo no sé, eran miles, millones, yo no sé de dónde habían salido tantos leprosos. Si son cuatro locos y de golpe, para ese partido, aparecieron como hormigas los desgraciados.

Todos fueron. ¡Lo que era esa ruta, papito querido! Entonces, oíme, había que recurrir a cualquier cosa. Hay partidos que no podés perder, tenés que ganar o ganar. No hay tutía. Entonces si a mí me decían que tenía que matar a mi vieja, que había que hacer cagar al presidente Kennedy, me daba lo mismo, hermano. Hay partidos que no se pueden perder. ¿Y qué? ¿Te vas a dejar basurear por estos soretes para que te refrieguen después la bandera por la jeta toda la vida? No, mi viejo. Entonces, ahí, hay que recurrir a cualquier cosa. Es como cuando tenés un pariente enfermo ¿viste? tu vieja, por ejemplo, que por ahí sos capaz hasta de ir a la iglesia ¿viste? Y te digo, yo esa vez no fui a la iglesia, no fui a la iglesia porque te juro que no se me ocurrió, mirá vos, que si no… te aseguro que me confesaba y todo si servía para algo. Pero con los muchachos enganchamos con la cuestión de las brujerías, de la ruda macho, de enterrar un sapo detrás del arco de Fenoy, de tirar sal en la puerta de los jugadores de Ñubel y de todas esas cosas que siempre se habla. Por supuesto que todas las brujas del barrio ya estaban laburando en la cosa y había muñecos con camiseta de Ñubel clavados con alfileres, maldiciones pedidas por teléfono y hasta mi vieja que no manya mucho del asunto tenía un pañuelo atado desde hacía como diez días, de ésos de “Pilato, Pilato, si no gana Central en River no te desato”.

Después la vieja decía que habíamos ganado por ella, pobre vieja, si hubiera sabido lo del viejo Casale, pero yo le decía que sí para no desilusionarla a la vieja.

Pero todo el fato de la ruda macho y el sapo de atrás del arco eran, qué sé yo, cosas muy generales, ya había tipos que lo estaban haciendo y además, el partido era en el Monumental y no te vas a meter en la pista olímpica a enterrar un sapo porque vas en cana con treinta cadenas y no te saca ni Dios después, hermano. Entonces, me acuerdo que empezamos con la cosa de las cábalas personales. Porque me acuerdo que estábamos en el boliche de Pedro y veníamos hablando de eso. Entonces, por ejemplo, resolvimos que a Buenos Aires íbamos a ir en el auto del Dani porque era el auto con el que habíamos ido una vez a La Plata en un partido contra Estudiantes y que habíamos ganado dos a cero. Yo iba a llevar, por supuesto, el gorrito que venía llevando a la cancha todos los últimos partidos y no me había fallado nunca el gorrito. A ése lo iba a llevar, era un gorrito milagroso ése.

El Coqui iba a ir con el reloj cambiando de lugar, o sea en la muñeca derecha y no en la izquierda, porque en un partido contra no sé quién se lo había cambiado en el medio tiempo porque íbamos perdiendo y con eso empatamos.o sea, todo el mundo repasó todas las cábalas posibles como para ir bien de bien y no dejar ningún detalle suelto. te digo más, estuvimos parados en la tribuna en el partido contra Atlanta para pararnos de la misma manera en el partido contra la lepra el boludo de michi decía que él había estado detrás del Valija y el Miguelito porfiaba que el que había estado detrás del Valija era él.

Mirá vos, hasta eso estudiamos antes del partido, para que veas cómo venía la mano en esos días. ¿Y sabés qué te lleva a eso, hermano, sabés qué te lleva a eso? El cagazo, hermano, el cagazo, el cagazo te lleva a hacer cualquier cosa, como lo que hicimos con el viejo Casale.

Porque si llegábamos a perder, mamita querida, nos teníamos que ir de la ciudad, mi viejo, nos teníamos que refugiar en el extranjero, te juro, no podíamos volver nunca más acá. Íbamos a perecer esos refugiados camboyanos que se tomaron el piro en una balsa. Te juro que si perdíamos nosotros agarrábamos el “Ciudad de Rosario” y por acá, por el Paraná, nos teníamos que ir todos, millones de canallas, no sé, a Diamante, a Perú, a Cuzco, a la concha de su madre, pero acá no se iba a poder vivir nunca más con la cargada de los leprosos putos, mí viejo.

Ya el Miguelito había dicho bien claro que él se la daba, que si perdíamos agarraba un bufo y se volaba la sabiola y te digo que el Miguelito es capaz de eso y mucho más porque es loco el Miguelito, así que había que creerle. O hacerse puto, no sé quién había comentado la posibilidad de hacerse trolo y a otra cosa mariposa, darle a las plumas y salir vestido de loca por Pellegrini y no volver nunca más a la casa. Pero, te digo, nadie quería ni siquiera sentir hablar de esa Posibilidad. Ni se nombraba la palabra “derrota”.

Era como cuando se habla del cáncer, hermano. Vos ves que por ahí te dicen “la papa”, o “tiene otra cosa”, “algo malo”, pero el cangrejo, mi viejo, no te lo nombra nadie. Y ahí fue cuando sale a relucir lo del viejo Casale. El viejo Casale era el viejo del Cabezón Casale, un pibe que siempre venía al boliche y que durante años vino a la cancha con nosotros pero que ya para ese entonces se había ido a vivir al norte, a Salta creo, lo vi hace poco por acá, que estaba de paso. Y ahí fue que nos acordamos de que un día, en la casa del Cabezón, el viejo había dicho que él nunca, pero nunca, lo había visto perder a Central contra Ñul. Me acuerdo que nos había impresionado porque ese tipo era un privilegiado del destino. Aunque al principio vos te preguntas, “¿Cómo carajo hizo este tipo pata no verlo perder nunca a Central contra Ñul? ¿Qué mierda hizo? Este coso no va nunca a la cancha”. Porque, oíme alguna vez lo tuviste que ver perder, a menos que no vayás a. los clásicos. Y ojo que yo conozco muchos así, que se borran bien borrados de los clásicos. O que van en Arroyito, pero que a la cancha del Parque no van en la puta vida. Y me acuerdo que le preguntarlos eso al viejo y el viejo nos dijo que no, y nos explicó. El iba siempre, un fana de Central que ni te cuento, pero se había dado, qué sé yo, una serie de casualidades que hicieron que en un montón de partidos con Ñul él no pudiera ir por un montón de causas que ni me acuerdo. Que estaba de viaje por Misiones —el viejo era comisionista—; que ese día se había torcido un tobillo y no podía caminar, que estaba engripado, que le dolía un huevo, qué sé yo, en fin, la verdad, hermano— que el viejo la posta posta era que nunca le había tocado ver un partido en que la lepra nos hubiera roto el orto. Era un privilegiado el viejo y además, un talismán, querido, porque así como hay tipos mufa que te hacen perder partidos adonde vayan, hay otros que si vos los llevás es número puesto que tu equipo gana. No es joda. Y el viejo Casale era uno de éstos, de los ojetudos.

Entonces ahí nos dijimos “Este viejo tiene que estar en el Monumental contra Ñubel. No puede ser de otra forma. Tiene que estar”… Claro, dijimos, seguro que va a estar, si es fana de Central, canalla a muerte. Pero nos agarró como la duda viste? porque nosotros no era que lo veíamos todos los días al viejo, te digo más, desde que el Cabezón se había ido al norte a laburar, al viejo de él no lo habíamos vuelto a ver ni en la cancha, ni en la calle ni en ninguna parte. Además, el viejo ya estaba bastante veterano porque debía tener como ochenta pirulos por ese entonces. Bah, en realidad ochenta no, pero sus sesenta, sesenta y cinco años los tenía por debajo de las patas.

Entonces, con el Valija, el Colorado y el Miguelito decimos “vamos a la casa del viejo a asegurarnos que va y si no va lo llevamos atado”. Porque también podía ser que el viejo no fuera porque no tuviera guita, qué sé yo. Nosotros ya habíamos pensado en hacer una rifa a beneficio, una kermesse, cualquier cosa. El viejo tenía que ir, era una bandera, un cheque al portador.

La cuestión es que vamos a la casa y… ¿a qué no sabés con lo que nos sale el viejo? Que andaba mal del bobo y que el médico le había prohibido terminantemente ir a la cancha, mirá vos. Nos sale con eso. Que no. Que había tenido un infarto en no sé qué partido, en un partido de mierda después que una pelota pegó en un palo, que había estado muerto como media hora y lo habían salvado entre los indios con respiración artificial y masajes en el cuore, que no había clavado la guampa de puro pedo y que le había quedado tal cagazo que no había vuelto a ir a la cancha desde hacía ya, mirá lo que te digo, dos años.

¡Hacía dos años que no iba a la cancha el viejo ese! Y no era sólo que él no quería ir sino que el médico y, por supuesto, la familia, le tenían terminantemente prohibido ir, lógicamente. No sé si no le prohibían incluso escuchar los partidos por radio, no sé si no se lo prohibían, para que no le pateara el bobo, porque parece que el viejo escuchaba un pedo demasiado fuerte y se moría, tan jodido andaba. Vos le hacías ¡Uh! en la cara y el viejo partía. ¡Para qué! Te imaginás nosotros, la desesperación, porque eso era como un presagio, un anuncio del infierno, hermano, era un preanuncio de que nos iban a hacer cagar en Buenos Aires, mi viejo. Entonces empezamos a tratar de hacerle la croqueta al viejo, a convencerlo, a decirle “Pero mire, don Casale, usted tiene que estar, es una cita de honor. ¡Qué va a estar mal usted del cuore, si se lo ve cero kilómetro! Vamos, don Casale —me acuerdo que lo jodía Miguelito— ¿cuántos polvos se echa por día? usted está hecho un toro”. Pero el viejo, ni mierda, en la suya. Que no y que no.

Le decíamos que el partido iba a ser una joda, que Ñubel tenía un equipo de mierda y que ya a los quince minutos íbamos a estar tres a cero arriba, que el partido era una mera formalidad, que el gobierno ya había decidido que tenía que ganar Central para hacer feliz a mayor cantidad de gente. No sé, no sé la cantidad de boludeces que le dijimos al viejo para convencerlo. Pero el viejo nada, una piedra el hijo de puta. Para colmo ya habían empezado a rondar la mujer del viejo, madre del Cabezón, y una hermana del Cabezón, que querían saber qué carajo queríamos decirle nosotros al vicio en esa reunión, porque medio que ya se sospechaban que nosotros no íbamos para nada bueno. En resumen que el viejo nos dijo que no, que ni loco, que ni siquiera sabía si iba apoder resistir la tensión de saber que se jugaba el partido, aun sin escucharlo. Porque el viejo los diarios los leía, tan boludo no era, y sabía cómo venía la mano, cómo era la cosa, cómo formaban los equipos, suplentes, historial, antecedentes, chaquetillas, color, todo. Nos dijo más. “Ese día —nos dijo— bien temprano, antes de que empiecen a pasar los camiones y los ómnibus con la gente yendo para Buenos Aires, yo me voy a la quinta de un hermano mío que vive en Villa Diego”. No quería escuchar ni los bocinazos el viejo. “Me voy tempranito a lo de mi hermano, que a mi hermano le importa un sorete el fútbol, y me paso el día ahí, sin escuchar radio ni nada”. Porque el viejo decía y tenla razón, que si se quedaba en la casa, por más que se encerrara en un ropero, algo iba a oír, algún grito, algún gol, alguna cosa iba a oír, pobre desgraciado, y se iba a quedar ahí mismo seco en el lugar. Así que se iba a ir a radicar en la quinta de ese hermano que tenía, para borrarse del asunto.

Muy bien, muy bien. Te digo que salimos de allí hechos bosta porque veíamos que la cosa venía muy mal. Casi era ya un dato seguro como para decir que éramos boleta. Para colmo, al Valija, el día anterior le había caído una tía del campo y él se acordaba que, en un partido que perdimos con San Lorenzo, esa misma tía le había venido el día antes. Era un presagio funesto el de la tía.

Fue cuando decidimos lo del secuestro. Nos fuimos al boliche y esa noche lo charlamos muy seriamente. El Dani decía que no, que era una barbaridad, que el viejo se nos iba a morir en el viaje, o en la cancha, y después se iba a armar un quilombo que íbamos a terminar todos en cana y que, además, eso sería casi un asesinato. Pero al Dani mucha bola no le dimos porque ha sido siempre un exagerado y más que un exagerado, medio cagón el Dani. Pero nosotros estábamos bien decididos y más que nada por una cosa que dijo el Valija: el viejo estaba diez puntos. Había tenido un infarto, es cierto. Pero hay miles de tipos que han tenido un infarto y vos los ves caminando tranquilamente por la yeca y sin hacer tanto quilombo como este viejo pelotudo, con eso de meterse adentro de un ropero, o no ir a la cancha, o dejar que te rigoree la familia como la esposa y la otra, la hermana del Cabezón. Por otra parte, y vos lo sabés, los médicos son unos turros pero unos turros que se ve que lo querían hacer durar al viejo mil años para sacarle guita, hacerle experimentos y chuparle la sangre. Y además, como decía el Miguelito y eso era cierto, vos lo veías al viejo y estaba fenómeno. Con casi sesenta afios no te digo que parecía un pendejo pero andaba lo más bien. Caminaba, hablaba, se sentaba, qué sé yo, se movía. ¡Chupaba! Porque a nosotros nos convidó con Cinzano y el viejo se mandó su medidita, no te digo un vasazo pero su medidita se mandó. La cosa es que el Miguelito elaboró una teoría que te digo, aún hoy, no me parece descabellada. ¡El viejo era un curro, hermano! Un turrazo que especulaba con el fato del bobo para pasarla bien y no laburarla nunca más en la vida de Dios. Con el sover del bobo no ponía el lomo, lo atendían a cuerpo de rey y —la tenía a la vieja y a la hermana del Cabezón pendientes de él —viviendo como un bacan, el viejo. Y… ¿de qué se privaba? De algún faso; que no sé si no fasearía escondido; y de no ir a—la cancha. Fijate vos, eso era todo. Y vivía como Carolina de Mónaco el otario. Bueno, con ese argumento y lo que dijo el Colorado se resolvió todo.

El Colorado nos habló de los grandes ideales, de nuestra misión frente a la sociedad, de nuestro deber frente a las generaciones posteriores, los pendejos. Nos dijo que si ese partido se perdía, miles y miles de pendejos iban a sufrir las consecuencias. Que, para nosotros y eso era verdad, iba a ser muy duro, pero que nosotros ya estábamos jugados, que habíamos tenido lo nuestro y que, de últimas, teníamos experiencias en malos ratos y fulerías. Pero los pibes, los pendejitos de Central, ésos, iban a tener de por vida una marca en sus vidas que los iba a marcar para siempre, como un fierro caliente. Que las cargadas que iban a recibir esos pibes, esas criaturas, en la escuela, los iban a destrozar, les iban a pudrir el bocho para siempre, iban a ser una o dos generaciones de tipos hechos bolsa, disminuidos ante los leprosos, temerosos de salir a la calle o mostrarse en público. Y eso es verdad, hermano, porque yo me acuerdo lo que eran las cargadas en la escuela primaria, sobre todo.

Yo me acuerdo cuándo perdimos cinco a tres con la lepra en el Parque después de ir ganando dos a cero, cuando se vendió el Colorado Bertoldi, que todavía se estará gastando la guita, y te juro que yo por una semana no me pude levantar de la cama porque no me atrevía a ir a la escuela para no bancarme la cargada de los lepra. Los pibes son muy hijos de puta para la cargada, son muy crueles. ¿No viste cómo descuartizan bichos, que agarran una langosta y le sacan todas las patas? Son unos hijos de puta los pibes en ese sentido. Y lo que decía el Colorado era verdad. Ahora todo el mundo habla de la deuda externa, y bueno, hermano, eso era algo así como lo de la deuda externa, que por la cagada de cuatro reverendos hijos de puta que empeñaron el país, la tenemos que pagar todos y los hijos y los hijos de nuestros hijos. Y si estaba en nosotros hacer algo para que eso no pasara, había que hacerlo, mi querido. Además, como decía el Colorado, ya no era el problema de la cargada de los pendejos futbolistas, está también el fato del exitismo. Los pibes ven que gana un equipo y se hacen hinchas de ese equipo, son así, casquivanos. Son hinchas del campeón. Entonces, ponele que hubiese ganado Ñubel y… ¡a la mierda! … de ahí en más todos los pibes se hacían de Ñubel, ponele la firma. Y no te vale de nada llevarlos a la cancha, conversarlos, hablarles del Gitano Juárez o el Flaco Menotti, ni comprarles la camiseta de Central apenas nacen. No te vale de nada. Los pendejos ven que sale River campeón y son de River. Son así. Y en ese momento no era como ahora que, mal que mal, vos los llevás al Gigante y los pibes se caen de culo. Entonces, cuando van al chiquero del Parque, por mejor equipo que pueda tener Ñul, los pibes piensan “Yo no puedo ser hincha de esta villa miseria” y se hacen de Central. Porque todo entra por los ojos y vos ves que ahora los pibes por ahí ni siquiera han visto jugar a Central o a Ñul y ya se hacen hinchas de Central por el estadio. Es otra época, los pendejos son más materialistas, yo no sé si es la televisión o qué, pero la cosa es que se van de boca con los edificios.

Entonces la cosa estaba clara, había que secuestrar al viejo Casale, o sino aguantarse que quince, veinte años depués, hoy por ejemplo, la ciudad estuviese llena de lepra sos nacidos después de ese partido, y esto hoy ¿sabés lo que sería? Beirut sería un poroto al lado de esto, hermano te juro.

El que organizó la “Operación Eichmann”, como lo llamamos, fue el Colorado. La llamamos así por ese general aleman, el torturador, que se chorearon de acá una vez los judíos ¿viste? y lo nuestro era más o menos lo mismo. El Colorado es un tipo muy cerebral, que le carbura muy bien el bocho y él organizó todo. El Colorado ya no estaba par ese entonces en la O.C.A.L.. La O.C.A.L., no sé si sabés es una organización de acá, de Rosario, que se llama así porque son iniciales, O.C.A.L “Organización Canalla Anti Lepra”. Son un grupo de ñatos como el Ku-Klux-Klan, más o menos, que se reúnen en reuniones secretas y no sé si no van con capucha y todo a las reuniones, o si queman algún leproso vivo en cada reunión. Mirá yo no sé si es requisito indispensable ser hincha de Central, pero seguro seguro, lo que tenés que hacer es odiar a los lepra. Tenés que odiar más a los lepra que lo que querés a Central.

Hacen reuniones, escriben el libro de actas, piensar maldades contra los lepra, festejan fechas patrias de partidos que les hemos ganado, tienen himnos, son como esos tipos los masones esos, que nadie sabe quiénes son. Andan con antorchas. Bueno, de la O.C.A.L., de la O.C.A.L. al Colorado lo echaron por fanático, con eso te digo todo pero es un bocho el Colorado y él fue el que organizó todo el operativo.

Y te la cuento porque es linda, te la cuento porque es linda, no sé si un día de estos no aparece en el “Selecciones” y todo. Averiguamos qué ómnibus iba para Villa Diego, adonde tenía la quinta el hermano del viejo Casale. Desde donde vivía el viejo, ahí por San Juan al mil cuatro cientos, lo único que lo dejaba en ese entonces, si mal no recuerdo, era el 305 que pasaba por la calle San Luis. O sea que el viejo tenía que tomarlo en San Luis-Paraguay o San Luis-Corrientes, no más allá de eso a menos que fuera muy pelotudo y lo fuera a tomar a Bulevar Oroño que no sé para qué mierda iba a hacer eso. Ahora, la. duda era si el viejo se iba a ir en ómnibus o en auto, porque si se iba en auto nos recagaba, pero nos jugábamos a que se iba a ir en ómnibus porque auto no tenía y seguro que el hermano tampoco tenía porque debía ser un muerto de hambre como él, seguramente. Y te digo que la cosa venía perfecta, porque el viejo nos había dicho que iba a salir bien temprano para no infartarse con las bocinas o sea que nosotros podíamos combinarlo con el horario de salida nuestra para el partido. Porque también nos cagaba si salía a la una de la tarde para Villa Diego porque después ¿cómo llegábamos nosotros a Buenos Aires para la hora del partido con el quilombo que era la ruta y en un ómnibus de línea? Lo más probable es que nos hiciéramos pelota en el camino por ir a los pedos. Y por otra parte, hermano, Villa Diego queda saliendo para Buenos Aires o sea que la cosa estaba clavada, era posta posta.

Después hubo que hablar con los otros muchachos, porqu e convencer al Rulo no nos costó nada, a él le daba lo mismo y, además, le contamos los entretelones del asunto. Te digo que el Colora manejó la cosa como un capo, un maestro. El asunto era así, el Rulo es un fana amigo de Central que tiene un par de ómnibus, está muy bien el Rulo. Y en esa época tenía un par de coches en la línea 305. Fue un ojete así de grande, porque si no teníamos que conseguir otro coche, cambiarle el color, pintarlo, qué sé yo, ponerle el número, un laburo bárbaro. Pero el Rulo tenía dos 305 y con uno de ésos ya tenía pensado pirarse para el Monumental el día del partido y más bien que se llevaba como mil monos que también iban para allá. Lo sacaba de servicio y que se fueran todos a la reputísima madre que los parió, no iba a perderse el partido ese.

Entonces, el Rulo, con los monos arriba Y nosotros, tenía que estar con el ómnibus preparado, el motor en marcha, por España, estacionado. Y el Miguelito se ponía de guardia, tomando un café, justo en un boliche de ahí cerca desde donde veían la puerta de la casa del viejo Casale. Creo que a las cinco, nomás, de la matina, ya estaba el Miguelito apostado en el boliche haciéndose el boludo y junando para la casa del viejo. Te juro que ni los tupamaros hubieran hecho un operativo como ése, hermano. Fue una maravilla.

Apenas vio que salía el viejo con una canastita donde seguro se llevaba algún matambre casero, algo de eso, el pobre viejo, el Miguelito cazó una Vespa que tenía en ese entonces, dio la vuelta a la manzana y nos avisó. Cargó la moto en el ómnibus, en la parte de atrás, detrás de los últimos asientos y nos pusimos en marcha.

Ya les habíamos dicho a tres o cuatro pendejos, de esos quilomberos de la barra, que se hicieran bien los sotas, que no dijeran ni media palabra y se hicieran los que apoliyaban. Nosotros también, para que no nos reconociera el viejo, estábamos en los asientos traseros, haciéndonos los dormido, incluso con la cara tapada con algún pulover, como si nos jodiera la luz, o con algún piloto.

Te digo que el día había amanecido frío y lluvioso, como la otra fecha patria, el 25 de Mayo. Además, el quilombo había sido guardar y esconder todas las banderas, las cornetas, las bolsas con papelitos, los termos, todo eso. Uno de los muchachos llevaba una bandera de la gran puta que medía 52 metros ¡52 metros, loco! Media cuadra de bandera que decía “Empalme Graneros presente” y tuvimos que meterla debajo de un asiento para que el. viejardo no la vichara.

La cosa es que el viejo subió medio dormido y se sentó en uno de los asientos de adelante que ya habíamos dejado libre a propósito para que no viera mucho del ómnibus. Rulo le cobró boleto y todo. Y nadie se hablaba como si no nos conociéramos. Y como el ómnibus iba haciendo el recorrido normal, el viejo iba lo más piola, mirando por la ventanilla. La cuestión es que llegamos a Villa Diego y el viejo tranquilo. Cada tanto, cuando nos pasaba algún auto con banderas en el techo, tocando bocina, el viejo miraba a los que tenía cerca y movía la cabeza como diciendo “¡Mirá vos!”.

Se ve que tenía unas ganas de hablar pero nadie quería darle mucha bola para no pisarse en una de ésas. Así que nos hacíamos todos los dormidos. Parecía que habían tirado un gas adentro de ese ómnibus hermano. Como cuando se muere algún ñato ¿viste? que se queda a apoliyar en el auto con el motor prendido y lo hace cagar el monóxido de carbono, creo. Bueno, así parecía que a nosotros nos había agarrado el monóxido de carbono. Pero, cuando llegamos a Villa Diego, por ahí el viejo se levanta y le dice al Rulo “En la esquina, jefe.”. Y yo no sé qué le dijo el Rulo, algo de que ahí no se podía parar, que estaba cerrado el tráfico, que había que seguir un poco más adelante y el viejo se la comió, pero se quedó paradito al lado de la puerta. Al rato, por supuesto, de nuevo el viejo, “En la esquina”. Ahí ya el Rulo nos miró, porque se le habían acabado los versos. Y ahí, hermano… ¡vos no sabés lo que fue eso! Fue como si nos hubiésemos puesto todos de acuerdo y te juro que ni siquiera lo habíamos hablado. Empezaron los muchachos a desplegar las banderas, a sacar las cornetas y las banderas por la ventana, y a los gritos, hermano, “¡Soy canalla, soy canalla!” por las ventanas.

Pero no para el lado del viejo, el pobre viejo, que la cara que puso no te la puedo describir con palabras, sino para afuera, porque los grones, con lo quilomberos que son, se habían ido aguantando hasta ahí sin gritar ni armar quilombo para no deschavarse con el viejo, pero cuando llegó el momento agarraron las banderas, empezaron a sacar los brazos y golpear las chapas del costado del ómnibus y también el Rulo empezó a seguir el ritmo con la bocina.

¿Viste esas películas de cowboy, cuando los choros van a asaltar una carreta donde parece que no hay nadie, o que la maneja nada más que un par de jovatos y de golpe se abren los costados y aparecen 17.000 soldados que los cagan a tiros? ¿Que levantan la lona y estaban todos adentro haciéndose los sotas? Bueno, ese ómnibus debió ser algo así. De golpe se transfonnó en un quilombo, un escándalo, una de gritos, de bocinazos, cornetas, una joda. ¡Y la gente al lado de la ruta! Porque desde la madrugada ya había gente a los costados de la ruta esperando que pasaran las caravanas de hinchas. Era para llorar, eso, conmovedor, te saludaban, gritaban, levantaban los puños, por ahí algún lepra, a las perdidas, te tiraba un cascotazo… Pero vuelvo al viejo, el viejo, no sabés la caripela que puso. Porque nosotros lo estábamos mirando porque decíamos: éste es el momento crucial. Ahí el viejo o cagaba la fruta, el corazón se le hacía bosta, o salía adelante. El viejo miraba para atrás, a todos los monos que saltaban y cantaban y no lo podía creer. Se volvió a sentar y creo que hasta San Nicolás no volvió a articular palabra. Te digo que el Rábano, el hijo de la Nancy ya se había ofrecido a hacerle respiración boca a boca llegado el caso, que era algo a lo que todos, mal que mal, le habíamos esquivado el bulto porque, qué sé yo, te da un poco de asco, además con un viejo.

Pero mirá, te la hago corta. Mirá, cuando el viejo ya vio que no había arreglo, que no había posibilidad de que lo dejáramos bajar del ómnibus, se entregó, pero se entregó entregó. Porque, al principio, nosotros nos acercamos y nos reputeó, nos dijo que éramos unos irresponsables, unos asesinos, que no teníamos conciencia, que era una,verguenza, qué sé yo todo lo que nos dijo. Pero después, cuando nosotros le dijimos que él estaba perfecto, que estaba hecho un toro, que si se había bancado la sorpresa del ómnibus quería decir que ese cuore se podía bancar cualquier cosa, empezó a tranquilizarse. El Colorado llegó a decirle que todo era una maniobra nuestra para demostrarle que él estaba perfectamente sano y que incluso el médico estaba implicado en la cosa.

Mirá hermano, y creéme porque es la pura verdad ¿qué intención puedo tener en mentirte, hoy por hoy? mucho antes ya de entrar en Buenos Aires ese viejo era el más feliz de los mortales, te lo digo yo y te lo juro por la salud de mis lujos. El viejo cantaba, puteaba, chupaba mate, comía facturas, gritaba por la ventana y a la cancha se bajó envuelto en una bandera. No había, en la hinchada, un tipo más feliz que él. Vino con nosotros a la popu y se bancó toda la espera del partido, que fue más larga que la puta que lo parió y después se bancó el partido. Estaba verde, eso si, y había momentos en que parecía que vos lo pinchabas con un alfiler y reventaba como un sapo, porque yo lo relojeaba a cada momento. Y después del gol del Aldo, yo lo busqué, lo busqué porque fue tal el quilombo y el desparramo cuando el Aldo la mandó adentro que yo ni sé por dónde fuimos a caer entre las avalanchas y los abrazos y los desmayos y esas cosas. Pero después miré para el lado del viejo y lo vi abrazado a un grandote en musculoso casi trepado arriba del grandote, llorando. Y ahí me dije: si éste no se murió aquí, no se muere más. Es inmortal. Y después ni me acordé más del viejo, que lo que alambramos, lo que cortamos clavos, los fierros que cortamos con el upite, hermano, ni te la cuento. Eso no se puede relatar, hermano, porque rezábamos, nos dábamos vueltas, había gente que se sentaba entre todo ese quilombo porque no quería ni mirar. Porque nos cagaron a pelotazos, ya el segundo tiempo era una cosa que la tenían siempre ellos y ¿sabés qué era lo fulero, lo terrible? ¡Qué si nos empataban nos ganaban, hermano, porque ésa es la justa! ¡Nos ganaban esos hijos de puta! ¡Nos empataban, íbamos a un suplementario y ahí nos iban a hacer refocilar el orto porque estaban más enteros y se venían como un malón los guachos! ¡Qué manera de alambrar! Decí que ese día, Dios querido, yo no sé que tenía el flaco Menuttl que sacó cualquier cosa, sacó todo, vos no quieras creer lo que sacó ese día ese flaco enclenque que parecía que se rompía a pedazos en cada centro. Le sacó un cabezazo de pique al suelo a Silva que lo vimos todos adentro, hermano, que era para ir todos en procesión y besarle el culo al flaco ése ¡qué pelota le sacó a Silva! Ahí nos infartamos todos, faltaban cinco minutos y si nos empataban, te repito, éramos boleta en el suplementario. Me acuerdo que miro para atrás y lo veo al viejo, blanco, pálido, con los ojos desencajados, pobrecito, pero vivo.

Y ahora yo te digo, te digo y me gustaría que me contesten todos esos que ahora dicen que fue una hijaputez lo que hicimos con el viejo Casale ese día. Me gustaría que alguno de esos turritos me contestara si alguno de ellos lo vio como lo vi yo al viejo Casale cuando el referí dio por terminado el partido, hermano. Que alguno me diga si, de puta casualidad, lo vio al viejo Casale como lo vi yo cuando el referí dio por terminado el partido y la cancha era un infierno que no se puede describir en palabras. Te digo que me, gustaría que alguien me diga si alguien lo vio como lo vi yo. ¡La cara de felicidad de ese viejo, hermano, la locura de alegría en la cara de ese viejo! ¡Que alguien me diga si lo vio llorar abrazado a todos como lo vi llorar yo a ese viejo, que te puedo asegurar que ese día fue para ese viejo el día más feliz de su vida, pero lejos lejos el día más feliz de su vida, porque te juro que la alegría que tenía ese viejo era algo impresionante! Y cuando lo vi caerse al suelo como fulminado por un rayo, porque quedó seco el pobre viejo, un poco que todos pensamos; “¡qué importa!” ¡Qué más quería que morir así ese hombre! ¡Esa es la manera de morir para un canalla! ¿Iba a seguir viviendo? ¿Para qué? ¿Para vivir dos o tres años rasposos más, así como estaba viviendo, adentro de un ropero, basureado por la esposa y toda la familia? ¡Más vale morirse así, hermano! Se murió saltando, feliz, abrazado a los muchachos, al aire libre, con la alegría de haberle roto el orto a la lepra por el resto de los siglos! ¡Así se tenía que morir, que hasta lo envidio, hermano, te juro, lo envidio! ¡Porque si uno pudiera elegir la manera de morir, yo elijo ésa, hermano! Yo elijo ésa”.


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El intérprete

Ernesto 309

El canoso con cara de orto es el técnico de Japón

Ivica Osim es un bosnio, Director Técnico del seleccionado de fútbol de Japón. Como no domina el japonés tiene un traductor que parece que es un tanto sensible. Japón está jugando la Copa de Naciones de Asia y empató en un gol ante el pujante (?) seleccionado de Qatar. Esto molestó al DT con sus jugadores lo que provocó que el traductor se pusiera a llorar por las duras palabras que el bosnio les propinó a los jugadores nipones.

Lo de Ivica no fue tan terrible. Solo le dijo a los jugadores que eran una “pandilla de aficionados”. Pero los jugadores japoneses se lo tomaron a mal. Para la estrella del equipo, Shunsuke Nakamura, “Osim se volvió loco”. La furia del entrenador se debe también a que los qataríes le empataron a dos minutos del final, en esta copa que se juega conjuntamente en Vietnam, Indonesia, Tailandia y Malasia (?) y donde Japón es generalmente el que la gana.

El Hombre Sensible de Tokyo (?) es nuestro ahora buen amigo Zen Chida, quien no pudo soportar los improperios del técnico sacado y solo traducía la mitad de lo que éste decía. Luego, el translator se calmó y con total tranquilidad les dijo a los jugadores que las palabras del bosnio habían sido literalmente: “hay que estar preparado para morir por la causa pero ustedes son una pandilla de aficionados”.

Como dato anecdótico, el autor del gol de los japoneses no fue otro que Naohiro Takahara y para Qatar lo hizo Sebastián Quintana, un uruguayo que baldosea por allá y se nacionalizó.

Para completar la información de esta Copa digamos que Vietnam dio la sorpresa con su victoria por 2-0 ante los Emiratos Árabes Unidos en el mismo grupo que Japón y Qatar. En el grupo A están Australia (que ya no saben donde carajo meterla), Omán, Tailandia e Iraq. En el grupo C juegan Malasia, China, Irán y Uzbekistán mientras que en el grupo D están Corea del Sur, Indonesia, Bahrein y Arabia Saudita. Una copa de aquellas, pero nadie la televisa. Toda la info se puede encontrar acá.

Ahora bien, volviendo al intérprete oriental, si Caruso Lombardi fuera el DT de Japón, ¿el amigo Chida, rompería en llanto también o viviría cagándose de risa?


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¡Pintate un mechón, Chino!

xcos- 170

A Venezuela le ganamos por cuatro goles…”, le dijo Fabián Estoyanoff a Alvaro Recoba, el sábado por la mañana durante el desayuno en el Lidotel.

“Si le ganamos uno a cero y pasamos, te prometo que me pinto el pelo como vos, de amarillo…”, le respondió el “Chino”.

“Hecho, yo mismo te lo pinto…”, le contestó el “Lolo”.

[Fuente: Tenfield]


“Eh, XX es de primera”

Pep 179

Muchas veces se habla de qué equipos merecen estar en primera, y así se dice que YY merece estar en primera por historia, que ZZ por gente, o que VV por nivel institucional.

Sin dejar de partir de la base que todo equipo que esté actualmente en primera hizo en algún momento los méritos para ello, igualmente se puede hacer una especie de campeonato moral (?) de primera división, que estaría formado por los siguientes equipos:

Los 14 campeones sí o sí:

  • River Plate
  • Boca Juniors
  • Independiente
  • San Lorenzo de Almagro
  • Racing Club
  • Velez Sarsfield
  • Newell´s Old Boys
  • Rosario Central
  • Estudiantes de La Plata
  • Argentinos Juniors
  • Ferro Carril Oeste
  • Huracán
  • Chacarita Juniors
  • Quilmes
  • Los otros 6, obviamente elegidos con cierta dosis (?) de arbitrariedad, y tomando en cuenta tradición, historia, equipos importantes, peso específico (?), etc:

  • Gimnasia y Esgrima La Plata
  • Platense
  • Lanús
  • Banfield
  • Atlanta
  • Uno de estos 3, para completar los 20:

  • Colón de Santa Fe
  • Unión de Santa Fe
  • Talleres de Córdoba
  • Obviamente, muchos pensarán que otros tienen los méritos, o discutirán la inclusión de alguno de los equipos que puse, e incluso la utilidad de esta clasificación, pero bue, es feriado, hace frío y esto es lo que salió (?)

    Lo que sí debe quedar claro es que para mí cuando se dice “tal equipo merece estar en primera”, el merecimiento viene dado más por una cuestión histórica que por la cantidad de gente que lleve.


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    El aguante es mercancía

    Ernesto 196

    Muchos de ustedes conocerán seguramente a Pablo Alabarces. Para quienes no, se trata de un Licenciado en Letras de la UBA, con Master en Sociología y Doctorado en Filosofía. Actualmente es Profesor Titular del Seminario de Cultura Popular en Ciencias de la Comunicación en la UBA, labura en el Instituto Gino Germani y es investigador del CONICET. O sea, el tipo estudió (?).

    El área de su trabajo se centra sobre las culturas populares, entre la que se destaca su trabajo en las culturas futbolísticas. Publicó también algunos libros entre los que podemos rescatar: Cuestión de pelotas. Fútbol, deporte, sociedad, cultura (1996), Peligro de gol. Estudios sobre deporte y sociedad en América Latina (2000, compilador), El fútbol y las narrativas de la Nación en la Argentina (2002); Crónicas del aguante. Fútbol, violencia y política (2004), e Hinchadas (2005).

    ¿A que viene toda la intro sobre este intelectual del balompié? Recientemente, y a raíz de los hechos de violencia, y en relación a la movida que publicamos, pude leer una entrevista en la cual Alabarces sostiene una idea que resulta interesante: intervenir la AFA.

    Alabarces no sólo hace foco en Grondona sino también en Javier Castrilli (de quien fuera colaborador cuando éste tuvo un cargo en el Estado) y de Mario Gallina. Como la entrevista está muy buena, hago un pequeño extracto de las frases más salientes a mi criterio:

  • El fútbol es corrupto. Los partidos se compran y se venden.
  • Julio Grondona puede decidir ascensos, descensos, permanencias y campeonatos.
  • Se producen ciertas reacciones violentas por parte de los hinchas que podrían atribuirse a un intento brutal por restablecer la justicia deportiva que desapareció.
  • Está explicado más bien por la lógica del aguante, según la cual, producida una derrota deportiva, “se puede dar vuelta” en el plano del aguante. Esto es: ustedes nos ganaron, pero nosotros vamos a demostrar que tenemos más aguante que ustedes.
  • La cultura futbolística es una cultura organizada en torno de la corrupción y del aguante.
  • Se acaba de elegir jefe de Gobierno auna persona que fue la responsable de la barra de Boca Juniors durante 12 años. Y a nadie se le ocurrió decirlo en la campaña.

    Bueno, hasta acá todo un panegírico de denuncias y declamaciones que no son nuevas pero que vale la pena rescatar. Pero a diferencia de otros discursos de mero apocalípsis, Alabarces ve algunas soluciones. Por ejemplo:

  • Dar vuelta la interpretación del fenómeno. No pensarlo en términos policiales o de animales, salvajes, inadaptados o violentos. Sino, entenderlo en función de una cultura que le da legitimidad a la violencia.
  • Hay que reformar todos los estadios, pero no para que la gente esté sentada, sino para que haya más seguridad.
  • La Policía no sirve para nada. Hay que sacar a la Policía de la cancha mañana mismo. (Esto es acorde al pensamiento de Peluca).
  • Además hay que formar un equipo fuerte de trabajadores sociales, que hagan una política de intervención directamente en los clubes a discutir con las hinchadas. Esto no es negociar con los barras, como diría Gallina, sino hablar con los barras.

    Me resulta interesante como aborda el tema del conflicto Alabarces. Agregaría también que el papel de los medios es fundamental. En la semana el periodismo utiliza toda su maquinaria audiovisual de corte tipo bélico acompañada de una terminología con frases como: “¿y el domingo va a ser una guerra, no Pirulo?” o “¿si no ganan los matan a todos Fulano?. Vida o muerte, así planteada la cosa. El que recibe el mensaje, que vive, que vivimos, en una sociedad violenta, se hace y lo hacen partícipe del “show de la pasión”. Es parte del negocio.

    A su vez el periodismo no amortigua el acto irracional, no pone paños fríos o usa su capacidad de objetivación. Al contrario, lo provoca. Para el periodismo la violencia es un hecho comercializable. Como un gol de Riquelme o el campeonato de un equipo. Si no, es incomprensible que el tratamiento que se le dé al asunto sea como el que observamos en este post. Y sin ir más lejos, una nota que resume lo planteado por Alabarces y esta cuestión puede verse también en esta simpática (?) noticia donde lo grotesco cobra el más alto grado de exacerbación. Por no decir que nos toman de pelotudos.


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    Pingüinos colosales (?)

    pastor 284

    Esta noticia sacudio el mundo científico. El Pingüino gigante no solamente sorprendió por su tamaño sino por su habitat, como la misma nota nos dice:

    “El pingüino gigante es mayor que cualquier pingüino de la actualidad y el tercer mayor que se conozca en la historia, dijo. Es especialmente inusual que un pingüino tan grande haya vivido en un clima cálido, señaló la paleontóloga Julia Clarke, autora del artículo sobre las nuevas especies de pingüinos publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.”

    Fuentes no oficiales habrian sugerido que el dialogo que se da entre pingüino gigante y pingüinito (el mas chico) sería una explicación del porqué de la desaparición de los mismos y la migración de especímenes de menor tamaño hacia el sur…

    [Pingüinito: “Papi (?), tengo calor. ¿Cuando voy a sentir frío?”, Pingüino Gigante: “En cualquier momento, mirá a tu hermano si no (?)”]


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    Betocarranzeando *

    pastor 86

    * del latín “Betus Carranzus”, dicese de quien estira su carrera al punto de jugar en equipos bizarros. Sinónimo: FuriaHusainear.

    [Hola, soy Mati]

    El choreo de Matías Almeyda en Noruega duro poco y nada: firmo el 13 de Mayo con el Lyn y con 2 partidos jugados, ambos empezando de suplente rescindió su contrato el 26 de Junio. Parece que a Matías no le gusto jugar en el equipo reserva y teniendo la posibilidad de seguir choreando en Suecia con el Malmo o el Hammarmy, dos de los clubes interesados en él, se va a seguir tirando a la mierda su carrera.

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    [una pieza de colección]

    Por otra parte, el Turu Flores sigue sin debutar y no se si lo rajaron, pero la menos quedo para la posteridad la foto con la remera del equipo ciclista (?)

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    [Lance Armstrong me pidio la casaca]

    Fuente Dagbladet (?)