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Excepción

Pep 168

No estoy de acuerdo con el retiro del número de jugadores de fútbol. Puede ser que en deportes y ámbitos en los que ello sea tradicional sea algo positivo, en sí, no es bueno ni malo.

Son costumbres nada más, pero son ajenas a nosotros. Tampoco me gusta demasiado la idea de la numeración fija en las camisetas, salvo para torneos que exijan lista de buena fe, y sin embargo ello ya se ha aceptado, así que es no tiene demasiado sentido mi queja (tampoco es algo demasiado grave).

No obstante, creo que en algunos casos es más entendible que en otros. Confío en que, si se extiende la moda, habrá bastante criterio para decidir que casaca se debe retirar, sobre todo teniendo en cuenta la gran cantidad de excelentes jugadores que previamente han estado identificados con “X” número, y cuyo número no se retiró.

Sin perjuicio de todo ello, dentro de todo, en este caso estoy de acuerdo con el retiro del número identificado con el jugador del pueblo (?).

  • Se trata del máximo ídolo de la historia de su club.
  • De un símbolo cuyo nombre está ligado a la institución.
  • Del futbolista que estuvo en las más grandes conquistas de ese equipo.
  • Del jugador cuya trayectoria está indisolublemente asociada con una camiseta (en realidad con 2, pero sin dudas más que nada con la de ese equipo que quiere homenajearlo)
  • Vaya entonces (?) mi conformidad con este homenaje:


    Walter y su relato

    murdock 142

    Walter Nelson, a mi modesto parecer, es un periodista que en su principio me parecía que ejercía bien su profesión y hasta me caía simpático, al igual que su colega Fabbri. Con el paso del tiempo me di cuenta que es un viejo cascarrabias -al igual que el conductor de Estudio Fútbol- que linda con lo payasesco -hermano, ¡pelate y sacate los pocos pelos que te quedan!

    WN cuenta con un repertorio de latiguillos que repite partido tras partido y también con actitudes que son marca registrada en él y también en su compañero Alejandro Fabbri -ambos suelen opinar con la Constitución nacional en la mano, se creen los paladines políticamente correctos.

    Las frases de Walter:

  • “¡Qué sandanga, qué tole tole!”
  • “¿Lo digo o no lo digo, Fabbri? Ma’ sí, lo digo: ¡partido liquidado!”
  • “¡La tiene mi vecino!” -en alusión al Tano Gracián. Frase en desuso.
  • “Hay que remarcar, lo bien que se mueve Farías, una tarea que no suele verse a simple vista”. Esta es de antología. Lógicamente no son textuales las palabras del autor, pero el significado es el mismo.
  • “¡Uuhuuuuuuuuuuhuuuuh! ¡Sí, uuuuuuuh!”
  • “¡El viejo y querido guadañazo!”
  • “¡Todos la vieron adentro! ¿Y vos, Fabbri?”
  • En conclusión, quisiera añadir lo siguiente: el relator en cuestión forjó un estilo más o menos distante del de Marcelo Araujo, pero no así mejor -lo que no quiere decir que Araujo sea bueno.

    Cuando alcanzó la “notoriedad”, Walter se mostró más irritante que de costumbre y en consecuencia, muchos televidentes se vieron forzados a poner el volumen en “Mute” y optar por el relato radial y menos grandilocuente que el del hombre que se viste en Gastón (?).

    Si me arriesgara a darle una puntuación, de 1 a 5 estrellas, el puntaje que se vaya a llevar el cliente de “Hair Recovery” es el de 2 estrellas (o bien podrían llamarse, dos Zavatarellis -que no fue relator, pero usaba moño al tono (?)).

    Se agradecerán las opiniones de los lectores sobre este personaje ya histórico en el canal de Ávila y ademas, claro está, el recordar alguna frase que haya sido olvidada en este post.


    El hombre

    murdock 379

    Varios DTs han desfilado por el banco del Club Atlético Independiente. Hombres del riñón del club y ajenos a la rica historia del club de Avellaneda.
    Un dato que vale la pena no eludir: un técnico como Falcioni, con un equipo que no se relacionaba con el estilo de juego histórico del club, tuvo un relativo buen paso por la institución. Pero hubo un momento en que la gente del Rojo no soportó más el manejo del DT cínico, rozando lo soberbio, que ocasionó peleas con Pusineri -un ídolo del club, nada menos- y además, el juego poco vistoso del equipo -cuya mayor figura era Sergio Agüero- fueron los factores desencadenantes de la ida de Julio César de la institución diabla.

    Los técnicos de la casa no dejaron un buen recuerdo: ni Bertoni, ni Clausen y ni Burruchaga -con su fresca renuncia el domingo pasado- pudieron levantar a un equipo y a un club que viene de capa caída y que cada día se aleja más de sus épocas de gloria, tan cotidianas hace 10, 20 y 30 años.

    Sólo dos técnicos pudieron reanimar al Rojo: un ex arquero, Pepe Santoro y el otro, un viejo conocido para los argentinos -caudillo de la Selección en Italia ‘90-: Pedro Damián Monzón. Santoro, como se sabe, tomará las riendas de la dirección técnica del equipo hasta que la dirigencia encuentre un reemplazante para Burruchaga.

    En mi humilde opinión, creo que el que reune las condiciones para levantar a este demacrado Independiente es el ya mencionado Pedro Monzón. Monzón dirigió al Rojo en los últimos partidos del Apertura 2004 -campeón Ñuls-. Pudo levantar al equipo, mechando jugadores de Inferiores -uno de ellos el Kun- con los profesionales -entre ellos el Pocho Insúa-. Independiente fue el juez de ese torneo: bajó de la pelea al Estudiantes de Mostaza -memorable 2-2 en Avellaneda- y luego en la última fecha, contra todos los pronósticos, venció al Ñuls -que a pesar de la derrota, pudo campeonar- de Américo Rubén Gallego.

    Es cierto, el ex defensa del Seleccionado vendió un poco de humo cuando su dirección técnica: “Me muero por dirigir a Independiente”, “Quiero levantar a Independiente, porque es un grande de verdad”. ¿Por qué vendió humo? Porque extrañemente -sí, a mi no me quedó bien claro- el Moncho se fue a dirigir a México (aparentemente él esperaba que la dirigencia le ofrezca un contrato, pero como eso no ocurrió, terminó firmando con un club de la tierra azteca) y todas esas frases tan lindas las mandó al cofre de los malos recuerdos (?). Además, cabe destacar, que si hay alguien que amó al Rojo, ese alguien es Monzón. Dio todo por la camiseta del Diablo y además mostrando su amor por el club, se sentó en el banco -como mencioné anteriormente- en tiempos muy críticos para el club.

    ¿Por qué insisto con el hombre de la famosa patada a Jurgen Klinsmann para hacerse cargo de la dirección técnica de Independiente? Porque cuando asumió como DT del Rojo en tiempos de incendio, el hombre se vistió de bombero y supo apagar el fuego. Y no contaba con un equipo de estrellas, todo lo contrario, los únicos distintos de ese equipo eran el Pocho Insúa y el Kun Agüero -que todavía no era titular, sino que sumaba minutos para ganar experiencia-. Una realidad similar hay entre el 2004 y el 2007. Un hombre que verdaderamente conoce las inferiores del club de Avellaneda puede calmar las aguas de este club que sigue extrañando a Ricardo Bochini.


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    River duele

    invitado 193

    Es una década ya. En el año 1997 River culminó una etapa muy importante con el fútbol de su especie, con la exégesis de su propia tradición. Recuerdo bien esa semana, en siete días se le ganó a un gran San Pablo y el torneo local a Boca. Ahí terminó todo. Lo que vino después, lo que estamos viviendo es una larga década infame. El cabotaje no merece el recuerdo. Y no me interesan ahora los otros dos títulos de Ramón, ni el de Gallego, ni el de Pellegrini ni el de Astrada. River dejó de jugar bien diez años atrás. Y, Ramón, el único héroe en este lío, fue despedido.