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Resumen de los 100 años de fútbol olímpico

invitado 67

¿Cómo saber si un año es bisiesto? Sencillo: Juegos Olímpicos.

En 1896, el Barón Pierre de Coubertin realizaba su sueño de convocar a las naciones para celebrar una gran fiesta del deporte, donde el mundo se uniera en paz y armonía, generado por un clima de caballerosidad entre los competidores.

Además le rendía tributo a la cultura griega que tenían sus Juegos Olímpicos en el pasado, los cuales les fueron desterrados por ser considerados paganos.

Atenas fue la ciudad en organizar los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna y la continuidad de los mismos sólo fue interrumpida por las dos guerras mundiales.

EL FUTBOL EN LOS JUEGOS

Desde el año 1900, cuando los juegos se celebraron por primera vez fuera de Atenas y la sede fue la romántica capital de Francia, París, los torneos de fútbol han estado presentes, convirtiéndose así en el torneo de mayor antigüedad.

En los juegos de 1900, 1904, y los intermedios de 1906, los torneos tuvieron carácter de no oficiales y se presentaban como deportes de demostración. Sólo participaron clubes, colegios o combinados, pero ninguna selección nacional.

Para Londres 1908, la FIFA comenzaba a meterse en la organización y comenzaron a competir las selecciones. En el primer torneo oficial, del cual se cumplen 100 años, participaron los seleccionados de Gran Bretaña, Suecia, Dinamarca, Holanda y Francia, que concurrió con dos equipos. Dos selecciones del Imperio Austrohúngaro (Hungría y Bohemia) estaban inscriptas para participar, pero el gobierno austríaco no les concedió el permiso, ya que eran grandes rivales de Austria y tenían chances de quedarse con el oro.

Los dueños de casa se quedaron con la presera dorada, y repitieron el título en la siguiente competición. Los Juegos del año 1916 fueron interrumpidos por la Primera Guerra Mundial, pero en 1920 se retornó a la competencia. Los belgas, organizadores de los juegos, derrotaron en un partido irregular a Checoslovaquia (dos años antes era Bohemia y Moravia), con un árbitro que ya había cumplido los 72 años de edad.

La década del 20 culminó con los uruguayos, bi campeones olímpicos en 1924 y 1928, siendo el fútbol en los juegos considerados por la misma FIFA como el Mundial de Fútbol. Curiosamente, los charrúas no han vuelto a participar de un Torneo Olímpico desde su última medalla.

Interrumpido en 1932 por un problema de cartel entre la FIFA, la F.A. y el COI, y una discusión sobre los status de los jugadores, Berlín 1936 consagró a Italia como campeona olímpica, selección que había ganado la Copa Mundial de 1934 y ganaría la del 38.

Los juegos fueron interrumpidos nuevamente por la guerra y retornaron en 1948, cuando Londres se convirtió nuevamente en sede. Con un gran equipo, Suecia obtuvo su primera medalla dorada. Helsinki 1952 consagró al primer equipo que embelleció las miradas del público. “Los magiares mágicos”, el apodo de la selección de Hungría, comenzaba a circular en cada charla futbolera.

En Melbourne 1956 comenzaba el dominio de los seleccionados que estaban detrás de la cortina de hierro, y la Unión Soviética, que participaba de su primer torneo de relevancia, se convertía en campeona olímpica.

Los yugoslavos ganaron el oro en Roma 1960 tras ser subcampeones en 1948, 1952 y 1956 y los húngaros se quedaron con la máxima medalla en Tokio 1964 y México 1968.

Cuando estaban a punto de repetir el premio en Munich 1972, llegó la increíble selección polaca de Deyna, Lubanski y Gadocha, para darle paso a Alemania Democrática, que venció a los polacos en Montreal 1976, mientras que Checoslovaquia derrotó a los alemanes en Moscú 1980.

A partir de 1984 se abrieron las puertas de los jugadores profesionales para participar de los juegos. Excepto por europeos y sudamericanos, que podían utilizar profesionales que no hubieran participado de una Copa Mundial de la FIFA (en cualquier etapa, eliminatorias o fase final), el resto de los seleccionados no tenía tope de profesionales.

Se terminaba de esta manera con el dominio de Europa del Este, que tenía un amateurismo mentiroso, ya que sus jugadores cobraban dinero por el deporte, pero lo hacían como empleados del gobierno con cargos administrativos.

Francia ganó el oro en Los Angeles, y la Unión Soviética se quedó con el título en Seúl 1988, esta vez sin la ventaja deportiva.

Barcelona 1992 consagró a España, dándose el caso de que un seleccionado local se quedaba con el título, cosa que no pasaba desde 1920. En Barcelona, los jugadores permitidos eran profesionales que sí podían haber participado en Copas Mundiales, pero no tenían que ser mayores de 23 años.

Para los juegos de Atlanta 1996, donde Nigeria se consagró campeona sorprendiendo en la semifinal a Brasil y en la final a la Argentina, se permitieron los 3 refuerzos mayores de 23 años. Además en Atlanta, comenzaron los Torneos Olímpicos femeninos.

Otro africano obtuvo el oro en Sidney 2000, Camerún, y en Atenas 2004 Argentina, con una brillante campaña, se convirtió en el primer sudamericano en conseguir un oro, después de los títulos de Uruguay en el 24 y en el 28.

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Despreciados por muchos en la actualidad, sobre todo hinchas, el fútbol olímpico se ha convertido gran parte del sostén de los juegos, llegando a recaudar un tercio de los boletos vendidos en el total de la competición olímpica.

Además de mantenerse por 100 años, este torneo ha mostrado a presentado al mundo grandes jugadores como Yashin, Puskas, Deyna y Platini, entre otros y encontrado récords como los del danés Sophus Nielsen y el alemán Gottfried Fuchs, que convirtieron 10 goles en un partido (el danés lo hizo en 1908 y el alemán en 1912).

Para el torneo centenario de Beijing, que comenzará en agosto, hay varios candidatos a quedarse con el título, estando centradas las expectativas en Brasil y Argentina, los dos seleccionados que cuentan con mayor poderío en la categoría.

Asia y América del Norte aún están en deuda y también esperan que el torneo comience para obtener por primera vez sus preseas doradas, aunque deberán esforzarse más en esta edición.

[enviado por zeronickname]


Bianchi en retirada

Técnicos exitosos que se fueron mal

perplatado 151

1. Angel Labruna (1981)

Era el técnico que había sacado campeón a River después de 18 años. Luego había llegado a la final de la Copa Libertadores de 1976, igualando la mejor actuación del club hasta ese momento. Más tarde había sido tricampeón entre el Metro de 1979 y el de 1980. Cuando empezaba 1981 River prescindió de sus servicios, teniendo previamente todo arreglado con Alfredo Di Stéfano. Se decía que el presidente Rafael Aragón Cabrera estaba peleado con Labruna por el protagonismo que este último había adquirido, además de las rispideces de seis años de proceso.

2. Héctor Veira (1987)

Ganó el campeonato 1985/86. Más tarde ganó la Copa Libertadores y la Intercontinental en 1986, trofeos que River había esperado más de 20 años para poder obtener por primera vez. Al final de la temporada 1986/87 el presidente de River, Santilli, no le renovó el contrato. El presidente quería encarar un nuevo proyecto con un nombre de afuera pero prestigioso: Carlos Griguol. Timoteo ganó la Interamericana, torneo resabio de los ganados en el ciclo anterior, y duró sólo un año. River no volvió a ser campeón con Santilli de presidente.

3. Marcelo Bielsa (1992)

Había sido campeón dos veces con Newell’s en su primera experiencia como DT de primera. También había llegado a la final de la Copa Libertadores de 1992, que perdió por penales con el San Pablo, que mostraría ser uno de los mejores equipos del mundo en esos años. En 1992 anunció que no iba a renovar el contrato al final de la temporada, pero se marchó sin dar explicaciones días antes de las finales para clasificar a la copa Libertadores.

4. Ramón Díaz (2000)

Había sido muy cuestionado cuando reemplazó a Babington en 1995, pero después se había llenado de títulos. Ganó la Libertadores de 1996, la Supercopa de 1997 y fue tricampeón local. Después había aflojado y Boca había logrado ser dos veces campeón, pero en el Apertura 1999 volvió a ser campeón argentino. En el verano siguiente, dos días después de perder 2-1 un Amistoso ante un Boca que presentó juveniles y luego de mantener una relación tirante con los dirigentes durante varios años, renunció.

5. Carlos Bianchi (2001)

Fue campeón invicto con Boca. Luego bicampeón, campeón de América, campeón Intercontinental y otra vez campeón de América. En la última parte de 2001, cuando se le había desarmado el equipo ganador de la Copa de ese año en medio de conflictos entre jugadores y dirigentes, anunció que no iba a renovar el contrato que tenía vigente. La explicación fue que “se había terminado el ciclo”. Cuando Macri irrumpió en una conferencia de prensa pidiéndole explicaciones públicas se negó a darlas se fue de la sala dejando a Macri hablando solo.

6. Ramón Díaz (2002)

Luego de una experiencia poco feliz con Américo Gallego, que incluyó la obtención de un campeonato, a mediados de 2001 Ramón Díaz volvió triunfalmente a River. Fue subcampeón de Racing y campeón del Clausura 2002. Al final de la temporada 2001/2002 el presidente de River, Aguilar, no le renovó el contrato. El presidente quería encarar un nuevo proyecto con un nombre de afuera pero prestigioso: Manuel Pellegrini. El chileno ganó un Clausura, pero al final de su ciclo fue muy cuestionado y se tuvo que ir al año y medio de asumir.

7. Carlos Bianchi (2004)

Un año después de dejar plantado a Macri las diferencias entre él y Bianchi se hicieron a un lado y la imagen viviente del señor Burns volvió a ser DT de Boca. Volvió a ganar la Libertadores, la Intercontiental y el torneo local, eliminando las dudas que había generado su contrato de tres años en dólares. En 2004 perdió la final de la Libertadores, por penales con Once Caldas, y sin decir nada renunció de un día para el otro. Luego se convirtió en comentarista de la televisión mexicana.

8. Hugo Tocalli (2007)

Fue ayudante de la gestión de José Pekerman en los juveniles, que consiguió tres Mundiales sub-20. Luego se hizo cargo solo de la dirección técnica hasta la designación de Pekerman como DT de la selección mayor, con la que fueron cuartofinalistas del Mundial de Alemania. Luego de la renuncia del DT Tocalli volvió a los juveniles, y al año siguiente Tocalli consiguió ganar un Mundial sub-20 como responsable máximo del equipo. Pocos meses después la no renovación de los contratos de sus laderos lo obligó a renunciar, siendo reemplazado por Sergio Batista. Batista era DT de Godoy Cruz, y tenía una sugestiva cláusula en su contrato, que le permitía renunciar si lo llamaban de alguna Selección argentina.

9. Diego Simeone (2007)

Fue campeón con Estudiantes, algo que no sucedía desde 1983. No jugó la copa Libertadores por estupideces reglamentarias, pero peleó el Clausura hasta la penúltima fecha. Después se le desarmó el equipo y pidió refuerzos de mucha jerarquía para la Copa de 2008, al mismo tiempo que era candidato reemplazar a Passarella como DT de River. Al final del Apertura 2007 renunció sin dar explicaciones y a los pocos días firmó, efectivamente, con River.

Agradezco al amigo Pep por aportar datos e ideas.


The Fab Four

murdock 100

A nivel clubes, el fútbol europeo de los años ‘90 dejó varios equipos para el recuerdo: el Milan de Sacchi, el Barcelona de Johan Cruyff, el Ajax de Van Gaal y el Manchester United de Alex Ferguson.

Este post, recordará el mediocampo que ocupó gran parte de la década pasada en el equipo de Old Trafford. Ese que conformaban Roy Keane, David Beckham, Ryan Giggs y Paul Scholes.

Roy Keane (480 PJ; 51 GC)
Encarna el ejemplo más difundido del ciudadano irlandés: calentón y escabiador. ¡Ese es Roy! A más de uno le cayó simpática su venganza hacia el noruego Haaland, es que el muchacho no se anda con pequeñas y ese día quería cobrar una vieja deuda. Más allá del patadón que le propinó al escandinavo, lo mejor siguió después cuando, automáticamente, se levantó del suelo, se sacó el brazalete de capitán y sabiendo la consecuencia de su patadón, esperó de forma pasiva la sanción del árbitro (roja, obvio) y apenas vio un leve movimiento del brazo del referí, se retiró hacia afuera del campo de juego y le dio el brazalete a un compañero.

Esta anécdota introductoria sirve para adentrarse en el mundo roykeaniano pero, lo que verdaderamente importa, es el rendimiento que mostró en los Diablos Rojos por más de 10 años.

El irlandés se caracterizó, siempre, por ir a raspar con todo, sin importar cuan ilustre fuera el raspado. Pero, además de marcar y poner mucho oficio en eso, el hombre no era un negado con la pelota bajo la suela. Ojo, no era Redondo, pero tampoco era un Samuel que se pierde un gol increíble contra Paraguay o que cuando tiene la pelota no sabe que carajo hacer y le da de punta para arriba. Me refiero a que el hombre administraba bien la “caprichosa”, con criterio, con cautela, no era un tipo que se ponía nervioso y que era fácil quitarle la pelota. Y a eso hay que sumarle un interesantísimo despliegue.

Tener a Roy Keane en tu equipo te daba mucha tranquilidad. Por ahí todo se interrumpía cuando se le soltaba la cadena, como cuando se peleaba con Vieira (enemigo declarado, con el Arsenal era, más que nunca, un partido aparte a la altura del derby de la ciudad), pero el hombre que escribió su autobiografía hace unos años, nunca dejó pagando al equipo en el sentido de que se borraba y pedía el cambio. No. Todo lo contrario. Keane sentía que cada partido tenía que reivindicarse, que cada encuentro era una batalla en la que tenía que dejar en claro porque era el capitán del equipo, porque era titular en el equipo y porque la gente del Manchester lo quería tanto. Y así le fue. Se convirtió en uno de los grandes ídolos de la afición roja.

David Beckham (394 PJ; 85 GC)
Antes de sumergirse por completo en la moda y el capitalismo salvaje, David Beckham fue un jugador de fútbol. Si bien, siempre coqueteó con eso de mantenerse bien estéticamente, Beckham era conocido por su talento para pegarle a la pelota, por lo que hacía en la cancha, por como lo deliró Simeone en los octavos de Final de Francia ‘98 y por el golazo que le hizo a Colombia en los partidos de Grupo.

La mayor virtud de Beckham es su pegada. No es un gran velocista, no es un dribbleador nato y tampoco tiene quite (¿se habrá tirado a barrer alguna vez?). Pero le pega muy bien, en el Manchester era una garantía de gol en los tiros libres. Su talento en el disparo compensa sus falencias y además le brinda el recurso de mandarse un cambio de frente preciso que habilite a un compañero. Eso es lo mejor del heterosexual más famoso del planeta.

En el Manchester no se encargaba, explícitamente, del departamento creativo. Eso corría más por cuenta de Giggs y Scholes (de quiénes voy a hablar más abajo). Por eso creo que la mejor posición para DB es la de volantear por los costados. Y eso que, para mí, no es ni wing, ni siquiera un “8″ clásico como podría ser JJ López, Monserrat o Zinho, aquél brasilero que iba y venía en el Scratch de Parreira versión ‘94.

En mi opinión (y creo que van a coincidir todos los lectores) es el menos popular de este gran mediocampo. Lo que no quiere decir que desentonaba. Recordemos que Beckham fue al Mundial de Francia por su rendimiento en la Liga y en las competencias que jugaba el Manchester Utd. y no porque era alguien mediático y que ni bien se compraba un calzón Eyelit era noticia por eso. Hasta el 2000, meses más, meses menos, Beckham, estrictamente fue un jugador de fútbol. Después se convirtió en un engranaje horroroso del sistema.

Ryan Giggs (737 PJ; 143 GC)
Mi jugador favorito de este tándem, junto con el irlandés. Aunque ya
he hablado sobre el Mago Galés, bien vale recordarles a los lectores el talento del volante/wing del Manchester Utd.

Ryan Giggs es un histórico del club, el galés es el segundo jugador con más partidos detrás de, nada menos, Sir Bobby Charlton.

En el pack de volantes que es culpable de este post, Giggs se acopló de forma perfecta y, sobre todo, con Scholes. Juntos se encargaban de elaborar las jugadas de riesgo o de asistir a Andy Cole, a Cantoná o, mucho después, a Van Nilsterooy.

Ryan se caracteriza por tener mucha velocidad y por dribblear a la carrera, lo que lo hace prácticamente imparable para el rival. Además de eso, se le agrega una muy buena precisión en los disparos (en el sector izquierdo, el encargado de los tiros libres es él) y, además, en las asistencias. De los 4, Giggs es el jugador de más talento. Si bien, la posición en la que siempre juega en el Manchester le sienta muy cómodo creo, que como enganche se podría desempeñar tranquilamente.

Jugador esencial para Ferguson, fue invalorable su aporte en la Champions League que el equipo obtuvo en la temporada 98/99.
Nadie duda de que si Giggs hubiera nacido en Francia, Inglaterra o en, Irlanda si querés, un Mundial (al menos) hubiera jugado. Jugar un Mundial, el sueño del Diego y de todo jugador, fue lo único que te faltó, Ryan, para tu magnífica carrera.

Paul Scholes (548 PJ; 138 GC)
Y llegamos al Colorado. El enlace del equipo. Cuando uno nombra enlaces europeos uno dice Zidane, dice Baggio, dice Totti, dice Zola, dice Ballack, etc. Scholes es un enganche clásico, pero no tiene mucha relación con los jugadores mencionados.

Paul no es ese que te saca a 3 de encima como postes y te deja solo con el arquero. Es vertical, es cierto, y en velocidad te puede eludir con facilidad pero creo que su mayor virtud radica en como lee el juego. Andy Cole se cansó de meter goles gracias a las asistencias del “Colorado”. Es que el “Colo” tiene una lectura medio bochinesca (dije “medio”, así los aduladores del Bocha no se ofenden) del juego. Es muy rápido de cabeza, Argentina lo vio en los cuartos del mundial del ‘98. El tipo mete pases milimétricos, por lo tanto combina una interesante velocidad de pies con una gran velocidad mental (ésta es vital para jugar al fútbol, coinciden muchos).

Al igual que Beckham, al igual que Giggs, Scholes le pega muy bien a la pelota. En tiempos en que DB vestía la roja, el “Colo” no tenía muchas chances de encargarse de los tiros libres. Con la ida Beckham al Real Madrid, Scholes se hizo casi (sí, casi, porque después vino Cristiano Ronaldo) dueño del costado derecho para patear los tiros libres.

Un jugador cerebral, con gran panorama, no habilidoso, no pisador, sino que es de los que juegan a un toque, de los que hacen rodar la pelota y que cuando menos te lo esperás, te manda la estocada.


Dream Team made in ’90s

murdock 371

En tiempos en que la actividad futbolística va a ir desapareciendo debido a que se vienen las vacaciones, los medios relacionados al deporte más hermoso del mundo intentarán robar (?) espacio con noticias en el mercado de pases, con algún escandalete y demás. LR! además de esas canalladas (?) también proporcionará la nostalgia por sucesos acontecidos hace tiempo relacionado con jugadores o equipos, etc. En este caso, este servidor traerá a los lectores un dream team noventoso, un equipo conformado por los jugadores que más me gustaron en la década del ‘90 y que se desempeñaron en nuestro fútbol argentino (independientemente de su nacionalidad). No caben dudas de que es un post 100% subjetivo, por lo tanto, es proclive a crear controversia.

Chilavert;
Hernan Díaz, Gamboa, Ruggeri, Sorín;
Monserrat, Galetto, S. Berti;
Silas;
Ortega, Francescoli.

D.T: Ramón Díaz
Suplentes: Córdoba, Samuel, Cagna,
Bassedas, Riquelme, Turu Flores y Rambert.

El equipo titular cuenta con 3 jugadores extranjeros, provenientes de países limítrofes como Paraguay, Brasil y Uruguay. Tanto Chilavert, como Silas y Francescoli fueron piezas claves en sus respectivos equipos. Chilavert fue EL arquero (guste o no) de la década pasada, ganó todo con Vélez, jugó un Mundial (Francia ‘98) con su Selección y además tuvo partidos memorables, como ante River cuando metió el gol de mitad de cancha, o frente a Boca en su duelo personal con el Simio pétreo.

Con respecto al brasileño, un jugador con mucha clase y con una pegada fantástica. Fue uno de los artífices del equipo del Bambino que terminó con los 21 años sin festejos. Siiiiilas fue un jugador que siempre me gustó y, además, el Atleta de Cristo es una figura clave de los ’90s. Voy a transmitir tres postales relacionados al brasilero: el gol olímpico a Boca (tiene que haber video de esto), la inmortal frase “gol de Diver” y su festejo, en el que señalaba con los dos brazos al cielo. Festejo que hoy es emulado por otro compatriota de él, Ricardo Kaká.

El Enzo bien podría ser ídolo ochentoso, pero en los ’90s siguió desplegando su futbol de galera y bastón. Fue figura en el River de Gallego y en el de Ramón.

En los suplentes, hay un jugador foráneo más: Oscar Córdoba, proveniente de la tierra del café. Aquí tuve mis dudas, ya que en un principio pensé en Bonano antes que el colombiano. Pero finalmente (previa charla con colegas del blog) terminé optando por el “1″ de Boca.

Quizás la controversia surja porque el Topo Gigio figura en el banco, si bien Riquelme debutó en el ‘97 en Boca y ya al otro año fue titular indiscutido, al cerrarse el siglo XX fue pertinente ponerlo a JR de suplente. Riquelme, pienso, está más relacionado a esta década, donde jugó hasta el año 2002 en Boca y luego volvió en 2007 y ahora, para encarar el próximo año con todo.

Otra tema que merece la pena aclarar es el de Sebastián Pascual Rambert. Pascualito bien podría haber sido el titular en este equipo, pero el hombre después de irse de Independiente nunca volvió a ser el mismo. En River, en los primeros partidos, mostró un rendimiento propio de su paso por el Rojo, pero luego, como diría Larry Burns, se desarmó como motoneta china. Una pena. Pero lo que hizo en el Rojo me parece que es suficiente para ponerlo entre los mejores.

La elección del director técnico se basó en los gustos futbolísticos de uno. Es indudable que Bianchi tiene todos los avales para ocupar el cargo, como así también Marcelo Bielsa, pero considero que el equipo que brindó un futbol vistoso y ofensivo, en comparación con el Huracán de Menotti, fue el River de Ramón.

El plantel cuenta con 3 jugadores de Vélez, uno de Ñuls, 3 de Boca (a Cagna lo cuento como de Indep’te), 6 de River (aunque Monserrat podría ser considerado de CASLA), 3 de San Lorenzo y 2 de Independiente.



El hombre que pudo ser el mejor

invitado 173

[post anterior medio pelo sobre el Trinche… no cambiamos la historia, simplemente la mejoramos (?)]

Ídolo de todo Rosario -tal vez por no pertenecer ni a Newell’s ni a Central-, el “Trinche” Carlovich fue tan trascendente en Central Córdoba que llamó la atención desde Menotti en 1978 hasta el Inter de Milán. Para algunos fue mejor que Maradona. Pero él estaba más allá de todo eso: “no tuve más ambiciones que jugar a la pelota”.

No sale mucho a la calle, pero cuando lo hace, no pasa inadvertido. Es lógico: los centímetros de diferencia entre una pierna y otra que lo obligan a caminar con dificultades, casi a los saltitos, lo vuelven distinto entre tantos iguales. Distinto, como antes, cuando su cadera no había sufrido tantos costurones y podía marcar la diferencia quebrándola a gusto en cualquier cancha del ascenso. Ya no tiene aquel pelo negro en cascada ni los bigotes bañándole los labios, pero alguien lo reconoce entre el olvido de alguna calle de Rosario y le grita: “¡Trinche!”.

Es Tomás Carlovich, el “Trinche” (o “el Gitano”, depende quién lo diga y en donde), un hombre de mil anécdotas y una sola duda, tan gigante como la leyenda misma que forjó en épocas donde la televisión no había llegado a la B y las historias se certificaban a viva vista: ¿pudo haber sido el mejor futbolista argentino de todos los tiempos? Los rosarinos ni lo dudan, aún habiendo tenido a Maradona jugando en la ciudad con Newell’s. Para José Pekerman, “fue el futbolista más maravilloso que vi en mi vida”.

La fría estadística (un gol cada 10 partidos) no dice demasiado acerca de ese volante central, pero aquellos que lo vieron, dan fe de las condiciones de ese tipo que jugaba y hacía jugar. Que era capaz de sacarle música a la pelota pisándola un poco por acá y otro tanto por allá hasta llegar al éxtasis con su especialidad: el caño de ida y vuelta, tan característico de él que llegaron a pagarle premios por cada uno. Era un doble castigo para los marcadores que volvían a la escena del delito buscando venganza por el primer túnel. No era rápido con su cuerpo, aunque sí con la mente: “lo que tiene que correr es la pelota”, decía, y lo demostraba con milimétricos cambios de frente que reacomodaban el curso y la dinámica del partido a las coordenadas de su propio juego.

Se reconoce como “Trinche” desde que un vecino del barrio Belgrano así lo dispuso por 1953, cuando tenía cuatro años. Nunca supo el motivo de tal apodo, pero bien podrían haberle dicho “lobizón”: es el séptimo hijo varón de un plomero yugoslavo que se estableció en Rosario por la década del ’30.

Sus inicios en el fútbol corresponden a esos tiempos, cuando participó en torneos por el interior de la provincia con hermanos y amigos. Eran centenares de equipos aficionados, algunos, reforzados con jugadores de Colón o de Unión. Alguien reconoció sus destrezas y se lo llevó para Rosario Central. Estaba feliz, pero sentía mucho miedo: iba a jugar en el equipo que le simpatizaba con solo 16 años.

Era retraído, tímido, introvertido. Prefería cambiarse en la soledad de la utilería antes que en el vestuario. No se adaptaba, así que lo cedieron a préstamo a Sporting de Bigand, donde salió campeón de la Liga Deportiva del Sur. Reconfirmadas sus virtudes, regresó a Rosario Central y tuvo su oportunidad en primera. Jugó dos partidos, un amistoso y uno oficial. El técnico era Miguel Ingomiriello, recordado por haber modernizado el trabajo de juveniles en el fútbol argentino. Pero con el “Trinche” no hubo caso. Que el técnico le prometió ser titular y no le cumplió, que fue convocado a un clásico contra Newell’s y se escapó, que el club le debía plata, que lo dejaron libre o que no se podía integrar al grupo… rumores de todo tipo que aceleraron un desenlace previsible.

No quiso que su fin en Central lo sea también en el deporte, así que bajó dos categorías y fue a parar a Flandria por gestión de un cuñado, en 1971. Durante los seis meses que duró la experiencia en el equipo de Luján, jamás pudo sacarse el gusto amargo de su fino paladar y quiso largar todo. Sentía que la felicidad y el fútbol rentado circulaban por andariveles irreconciliables, hasta que un amigo le habló de una posibilidad en Central Córdoba de Rosario. Se dejó convencer y pegó la vuelta. Era la oportunidad de reescribir su nombre y sentirse profeta en su tierra.

Así pareció entenderlo el mismo día de su debut, ante Sarmiento de Junín, cuando condujo al Córdoba hacia el triunfo con toques, lujos y dos goles de propia factura. Fue amor a primera vista entre el “Charrúa”, su gente y el “Trinche”. Una relación que en la cancha duró –interrumpidamente- hasta 1986, pero que fuera de ella permanece vigente en el reconocimiento del hincha por su ídolo, y en la esperanza del ex jugador por trabajar alguna vez en el club.

Las habilidades de Carlovich comenzaron a transformarse en un murmullo más allá de las categorías menores cuando en 1973 ascendió a la B con Central Córdoba, categoría en la que se plantó de manos ante equipos necesitados de Primera alcanzando un tercer puesto al año siguiente.

Pero los sombreros y las gambetas interminables (no por excesivas sino por intratables) no eran novedad en su ciudad, por lo que a nadie sorprendió que el Trinche fuese llamado a integrar el combinado rosarino que el miércoles 17 de abril de 1974 en cancha de Newell’s enfrentaría a la Selección, en el fin de su gira nacional previa al Mundial de Alemania.

Dirigido por Vladislao Cap, el equipo argentino venía bañado de críticas por la estrechez con la que había ganado sus anteriores compromisos con equipos de interior y Carlovich (el único convocado de Rosario que no pertenecía ni a Newell’s ni a Central) fue el protagonista de la estocada final: manejó el juego del equipo y hasta le convidó un irresistible pase gol al Mono Alfredo Obberti para una noche histórica donde la Asociación Rosarino cacheteó al seleccionado nacional por 3-1. Los jugadores de selección (entre ellos, Quique Wolf, Tarantini, Brindisi, Telch y Bertoni) los insultaban presos de su impotencia mientras hinchas leprosos y canallas, tal vez por única vez en la historia, se fundían en un único abrazo de felicidad y alegría.

Los medios hablaban de la gran actuación que había tenido el goleador de Rosario Central Mario Kempes -que terminó yendo al Mundial- y del ultimátum de los dirigentes al “Polaco” Cap (“jueguen bien y ganen, o los echamos a todos”, ordenó el por entonces Presidente de la AFA Fernando Mitjans). Tal vez el mayor reconocimiento público que tuvo el Trinche por ese partido, fue un parrafito en El Gráfico de ese mes titulado “Un tal Carlovich”, que recogía un testimonio de Carlos Timoteo Griguol (entrenador del combinado rosarino junto al DT de Newell’s Juan Carlos Montes): “es un fenómeno de jugador, pero no le gusta el sacrificio, por eso no triunfó. Jugaba conmigo en Central y prefería irse de caza o de pesca. ¡Qué lástima!”.

Su pasión por la pesca era insalvable. Para algunos, lo suficiente como para contar que César Luis Menotti (maravillado con el “Trinche”, como buen rosarino) lo convocó en 1977 para la preselección del interior y el crack de Central Córdoba prefirió irse a tirar la caña por la costanera porteña.

La informalidad y el desinterés por la rutina deportiva teñían de colores las páginas más pintorescas de su leyenda, pero también
conspiraban contra las promesas que su juego generaba. Así, por ejemplo, se hizo expulsar jugando para Independiente Rivadavia (uno de los dos equipos mendocinos por los que pasó, junto a Deportivo Maipú) porque sino perdía un micro que lo llevaba a Rosario para pasar el fin de semana.

Volvió a tener su oportunidad en Primera con Colón de Santa Fé, donde lo peor que le pudo pasar fue tener a un técnico de carácter como lo era el Vasco Juan Urriolabeitía. Jugó tres partidos, y de todos ellos se retiró lesionado. No le creyeron y se despidió por siempre y para siempre de la A.

Se dijo que lo buscaban de Francia, del Santos de Pelé y del Inter de Milán, pero su felicidad estaba en otro lado, por Virasoro y Juan Manuel de Rosas, en el barrio Tablada. El Estadio Gabino Sosa era su patria chica, allí donde sus destrezas eran celebradas sin más presiones que las de siempre: tirar algún caño de ida y vuelta de los de siempre, sacarle a la pelota un sombrero como buen caballero de la redonda que era, gambetear como ninguno por esos días y en esos lares, y seguirle exprimiendo cada día otro tantito más de magia a esos gajos maltrechos del fútbol de ascenso.

Tal vez porque una historia como la suya no admitía aquel broche romántico de 1982 (cuando se había retirado dejando a Central Córdoba nuevamente en la B tras golear a Almagro por 4-0 en la final), volvió en 1986 a los 37 años de edad. El fútbol era su vida y, como tal, no podía concebirla sin el caprichoso discurrir de la redonda. Pero todo tiene su fin, y el de su carrera llegó en ese mismo año que consagró a Diego Maradona como el mejor jugador de todos los tiempos.

En 2002 la Municipalidad de Rosario lo nombró Deportista Ilustre, lo que le permitió cobrar los únicos $150 que aportó mensualmente en la casa que comparte junto a su esposa y sus dos hijos, hasta que comenzó a colocar pisos con uno de sus hermanos. Sus tribulaciones venían de antes, cuando comenzaron a aquejarle unos fuertes dolores que resultaron ser el producto de una osteoporosis de cadera. Sintió que todo había perdido sentido: “estaba entregado, no quería hacer nada con mi vida. Por vergüenza, ya ni iba a ver a Central Córdoba, no podía moverme y no tenía para operarme”.

Amigos y allegados se movilizaron (entre ellos, el doctor y ex arquero charrrúa Eduardo Quinto Pagés) y, con la colaboración del intendente rosarino Miguel Lifschitz, el Trinche pudo ponerse una prótesis en la parte derecha de su cadera en octubre de 2005.
Meses después, generaciones y generaciones de futbolistas rosarinos le rindieron tributo en el Gabino Sosa, casa de Central Córdoba y del Trinche. Cuatro mil personas vieron jugar, entre otros, a los hermanos Mario y Daniel Killer, Fabián Basualdo, Sergio Almirón, Julio Zamora y Damián Manso, contra viejos y nuevos jugadores del Córdoba. La pasó bien y le donaron la recaudación para que pueda operarse la cadera izquierda.

Los dirigentes del club lo invitaron al año siguiente al festejo por el centenario charrúa, y le prometieron algún trabajo que jamás cumplieron.

Hoy, su contacto con el fútbol es a través de la dirección técnica de un equipo de veteranos que juega por los pueblos santafecinos. Podría haber estado más allá de las contingencias económicas si hubiese podido llegar más alto en el fútbol. “Llegar. ¿Qué es llegar? –reflexiona- la verdad es que yo no tuve otra ambición más que la de jugar a la pelota. Y, sobre todo, de no alejarme mucho de mi barrio”. Ambición que, pese a una cadera que se le niega, no ha perdido: “si me dieran 90 minutos en una cancha llena, juego y te juro que muero contento. En el fútbol de hoy, juego con los ojos cerrados” asegura y se relame párpados adentro el hombre que pudo haber sido el mejor.

[publicado originalmente en Pastillas de Colores]


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Jugador de toda la cancha

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El comunista del gol (?)

Apurado por esas preguntas incisivas del tipo “y vos de qué cuadro sos pibe” en una el Che tiró que era de Central, y que su ídolo era el Chueco García, ese que después pasó a Racing. Pero a Central no lo fue a ver nunca y el deporte que más le gustaba era el rugby, era hincha del SIC.

En La Habana, en el Museo de la Revolución hasta hace poco se podía ver a la camiseta de Central y un cartelito ad hoc que marcaba que era ésa la casaca del club de la cual era hincha. Poco tiempo después un grupete rosarino fana de Newell´s se mandó para el Museo y puso una de NOB aduciendo que el Che era leproso, dejando la camiseta de Newell´s. Cuestión que ahora si uno va al museo no están ninguna de las dos camisetas porque los cubanos, que si ya no comprenden bien lo que es una pelota de fútbol menos van a conocer de nuestras criollísimas infrahistorias del tablón, sacaron las camisetas a la mierda porque cada vez que un rosarino pisaba el museo rompía las pelotas diciendo que no debían estar las dos camisetas ya que para los de Central era de Central y para los de Newell´s de Newell`s. Aunque el Che era, acorde a su asma, un sin aliento (?).

Moraleja: Hay que ser comegato, eh (?).

Esto es simplemente para recordar a Ernesto Guevara a 40 años de su muerte. Miles y miles de banderas en todas las canchas del mundo no pueden estar equivocadas (?).


Clasicos y derbies -4ª entrega-

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A pedido del público (?) volvemos con otra entrega, esta vez de alto riesgo (?):

Peñarol-Nacional (o al revés para que no se ofendan)

“El clásico más viejo del mundo, fuera de las islas británicas”, es el uruguayo, siempre y cuando se tome a Peñarol con su antiguo nombre, “Central Uruguay Railway Cricket Club” (C.U.R.C.C). Entonces, para explicar esta histórica rivalidad arranquemos con un poco de historia:


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Clásicos y Derbies -2ª entrega-

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Continuamos con esta serie de posts, iniciada aquí, relativa a ciertos clásicos del fútbol mundial y su historia no tan conocida.

Hoy es el turno de: CELTIC – RANGERS

“-Vení, dame un besito, no me importa nada!! - Nene… vo quere mori en eshte instante???”

Probablemente este sea uno de los clásicos más legítimos e intensos del mundo, inclusive es lo único interesante del fútbol escocés (desde el 85’ se reparten los títulos entre ellos), salvo cuando el Betito Carranza fue a baldosear a no se que club de por ahí.

Escocia es un país marcado por una amplia gama de circunstancias y hechos de los más variados, y en el derby de Glasgow se pueden encontrar estas diferencias. Me contaron hace mucho -y cuento esta versión porque me gusta más que las otras que investigué (?)- que el Celtic fue fundado por un Hermano Marista (Walfrid Kerins), que al ver como sus alumnos sufrían la negativa de los directivos “Blues” de formar parte del equipo por la razón de ser de colonias irlandesas, y por ende católicos, decidió fundar el Celtic, con claras simbologías del país de Bono y la religión de Benedicto XVI (nombre, colores, estandartes, etc).

Se enfrentaron por primera vez en 1888, con un contundente triunfo de los “Bhoys” verdiblancos por 5 a 2.

Con el correr de los años, y el aumento de la popularidad para uno y otro club, no tardarían en llegar los hechos de violencia, que siempre se mezclaban con política y religión, aunque hay uno de estos actos que marcan a estos escoceses como los más enfermos de todos.

Corría el año 1909 y se disputaba la final de Copa, que terminó igualada, por lo que se jugó un encuentro desempate en Hampdem Park, que llegando al final del partido también estaba en tablas (?), por lo que comenzó a correrse el rumor de que el partido estaba arreglado para así hacer más guita con un tercer match desempate, enterados de este rumor tanto los “Bhoys” como los “Gers” no tuvieron mejor idea que unirse en la bronca y destrozar el estadio y atacar a la policía al punto tal que se declaro desierta la copa.

A partir de esta fecha pasó a llamarse al derby como “The Old Firm” (la vieja empresa), ya que todos estaban de acuerdo en que era tanto el odio que se profesaban, que terminaba siendo redituable para ambos a nivel económico.

En 1921 la independencia de Irlanda agudizo aun más el odio mutuo, que fue pasando de canciones agresivas, a cantos independentistas alusivos al IRA, o hechos violentos como la avalancha de 1971 en donde murieron 66 personas, hasta llegar al día de hoy, en donde los 4 clásicos (en Escocia son 4 vueltas) se juegan al mediodía para que no se emborrachen, o caso contrario caigan con resaca del sábado (como me ocurriría a mi)

Si faltan muestras sobre estos enfermitos, recién en el año 1988, los Rangers deciden poner fín a la política discriminadora y contratan al jugador de origen irlandés Maurice Jonhston, quien no solo es el primer jugador sino también el primer empleado no presbiteriano. El pesetero en cuestión (?), sufre tal acoso de parte de los dos públicos que terminaría exiliándose viviendo en los Estados Unidos, llegando a ser DT de los MetroStars.

En logros, 88 títulos nacionales tiene el Celtic, más la Champions League del 67, contra 106 de los “Teddy bears” y una recopa europea.

Religión, muertes, “puto vo no tene aguante” (?), racismo odio, religión, profesionales respetados que se ensucian y humillan en grescas y palizas, etc etc etcétera… son componentes tradicionales del derby que probablemente sea el de mayor odio mutuo.


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Grandes equipos olvidados. Hoy: Porongos

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Haciendo un poco de historia entre los equipos de nuestra Patria Grande que no son del todo reconocidos ya que todas las luces se van hacia los clubes importantes del continente, hoy nos ocuparemos de hacerle un pequeño reconocimiento a un club que se lo merece. Se trata del Centro Recreativo Porongos Fútbol Club, fundado el 5 de Junio de 1910 en Trinidad, Flores, Uruguay.

Porongos tiene una jugosa y rica… historia. Su nombre se lo debe al Arroyo Porongos de la localidad de Flores. Allí juega en la Liga Capital de Flores donde tiene como clásico rival a Independiente, a quien, como era esperable, se lo empoma siempre. Se comenta que es tal la paternidad que el soez cántico “decime que siente jugar contra Porongos y que te coja siempre” no lo cantan por respeto.


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Signo de los tiempos

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En los ‘90 Boca no paraba de agrandar equipitos (no es peyorativo) año tras año. Ejemplos hay de sobra: goleadas en la Bombonera, resultados históricos, actuaciones consagratorias de jugadores (Piaggio, Hanuch, Diego Bustos…) y demás condimentos que hacían que cada 2 ó 3 domingos quiera romper algo a patadas.

En cambio, en los últimos años son los muchachos de la vereda de enfrente los que no paran de agrandar a cualquiera. El turno fue para los jujeños ayer, como los venezolanos del Caracas hace unas semanas y, quién te dice, los ecuatorianos de la Liga este jueves. La lista es más larga y no solo se circunscribe (?) a los últimos meses, el penar de River viene de largo tiempo.

La historia del fútbol demuestra una vez más que da vuelta una y otra vez y, por suerte, las cosas no siempre son iguales. Un último mensaje (?) para que los hinchas de River conserven la esperanza. El mismo año que Boca perdió con Platense (la imagen que ilustra el post), empezaba el ciclo de Carlos Bianchi. Así que quizás es necesario que venga una derrota (o un par) catastrófica para empezar de cero (?).