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El bien y el mal

invitado 158

Quisiera replantear algunas cosas de fondo. Me parece saludable, más hoy.

Hay un debate primario que es de continuo esquivado, y esto es sorprendente porque evitarlo conlleva a contradicciones flagrantes, a verdaderos mamarrachos irreflexivos: que si se juega bien o si hay que ganar como sea, esa es la cuestión. Así está planteada la cosa, basta escuchar algunas voces de hoy (“ir para adelante es jugar bien”, Gastón Recondo; “Sólo se puede jugar bien en ofensiva”, Horacio Pagani), por lo que me parece harto necesario bucear un poco más en el asunto.

En primer lugar es incomprensible que jugar bien sea un concepto antónimo al de ganar, como se nos comunica frecuentemente, por motivos sencillos. Se supone que el juega bien es el que hace mejor las cosas, el más apto, el más eficaz, el mejor. Ipso facto debería ganar. Sin embargo ahí está la afirmación recurrente, a veces explícita desde los protagonistas (cínicamente inducidos pero no por eso inocentes) e implícita desde todo el ambiente del fútbol: Es más importante ganar que jugar bien (típica pregunta del periodista: “¿en este partido es más importante ganar que jugar bien?“).

O sea, jugar bien y ganar son conceptos disociados, dos islas sin conexión ninguna, nada que ver una cosa con la otra, jugar bien es un plus posterior y no anterior al resultado. Habrá que preguntarse con qué misteriosas maneras se alcanza la victoria entonces, si no es jugando bien. No hay medios para, hay un fin y punto: ganar, como sea, como si fuera posible obtener el fin antes que los medios.


El enganche

murdock 90

Se ha convertido en un tema candente la “pronta desaparición” del enganche, no solo en el fútbol vernáculo sino también en el mundial.

Me llama mucho la atención como el periodismo deportivo se desespera cuando toca el tema, como diciendo que si desaparece el enganche (o enlace), el fútbol dejaría de ser menos entretenido.
Como uno ha visto, la historia dice que el fútbol ha sufrido muchísimas mutaciones, en lo que se refiere a tácticas, modo de juego, estructuras de campeonatos, etc, etc.

Cuando veo la sobrevaloración a Riquelme porque este es un enlace genuino, o a Gallardo; como diciendo “que estos tipos no se retiren nunca porque sino cagamos”, me pregunto: ¿De qué se hablaba antes cuando el enganche no existía? Por que si bien, esa posición en el sistema táctico es desempeñada por quien es el “distinto” o habilidoso (y que, casi siempre, lleva la 10 en la espalda), podemos decir que hace 20 años atrás jugadores como Zanabria, Poy, Alonso o Babington no eran enganches pero sin embargo, nadie dudaba (incluso los contrarios) que los mencionados jugadores eran una pieza fundamental en sus respectivos equipos y que tenían una habilidad que se diferenciaba del resto —como lo es el conductor de ahora—.

De acuerdo a la definición de la RAE, enganche significa: “Pieza o aparato dispuesto para enganchar.” Y, en verdad, en el campo de juego, el enganche (y por más que, comúnmente, se le asigne que, en los orígenes, su puesto pertenece al mediocampo) es aquél que se encuentra entre los delanteros y los volantes. El que trata de conectar a los de arriba, el que piensa la jugada de ataque, el estratega.
Pero, acaso, Alonso, J.J. Lopez, Brindisi, Bochini o el Bambino Veira; no eran los que, de acuerdo a sus habilidades, ¿tenían la posibilidad de “hacer la distinta”? ¿No eran los que tenían la tarea de habilitar a un compañero, metiéndole una asistencia para quede solo contra el arquero? ¿No eran los los que podían maniobrar una jugada en la que empiecen ellos y la concluyan ellos mismos? Ésto ultimo, al enganche actual casi que se le exige cuando las papas queman.

La oposición podrá decir “Sí, pero fijate que esos jugadores que nombraste, estaban posicionados en el mediocampo por la izquierda o por la derecha. No eran delanteros”. Sí, ¿y? ¿Quién en su sano juicio puede pensar que el Beto Alonso tenía la responsabilidad de defender cuando jugaba en el River de aquéllos años ‘70? O la misma pregunta para el Negro López. El que se encargaba de cuidarle las espaldas a estos dos (exquisitos y con mucha vocación de ataque) era, sin dudas, Reinaldo Mostaza Merlo. El departamento creativo de ese River pasaba por los pies de Norberto Osvaldo o de Juan José. Reinaldo Carlos era el perro de presa de la escuadra.
Lo mismo pasa con otros equipos. El tan recordado Huracán de Menotti, por ejemplo. Reverenciado por su fútbol vistoso y de ataque. Seguramente, los culpables de ese fútbol espectáculo fueron Miguel Angel Brindisi y Carlos Babington (y como olvidar al Loco Houseman, aunque éste fuera delantero). El que tenía que raspar, para que los otros “pulan” era Fatiga Russo.

Presentaré un ejemplo más como para que todo el choclazo que postié hasta esta línea sea una verdad a la que le faltan algunas luces (?) —¿no vieron a D’elia decir la frase “es una verdad a todas luces”?—: el Central de Griguol, campeón del Nacional del ‘73, tenía una línea de 3 volantes compuesta por Eduardo Solari, El Cai Aimar y Aldo Pedro Poy (quien, originalmente, era centrodelantero). El hermano del Indio era un inside derecho que se asociaba más con la garra y la fuerza que con el trato dúctil de la pelota. Aimar era un “5″ batallador (Fontanarrosa, definía a Aimar y Solari como “un mediocampo hostil y pinchudo como la corteza de un ananá”). El Aldo —como le dicen en Central— era aquél que, en los momentos chivos, cuidaba a la pelota como su objeto más preciado, dejando que el tiempo corra para que el equipo logre la ansiada victoria. Pero cuando ocurría la desesperación por conseguir el empate o el triunfo, quien tenía que tomar la lanza, principalmente, era él, el héroe de la palomita. El que tenía que crear peligro (quizás tenía como partenaire a Kempes), para que el conjunto auriazul consiga el dichoso gol. Como verán, en este ejemplo hay una excepción (como debe haber más) en la que el que estrictamente se tenía que encargar de la creación era un jugador (Poy) y no otro (sin contar a Kempes que era un 9/10). Pero en mucho otros equipos, las jugadas de gol casi siempre eran engendradas por el 10 o el 8 (como Veira y Rendo, en San Lorenzo, hace ¡40! años atrás).

Lo que quiero significar es que los cambios en el fútbol ocurren sin previo aviso. Suceden y basta. Así como antes era común jugar con 2 wines y un delantero centro (si bien hay algunos que lo siguen utilizando), hoy en día es más común el “clásico” 4-3-1-2 (se le agregó el “1″ para darle importancia al enlace; sino era 4-4-2).
Sinceramente, no me parece preocupante que el enlace desaparezca. Me parecería más terrible si hay DT’s que no le dan cabida a los jugadores habilidosos o que éstos últimos dejen de surgir en el fútbol mundial.
Adentrándonos ya en el fútbol argentino, se le da más importancia al conductor por ser éste el responsable de que el equipo cree opciones de gol. Pero no así se le da atención a que en la Selección faltan marcadores de punta izquierdo, por ejemplo. Hoy tenemos que improvisar con el Gringo Heinze, quien tiene menos vocación ofensiva que Heidi (?).

De este modo, me acercaría a la postura lavolpeana, que dice que si su equipo tiene a D’alessandro y a Aimar, pondría a los dos de titulares, armando un 4-2-2-2 (con Mandrake por izquierda y el Payaso por derecha). Se le podría llamar el “doble enganche” (si están muy enamorados de la palabra). No es necesario jugar con un conductor solo. Me parece algo inteligente que no se ata a ningún precepto.


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El Checho, un cruzado de la antiriqu*lmedependencia

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El 5-0 al trotecito ante Guatemala de la sub-23 reforzada no puede ser excusa para grandes euforias, pero sirvió para sacar algunas conclusiones provisorias. Para empezar, no queda clara la interna Grondona-Basile-Batista. Si el Chechazo fue orden de Don VitoJulio pasando por sobre Basile, si Coco anda sin energías (?) por el calor del verano y eligió esquivar elegantemente el compromiso… todas las teorías son válidas y a la vez ninguna cierra.

Con respecto al partido en sí, y más allá de que el rival era de papel (ahora más que nunca), me pareció interesante comprobar que hay vida más allá del dogma basilístico del 4-3-1-2.

El cambio al 3-4-1-2 made in Checho fue mínimo: se sacó un defensor y se sumó un volante central. Pero fue positivo, porque sirvió para manejar más y mejor la pelota, tenerla lejos del arco propio y… zafar de *siempre* tener que pasar por la aduana riquelmiana, que a veces trabaja a reglamento.

Esto se notó especialmente en este partido, donde jugaron casi todos bien salvo un hiperabúlico JRR (seamos buenos, Fazio y Sosa también estuvieron pintadísimos).

Al sacar un hombre del fondo (la línea de 3 quedó conformada por Demichelis, Zabaleta y Fazio) y sumar un volante central más, el esquema permitió que uno de esos dos mediocampistas (en este caso Banega) se desprendiera un poco más para ayudar en la creación, o al menos en el traslado de la pelota. Esto liberó al equipo del Checho del imperativo categórico (?) de pasársela *todos los tiros* a Riquelme, con el previsible resultado por todos conocido.

Este esquema incluso le puede venir bien al propio Riquelme, quien puede variar su posición con alguno de los volantes centrales y arrancar con más panorama, de frente al arco (para no tener que tocar para atrás el 75% de las pelotas) y menos marca.

Como conclusión, y más allá de rendimientos individuales que siempre serán discutibles, es saludable tener al menos una variante al inmutable 4-3-1-2 propuesto por Basile. Esperemos que este ínfimo golpecito de timón propuesto por Batista sea sólo el primero de muchos.


Cuestión de gustos

Pep 408

Si bien este post se desvirtuó completamente (ya ni me acuerdo como se llegó al tema Redondo), la discusión que se planteó da para mucho más, y no merece circunscribirse a un único puesto.

Más allá de las posturas que se puedan tener en lo que hace a corrientes o filosofías de juego en sí (lirismo, tacticismo, fútbol físico, etc.), también en las características de los jugadores que ocupan determinada posición en el terreno se ven las preferencias de cada uno. Obvio es que, como siempre, se dependerá de los jugadores con que se cuente y del tiempo de trabajo que se tenga para introducir modificaciones, como así también de los planteos que se utilicen.

También va de suyo, y eso no es incoherencia, que a veces el que uno estima como el mejor en X puesto, no pertenece al “estilo” que se prefiera.

No voy a ponerme a detallar cada una de las clasificaciones porque estimo que es innecesario, pero sí les pondré algunos nombres para ejemplificar, algunos históricos, otros actuales. No es necesario aclarar que hay muchísimos jugadores que tienen características de ambos “estilos”.

  • Arqueros: Salidores vs. Atajadores. (Gatti vs. Fillol)
  • Laterales: Marcadores vs. “Subidores” (Mac Allister vs. Fabián Basualdo)
  • Centrales: Rústicos vs. Técnicos - Buen Pie (Sergio Vázquez vs. Gamboa)
  • Volantes centrales: Raspadores vs. Jugadores (Giunta vs. Villareal)
  • Volantes por los costados: Ida y vuelta vs. Especialistas -ya sean ofensivos o defensivos- (Héctor Enrique vs. Mario Videla / Ricardo Giusti)
  • Números 10: Conductores vs. Mediapuntas (Riquelme vs. Aimar)
  • Delanteros por afuera: Asisitidores - centristas vs. Diagonalistas - goleadores (Piojo López vs. Jorge Comas)
  • Números 9: Goleadores vs. “Cuasi armadores” (Batistuta vs. Francescoli)
  • Comentario para los comentarios (?): La palabra “especialista” entra (no sé por qué) automáticamente a moderación, así que traten de obviarla o bien asteriquearla (?), poniendo p/ej.: especi*list*


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    Holanda 1974: la historia no exagera

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    Hace poco tuve la oportunidad de conseguir algunos partidos enteros (gracias eMule, sos todo) de Holanda en el Mundial 74, y la noticia (?) es que realmente están a la altura de su leyenda. Eso que se dice del fútbol total, del fuego naranja y demás no es verso.

    La denominación “naranja mecánica” no es de mi especial agrado porque parece remitir a una máquina, a jugadores robóticos, a la automatización de movimientos. Nada más alejado de la realidad era ese conjunto holandés, un prodigio de técnica, velocidad, potencia e inteligencia táctica sin paralelo en la historia reciente del fútbol mundial.

    Para los fanáticos del “orden”, hay que decir que eso era precisamente lo que no abundaba en ese equipo holandés. Era un bloque de camisetas naranjas que iba y venía constantemente, con muy pocas referencias posicionales fijas. El esquema inicial era 3-5-2 (Bilardo, no inventaste nada) o, hilando más fino, 3-3-2-2, pero ese dibujo duraba lo que tardaba la pelota en dar dos vueltas sobre sí misma. La formación ideal de ese equipo era Jongbloed; Suurbier, Rysbergen y Krol; Neeskens, Haan, Jansen, Van Hanegen y Cruyff; Rensenbrink y Rep.

    ¿Cuál era el secreto de ese equipo? Ninguno. Eran monstruos casi todos, jugadores consagrados, muchos de ellos campeones de todo con el Ajax de Rinus Michels a principios de esa década. Se conocían, jugaban de memoria. Además contaban con una preparación física de avanzada para la época, dato no menor. Los rivales jugaban a 45 RPM y ellos a 78, *siempre* (salvo quizás en la final contra Alemania). En buena medida, por ese motivo podían imponer su incontenible juego ofensivo nueve de cada diez veces.

    Además no sobraban nunca al rival, ni “regulaban”, ni “manejaban” los partidos. Iban los 90 minutos directo a la yugular, los caños eran para adelante, los toques para atrás eran para meter otros cuatro hacia el arco contrario en los 5 segundos siguientes. Con esto queda bastante claro que eso de que jugar para atrás y para los costados se considere fútbol es un invento de pocos años a esta parte.

    Por otro lado, cuando no tenían la pelota -casi nunca- no se relajaban y hacían una cantidad de foules tácticos altísima, incluso ante rivales que no les llegaban ni a los tobillos (nuevamente, la mejor prueba de que no sobraban a nadie). El pressing era asfixiante y sostenido, pero no era un fin en sí mismo. No eran un equipo de “presionadores” ni de autitos chocadores que recuperaban la pelota para después tirarla afuera o devolvérsela al rival. Eran una marea de cuatro o cinco jugadores moviéndose en bloque, que apenas se hacían de la pelota salían disparados verticalmente hacia el arco rival, sin más fintas o rodeos que los imprescindibles.

    De abajo para arriba, la primera innovación de este equipo holandés era que no tenía dos centrales sino uno, Rysbergen. Los que bajaban a ocupar el lugar de segundo central cuando el rival atacaba (repito, si eso sucedía diez veces en noventa minutos era mucho) eran los volantes más defensivos, Jansen o Haan. Krol en Argentina ‘78 jugó como zaguero, pero en el 74 lo hizo por izquierda. Por el otro lado lo hacía Suurbier, quizás el menos dotado técnicamente de los jugadores de campo pero con una potencia demolera, capaz de hacer rebotar a los rivales que osaban marcarlo cuando pasaba al ataque lanzado en velocidad.

    Intentar fijarle posiciones en el mediocampo al equipo de Michels es una misión imposible, más allá de que los mencionados Jansen y Haan tenían la soga un poco más corta para irse al ataque. Lo de Cruyff y Neeskens era bestial. El primero hacía de organizador todoterreno y “facilitador” del fútbol total: hacía jugar hasta a un fiambre, siempre con la cabeza levantada y tres opciones de pase. El segundo era un velocista imparable y poseía una técnica (precisión en velocidad, el gran secreto de toda esta historia) que helaba la sangre. Van Hanegen, el otro “creativo” junto con Cruyff, en otro equipo hubiera sido capitán, figura, aplauso, medalla y beso. Rodeado de estos monstruos, apenas si pasó a la historia como un buen ladero.

    Aunque parezca mentira, arriba estaba el punto más flojo de este equipo. Y ojo, estamos hablando de once tipos que le ganaron con baile a Bulgaria (4-1), Argentina (4-0) y Brasil (2-0 y les hicieron precio por fin de temporada). El tema es que tanto Rep como Rensenbrink eran extremos, no centrodelanteros. Eran jugadores de muchísima velocidad y técnica, pero sin tanta definición. (Paréntesis: ahora hay una explicación mejor que la “suerte del campeón” para la bocha al palo de Rensenbrink en el ‘78.)

    Vamos a tomar un partido al azar, pongamos Holanda - Bulgaria. Último partido de la primera fase, ambos equipos con chances de clasificar, no era un partido de una potencia contra un rejuntado de desahuciados ni mucho menos. Para que se den una idea de lo monólogo que fue ese partido, el gol de Bulgaria fue… ¡de Krol en contra! Holanda generó más de 20 situaciones de gol. Entendámonos: las conté una por una, no es una exageración. *Veinte situaciones de gol netas*. Una animalada.

    Sería muy tiraculo calificar a este equipo de poco efectivo si, como norma, arrasaba rivales y les hacía de a cuatro. Pero si comparamos la cantidad de situaciones generadas -clarísimas, no tiritos de 45 metros- con los goles convertidos, empezaremos a develar el minúsculo talón de Aquiles que poseía el brillante seleccionado de Michels.

    Quizás haya sido esa falta de oportunismo frente al arco rival lo que los condenó en la final contra Alemania, vaya uno a saber. El motivo por el que Holanda del ‘74, el responsable de la última gran revolución en este deporte, no fue campeón del mundo, sigue guardado bajo siete llaves.

    Si queremos arrancar por la primera, alguno se tendría que copar y llamarlo a Giardino. Digan que hablan de parte de LR! por un temita (?)


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    Localía y gol de visita

    invitado 106

    Si mete un gol el visitante (literalmente) se complica, eh (?)

    Post aprovechando el período de relleno que se viene en LR! hasta los torneos de verano, y contribuyendo al debate redonderil para mejorar el fútbol de hoy (?).

    En prácticamente todas las competencias con llaves de ida y vuelta, el gol de visita ya es una realidad irreversible. Partió como un experimento no se cuándo ni dónde (ni mucho me interesa averiguarlo), pero ya está completamente instalado, un ejemplo es la Libertadores, que lo incorporó hace no muchas ediciones.

    No es la idea discutir sobre si está bien o mal el gol de visita, yo creo que está bien, pero la cuestión ahora es otra. El tema que quiero instalar es el de los criterios para definir las localías. En copas como la Sudamericana, que son llaves desde el principio, no tengo idea cuál es. Pero en los torneos que tienen una fase de grupos previa a la ronda de llaves ida-vuelta (Libertadores, Champions, etc.), lo típico es que en la vuelta es local el que tuvo mejor rendimiento en la fase previa (en la Libertadores, por ejemplo, el que fue primero en su grupo), como una forma de “premiar” ese rendimiento concediéndole una pequeña ventaja.

    También me parece correcta la idea de premiar el rendimiento de la primera rueda. Pero tengo la impresión de que, existiendo el gol de visita, cerrar la llave de local no es para nada una ventaja, de hecho es todo lo contrario . Por las siguientes razones (sea “A” el equipo con mejor rendimiento y “B” el otro):

  • Especulación: En la vuelta B sabe perfectamente qué resultado necesita, por lo tanto tiene la posibilidad de especular. Claro, A también, pero B tiene más ventaja porque sus goles son más determinantes. Por ejemplo, si en la ida ganó 1-0, y en la vuelta le toca meter un gol a los 10′, sabe que con eso le basta y tiene 80 minutos para meterse atrás y “saque si quiere ganar”.
  • Presión: La presión casi siempre es del local. No hace falta agregar más. Claro, es un factor controlable según la experiencia del equipo, pero igual vale la pena considerarlo.
  • Recaudaciones: Aunque “El Aguante” nos quiera decir otra cosa, no existe el equipo que lleve la misma cantidad de gente en las buenas y en las malas. B en la idea tendrá una recaudación más o menos asegurada, en cambio para A dependerá mucho del resultado de la ida.
  • Alargues: Existen torneos en que se juega con alargue si hay empate al final de los 90′. En esos 30′ minutos un gol de B prácticamente mata la serie, porque obliga a A a meter dos goles.
  • En las finales puede ser distinto, porque ahí está el componente emotivo de dar la vuelta en su estadio y con su público. Pero en general tengo esa impresión de que cerrar la llave de local es una desventaja. Dejo abierto el debate(?)

    [Enviado por Jotaeme]


    Belleza.

    peluca 36

    El video del foul cometido por el tucu Krupoviesa debería ser mostrado en todas las escuelitas de fótbol y divisiones inferiores del país bajo la consigna “ASÍ SE PARA UN CONTRATAQUE QUE TE DEFINE EL PARTIDO EN CONTRA”.

    Juro que me emociona; al verlo, belleza absoluta, tácticamente perfecta, arteramente aplicada.

    Gracias Krupo por la energía, por la fuerza, por estas lágrimas.


    Anuncios / pedidos

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    * Ahí abajo a la derecha hay un nuevo coso (?) para mandar mail. Si tienen configurada una cuenta POP, le hacen click arriba y el mensaje se abre solo. Si usan webmail, la dirección es la.redonda@gmail.com. Preguntas, quizás. Pedidos bizarros, no.

    * En mi blog personal posteé una Pequeña Historia de la Táctica en cuatro capítulos que hasta ahora mantiene el dudoso record de comments 0. Disculpen el autobombo pero estoy desesperado, aunque sea quiero que me dejen un msg diciendo que soy un ladrón. Y no acá, en mi blog. Gracias.

    * Posteen, hijos de puta. Gracias a la benevolencia de Pastor ya hay 8 con user y pasan días sin que se actualice nada, es una vergüenza. Estoy indignado (!).