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Pies descalzos

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La primera Copa Mundial post guerra, la de Brasil 1950, tuvo sólo 13 participantes. La Segunda Guerra Mundial había hecho estragos, principalmente en Europa, y los seleccionados estaban totalmente diezmados. A pesar de todo, la pelota giraba mientras Europa se reconstruía y la cuarta Copa del Mundo estaba en marcha.

Austria fue la primera selección en renunciar a su partido con Turquía. Los turcos habían superado a Siria y necesitaban el repechaje con el seleccionado europeo. Al renunciar los austríacos a jugar ese encuentro, Turquía consiguió el pasaje a Brasil, pero también renunciaron los otomanos y la plaza quedó vacante.

Desde la organización se invitó a Portugal (que había perdido ante España en la clasificación) y los lusitanos aceptaron en un primer momento, aunque antes de comenzar la Copa decidieron no ir.

Otro clasificado era Escocia. La Copa británica daba 2 plazas a Brasil 1950, la primera obtenida por Inglaterra y la segunda para los escoceses. Pero los del norte de la isla, aludiendo que ya habían perdido ante los ingleses, decidieron no ir. En su lugar se invitó a Francia, que al igual que los portugueses, aceptaron en primera instancia, pero luego desertaron.

Las excusas puestas por franceses y portugueses fue la misma: las distancias entre las sedes. Pero la realidad era que sabían que mucho no podrían hacer en tierras brasileñas, ya que sus seleccionados carecían de figuras.

El último en renunciar fue el participante asiático. Había dos inscriptos, India y Birmania, renunciando al partido de clasificación los birmanos. Con el pasaje a Brasil, los indios se disponían a viajar, pero pedían jugar como ellos estaban acostumbrados. Sin zapatos, con sus pies descalzos. La FIFA dijo que no y la India renunció a participar, dejando otro hueco.

Siempre jugamos así

India ya había participado de un torneo importante dos años antes de la Copa Mundial. En los Juegos Olímpicos de Londres 1948 los indios se enfrentaron a Francia. El partido fue muy emotivo y la mayoría de los jugadores asiáticos se paraban en la cancha sin botines. Sólo una fuerte venda cubría los tobillos, plantas y empeines de los pies de los jugadores. Claro que algunos jugaban calzados.

Si bien Francia no tenía un gran seleccionado, la idea del juego de los franceses se mantenía y abrieron el marcador a los 30 minutos de la primera etapa por intermedio de René Courbin. Faltando 20 minutos para el final del encuentro llegó el empate de India y cuando parecía que todo quedaba en tablas, René Persillion convirtió el segundo tanto para los franceses. Y fue alivio para el seleccionado galo, porque había sido superado en el juego por el combinado asiático, que por falta de roce, suerte o exceso de ingenuidad, se perdieron goles hechos, inclusive erraron 2 penales.

En 1951, India veía como una nueva generación de jugadores conseguía su primer logro: La Copa de los juegos de Asia. Sin recibir goles en contra, y nuevamente con la mayoría de sus jugadores sin zapatos, India ganaba su primera copa.

En 1952, el mismo seleccionado viajó a Helsinki para los Juegos Olímpicos de 1952, pero en el Football Grounds Pallokenttä tenía enfrente a Yugoslavia, una selección muy potente que a la postre llegaría a la final. El resultado fue contundente: 10-1 a favor de los eslavos.

Tras un parate de dos años llegaron nuevamente los juegos asiáticos, pero los indios fueron eliminados por Indonesia en la primera ronda.

Se avecinaban los juegos olímpicos de Melbourne, previamente, la desidia en los dirigentes (o la falta de conocimiento) hizo que los indios se inscribieran tarde para la participación en la Copa Mundial de Suiza 1954, quedando afuera de los fixtures.

En febrero de 1955 recibieron la visita del seleccionado de la Unión Soviética, enfrentándose ante India en tres oportunidades en diferentes sedes. La gira de los soviéticos fue favorable para los europeos, que ganaron los 3 partidos (4-0; 4-0 y 3-0), pero no se fueron sin invitar a la selección asiática a un partido en Moscú. El mismo fue en septiembre de ese año y el 11-1 fue categórico.

No fue hasta fines de 1956 que la India tuvo otro encuentro internacional. Esta vez en una competición importante: los Juegos Olímpicos de Melbourne 1956. La generación de jugadores que tímidamente daba sus primeros pasos en Londres, 8 años atrás, se presentaba en Oceanía para ganarle al local por 4 a 2 y clasificarse directamente a las semifinales. La chance de ganar una medalla estaba latente, pese a haber perdido ante Yugoslavia por 4 a 1. Pero esta vez no fue fácil para los eslavos.

El primer tiempo del partido terminó igualado sin tantos. Varios indios estaban descalzos en la cancha, pero eran cada vez menos. Uno de los jugadores que utilizaban botines era Neville D’Souza, a esa altura héroe absoluto de los fanáticos del fútbol indio. D’Souza le había convertido 3 goles a Australia y su hattrick fue noticia, más en el subcontinente asiático.

El mismo D’Souza se encargó de abrir el marcador ante Yugoslavia, a los 7 minutos de la segunda parte. Pero el triunfo parcial duró sólo 2 minutos ya que los yugoslavos hicieron 4 goles en 20 minutos.

El partido por la medalla de bronce ante Bulgaria fue más parejo, aunque el 3-0 final para los búlgaros devolvió a los jugadores indios a su patria con un cuarto lugar olímpico, siendo todos recibidos como héroes nacionales.

Así nació la era dorada del fútbol indio, tan humilde como su juego, con un triunfo importante, un par de derrotas ajustadas y un hattrick de D’Souza. Pero más destacada por una renuncia importantísima, por no poder jugar descalzos.


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La Selección fantasma

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Argentina tenía como director técnico a Enrique Omar Sívori en el año 1973 y una de las premisas era clasificarse a la Copa Mundial que se disputaría en Alemania. Sívori sabía que no se toleraría otro fracaso como el acontecido 4 años antes, cuando la selección se quedó afuera del Mundial de México, eliminada por Perú.

Esta vez los peruanos no estaban en el grupo, pero sí estaba Bolivia. La altura de La Paz era el gran escollo de la selección, como también lo había sido en la eliminatoria anterior. Había que ganar en los más de 4.000 metros de altura. Esta vez no había excusas.

Sin tener una gran experiencia como director técnico, Sívori fue designado en agosto de 1972 para reemplazar a Juan José Pizzuti en la albiceleste, más que nada por su experiencia en el fútbol europeo.

Pero si bien el objetivo era devolverle a la selección argentina ese lugar en el mundo que se había perdido tras el mundial de Suecia, las pretensiones de Sívori no eran muchas: quería que se le diera primordialidad a la selección. Miguel Ignomiriello era el ayudante de campo del DT y a pesar de las desinteligencias que había con la intervención reinante en AFA (en ese entonces el interventor era Baldomero Gigán), Sívori e Ignomiriello lograron entenderse, aunque sea un poco.

En septiembre de 1973 comenzaban las eliminatorias para Argentina y los rivales eran Paraguay y Bolivia. Sabiendo que los bolivianos podrían ser un problema en la altura, Sívori diseñó un plan: armar un equipo con anticipación y aclimatarlo a la altura.

Fue así que Miguel Ignomiriello se llevó unos cuantos jugadores a Tilcara a principios de agosto, para ir acostumbrándolos a la altura. Pero pronto todos se olvidaron de aquellos jugadores, inclusive la misma AFA. Rubén Glaría, Marcelo Trobbiani, Rubén Galván, Aldo Poy, Oscar Fornari, Ricardo Bochini y Mario Kempes eran los nombres de los jóvenes que emprendieron esa aventura albiceleste. A ellos se sumarían otros jugadores de experiencia, que llegaban a La Paz horas antes del encuentro, como Daniel Carnevali, Rubén Ayala y la “Oveja” Rodolfo Telch.

En el libro “Matador; bibliografía de Mario Kempes”, el delantero que hizo su debut con la albiceleste en el “seleccionado fantasma”, describe el olvido: “La AFA se olvidó de nosotros y la pasamos realmente mal. Estábamos en un hotel de mala muerte y no teníamos ni para comer. Teníamos pactados dos amistosos y terminamos haciendo seis o siete a cambio de dinero. Así comprábamos las cosas en un supermercado y alguno hacía la comida. Volví con 7 u 8 kilos menos”.

Argentina comenzó la eliminatoria goleando a Bolivia en la cancha de Boca por 4 a 0. Luego empató ante Paraguay en Asunción y llegó el turno del seleccionado fantasma. El 23 de septiembre de 1973, el estadio Hernando Siles completaba sus gradas con 30 mil espectadores y el árbitro brasileño Arnaldo Coelho daba el pitido inicial.

Argentina formaba con Daniel Carnevali, Rubén Glaría, Angel Bargas, Daniel Tagliani, Osvaldo Cortés, Roberto Telch, Rubén Galván, Aldo Poy, Oscar Fornari, Rubén Ayala y Mario Kempes. Bolivia lo hacía con Conrado Jiménez, Luis Iriondo, Walter Costa, Hugo Pérez, Miguel Antelo, Juan Fernández, Freddy Vargas, Eduardo Angulo, Mario Meza, Raúl Morales y Nicolás Linares.

A poco de comenzar el encuentro Kempes tuvo su oportunidad, pero la desperdició. Luego tuvo una chance Bolivia tras un error del defensor Bargas, al darle un pase atrás a Carnevalli. Pero a los 18 minutos el “Hueso” Glaría le dio un pase a Poy, quien la jugó rápido por la izquierda para Ayala quien mandó un centro al área, para que Fornari, con una increíble “palomita” concretara el único gol del encuentro. En la segunda etapa ingresaron Bochini y Trobbiani, pero ya el resultado estaba sellado. La Selección Fantasma había cumplido su objetivo.


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Polémica chancha

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No debería haber discusión, claro está, si el periodismo tuviera la virtud (?) de hacer las cosas como deben hacerse. ¿Qué es hacer las cosas bien? Al menos chequear o investigar (o las dos cosas) lo que se va a publicar.

Hace un tiempito se vio un cartel en el palco de Boca con un “countdown” de goles que le faltaban a Martín Palermo para convertirse en el “máximo goleador en la era profesional de la institución xeneize”. El dueño del cartel era/es, Orlando Salvestrini, ex tesorero del club y tiene especial interés que Palermo rompa una marca. Una marca FALSA.

Palermo tiene 179 goles convertidos en Boca, sumando los que hizo en los torneos oficiales regulares del fútbol argentino (léase Apertura + Clausura), Copa Libertadores, Copa Intercontinental y Copa Sudamericana.

La marca a superar por el delantero que recibe tribunazos en su pierna es la que tiene a Francisco “Pancho” Varallo en el tope de la tabla de goleadores de Boca, aclarando nuevamente que se trata de la era profesional. Don Pancho, quien aún vive y suma 98 febreros, hizo 180 goles en los campeonatos argentinos desde 1931 (él dice 181, pero son 180).

El tema es que el delantero de antaño, que jugara el Mundial de Uruguay 1930, también convirtió goles en Copas oficiales que se jugaban en aquel entonces. Y en esas Copas, Varallo hizo 14, sumando 194 en total.

Si a Martín se le cuentan los goles Copas Internacionales ¿por qué no contar los de Varallo en las Copas que él jugaba? Y si quieren contarle 180 a Varallo ¿por qué no sacarle los goles internacionales a Palermo?

El quid de la cuestión es una mentira mediática propiciada por el diario Ol*, con sus jefes a la cabeza, la empresa que le da los botines al gran Martín, el ex funcionario antes nombrado y, obvio, el jugador. Por más que diga que está al margen, va a recibir todo tipo de regalías, así que es mentira eso de que está más allá de si es o no el máximo goleador.

El negocio está en una edición limitada de botines P*ma, una revista a 30 mangos con un dvd de regalo y todo tipo de merchandising mentiroso.

Palermo está a 15 goles de convertirse en el máximo goleador de Boca (es la realidad) en la era profesional. Y se remarca lo del profesionalismo porque el máximo artillero bostero xeneize es Roberto Eugenio Cerro (más conocido como Cherro) que suma 218 goles entre 1926 y 1938. Segundo está Francisco Varallo con 194 goles y tercero Domingo Tarasconi, con 191.

Palermo, con sus 179 tantos, viene en el cuarto lugar y (ahora viene la opinión personal), no caben dudas que pueda ponerse rápido en el segundo puesto, inclusive que pueda alcanzar a Cherro en la punta. Pero no es necesario que se le mienta al hincha, el que va a terminar pagando por los botines, la revista y el dvd, y el que en definitiva le dará los $$$ a los que están metidos en el negocio.


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Un Mundial para Indonesia

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Arriba: Anwar, Dorst, Bing Mo Heng, Van der Burg, Faulhaber.
Abajo: Telwe, Hukom, Pattiwael, Soedarmadji, Tan See Han and Hong Djin.
A discreción: (?)

Varios pequeños Estados soberanos del sudeste asiático, en el límite de los océanos Indico y Pacifico, vieron en el siglo XVI como llegaban barcos con holandeses que comenzaban a crear la “Compañía de las Indias Orientales”, empresa que controlaba el 75% del mercado mundial de las especias en el siglo XIX.

Los holandeses (fundadores del primer club, Rood Wit, en 1893) formaban ligas de fútbol a lo largo de los pequeños estados (y los grandes, como las islas de Java y Sumatra), pero en 1930, un ingeniero civil recibido en Alemania, que había nacido en la isla de Java y estaba de regreso con su diploma, logró reunir a las ligas de su isla para crear la PSSSI, Persatuan Sepak bola Seluruh Indonesia, Asociación de Fútbol de Indonesia.

Soeratin Sosrosoegondo, el fanático del fútbol que logró un poco de unidad futbolística, además de ser el primer nativo de Indonesia, trabajaba en una fábrica holandesa. Era un revolucionario “romántico” que creía que el fútbol podría ser otra arma para echar a los holandeses de su nación.

En mayo de 1934 la selección del país, con el nombre de Indias Orientales Holandesas (cambiaría de nombre por Indonesia en 1950), participó de los Juegos del Lejano Oriente y debutó con 2 derrotas: 0-2 ante un combinado chino y 2-3 ante Filipinas. Pero luego el 13 de mayo del 34, jugó contra Japón, a quien derrotó por 7 a 1.

El seleccionado no jugó por 4 años y el fixture de las eliminatorias de Francia 1938 enfrentaba a las Indias Orientales Holandesas nuevamente ante Japón. Los japoneses no tenían demasiadas ganas de ser humillados nuevamente y renunciaron. La clasificación directa a Francia 1938 metía al primer equipo asiático de la historia en participar en una Copa Mundial.

El rival sería Hungría, ya un equipo poderoso de Europa y los inexpertos asiáticos, dirigido por un técnico holandés, sabían que viajaban para ganar experiencia. Por eso jugaron varios partidos amistosos con equipos holandeses, antes y después de la Copa Mundial de la FIFA.

El 5 de junio de 1938 fue el día que los 11 jugadores provenientes de la parte tropical de Asia llegaron a su gloria futbolística, cuando el salieron al campo de juego del Stade Auguste Delaune, para enfrentar a los húngaros. Y a pesar de que se fueron goleados ya habían disfrutado su viaje en el barco Baloeran, su arribo a Le Havre y los partidos previos. La renuncia previa de Japón y luego la de Estados Unidos (se le ofreció a los norteamericanos un partido de clasificación en Francia) los depositaba en la fiesta del fútbol mundial sin escollos.

Esa tarde de mayo los equipos salieron con:

HUNGRIA: Jozsef Hada, Lajos Koranyi, Sandor Biro, Gyula Lazar, Jozsef Turay, Istvan Balogh, Ferenc Sas, Gyula Zsengeller, Gyorgi Sarosi, Geza Toldi y Vilmos Kohut.

INDIAS ORIENTALES HOLANDESAS: Bing Mo Heng, Jack Sanniels, Frans Hu Kon, Achmad Nawir, Frans Meeng, Sutan Anwar, Henk Sommers, Suwarte Soedarmandji, The Hong Djien, Tjaak Pattiwael y Hans Taihuttu.
A los 13 minutos de la primera parte, Hungría ya ganaba. El muñeco mascota de la suerte que utilizaba el arquero Mo Heng, ya no surtía efecto.

Algunos dicen que el técnico, el holandés Johannes Mastenbroek, hizo dos cambios en el entretiempo aprovechando la similitud física de sus dirigidos. Pero igual fue 6 a 0 para los europeos, un resultado lapidario que, así y todo, no impidió que los indonesios tuvieran su participación en un Mundial.



Cosa ‘e negros

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Se supo: Papá Noel es negro (?)

Terminó la primera fase de la vigésimosexta Copa Africana de Naciones Ghana 2008 (ahora llamada Copa africana MTN) y no hay demasiadas sorpresas en resultados y clasificados.

Los dos primeros de cada grupo pasaron a los Cuartos de Final y en el primero de ellos, los locales ganaron los 3 partidos. En el segundo lugar se metió Guinea, dejando afuera a Marruecos y aunque lograron el pase a la siguiente fase, los guineanos tienen mucho que demostrar ya que no pudieron ganarle a Namibia, el rival más débil del grupo.

El primero y el segundo del Grupo A se cruzan en cuartos con el segundo y el primero del B. En este último grupo Costa de Marfil arrasó con todos sus rivales (excepto a Nigeria, que le ganó con lo justo) y se cruzará con Guinea, mientras que las Aguilas Verdes van al muere contra las Estrellas Negras.

El seleccionado con más torneos ganados, Egipto, fue el primero del Grupo C y espera a Angola en la siguiente fase, mientras que Camerún, con los goles de Eto’o, se medirá ante Túnez, primero del Grupo D. Cabe aclarar que Las Aguilas del Cártago y Las Palancas Negras llegaron a la última fecha con 4 puntos cada uno y el empate clasificaba a ambos. El 0 a 0 fue más que alevoso, pero Sudáfrica y Senegal también empataron así que quedaron indultados.

El favorito (?) de LR!, Benin, terminó en el último lugar del grupo B sin puntos, con un gol a favor (1-4 con Costa de Marfil) y siete goles en contra, demostrando una vez más el poder mufístico del blog acá.

Malí, el seleccionado donde juega y es figura el tipo del Sevilla apuñalado por un togolés, se quedó afuera por diferencia de goles con Nigeria. Kanouté +10 venían bien hasta que en la última fecha los amigos de Drogba le metieron 3 piponazos y los mandaron a casa.

Seis de los ocho que juegan los cuartos de final tuvieron su gloria continental alzando la Copa en diferentes oportunidades quedando sólo Angola y Guinea como los vírgenes con esto de salir campeones.

¡¡¡Vamos!!! A quemar un nuevo candidato (?)

[etapa de invitado de Zeronickname]


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Los borrachines de Fiji

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El primero de marzo comenzará el Torneo Preolímpico de Oceanía que dará una plaza para un representante de la OFC en los Juegos de Beijing. Es para destacar que nunca un equipo de Oceanía (excepto Australia, que ahora está en Asia) ha participado de un torneo olímpico y que ésta será la primera vez para cualquiera de los 6 inscriptos en el preolímpico.

Los que se anotaron son: Nueva Zelanda, Vanuatu, Islas Salomón, Islas Cook, Papúa Nueva Guinea y Fiji. El último seleccionado oficiará de local en el torneo clasificatorio y se convirtió automáticamente en uno de los candidatos a llegar a la capital de China para disputar el torneo más viejo a nivel mundial de fútbol.

Nueva Zelanda y Vanuatu también pelearán con los fijianos palmo a palmo, siendo éstas tres las selecciones con más chances que el resto.

Los All Whites (Nueva Zelanda) son los últimos campeones sub 20, mientras que los fijianos ostentan ser subcampeones. Pero no todas son rosas (?) en el continente acuático. El entrenador de Fiji, el uruguayo Juan Carlos Buzzetti, no contará con 8 de los titulares que estaban concentrados para afrontar la eliminatoria a Beijing ¿Por qué? Leé y enterate.

Resulta que los fijianos compartían una concentración en la Academia de Soccer (?), en la ciudad de Namosau y estaban medio embolados.

A uno se le ocurrió tirar “¿y si nos escapamos un rato?”, contando inmediatamente con la aprobación de siete compañeros al grito de “Alalalabamakapatanga” (sí, pero no me pongo en cuatro).

Los 8 jugadores, seguramente fanáticos de la serie Prison Break, escalaron una cerca de alambre de más de 2 metros de altura, con púas en su parte superior, y emprendieron viaje a lo desconocido. Bah, no tan desconocido porque los jodones fueron a la casa de uno de ellos, en la vecina ciudad de Lautoka.

Los “presidiarios” volvieron a las 5 menos cuarto de la mañana a la concentración con una borrachera envidiable por cualquier irlandés y fueron sorprendidos por las autoridades pertinentes. Ahí se armó la gorda y el presidente de la Federación fijiana suspendió por 5 años en la selección a los jugadores (no cabe nombrarlos a todos, pero un par ya jugaban en la mayor) y además les impuso castigos monetarios que van entre los 12 mil y los 18 mil dólares.

¿Por qué? Porque “ayer encontré a 5 jugadores fumando en la academia”, dijo el presi Sahu Khan, y agregó: “esta fuga fue el colmo. A un par de jugadores se les pagó viajes a Estados Unidos para que hicieran un poco de experiencia y nos devuelven los esfuerzos que hicimos con esto. Hemos gastado muchísimo dinero para la preparación de este torneo y estos guachos no lo van a arruinar empedándose y garchándose entre ellos.

El que peor la lleva es el DT, que no dijo ni “mu” porque sigue afanando en la paradisíaca isla de Oceanía, pero el amigo Khan le tiró un poco de presión: “Confío en la habilidad de Buzzetti para rearmar el equipo y clasificarnos a los Juegos Olímpicos”.

El uruguayo habría murmurado a sus confidentes que “este viejo puto me raja a los 8 muertos estos, que son lo mejorcito que tenía, y pretende que arme un equipo”.

El juego se abrió y bw*n comienza a levantar apuestas. Fiji sigue siendo candidato, pero la juerga le bajó un poco la chapa. Y algunos dicen que B*ca es un cabaret.

[Aclaración: Las declaraciones en cursiva + negrita, pueden no ser 100% verídicas]


10 razones por las que México… (2da parte)

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[viene de acá]

Y seguimos “siguiendo” con la sección Te queremos Dié del Norte. A no desesperar, que ya llegará la actualidad del Tri donde demostrará, según las sabias palabras del gran Diego, por qué México debería se considerado el tercer grande de América, pasando por arriba a Paraguay y Uruguay.

4) Capo en los Mundiales (Parte II)
Después de renunciar a participar en las eliminatorias del 38, México volvió a los mundiales en Brasil 1950. Eran candidatos porque ya habían eliminado a Estados Unidos y Cuba, algo que los hacía invencibles. Pero les tocó el grupo de Brasil (le metió 4), Yugoslavia (otros cuatro) y Suiza (más suave el 1-2). Pero además de perder todos los partidos, la selección mexicana fue sometida a un sorteo ante los suizos: México utilizaba camiseta bordó en aquel entonces, y Suiza camiseta roja. Como ninguno tenía una suplente, apareció un juego de casacas del Gremio de Porto Alegre para diferenciar a los equipos. El que perdía el sorteo, se ponía la del Gremio ¿Alguien puede adivinar quién perdió hasta con la moneda?

5) El Gigante de CONCACAF
El Tri se iba consolidando con el tiempo y goleaba a todos sus rivales de la CONCACAF. Entre la década del 50 y la década del 60 le hacía seis a Estados Unidos (que jugaba más soccer que nunca), ocho a la recontra difícil selección de Haití, un par de veces le enchufó ocho El Salvador y le metía 4 goles a Cuba. Igual éxito tenía cuando salía de la CONCACAF y se enfrentaba con rivales serios. Ocho con Inglaterra, cuatro contra Hungría, cinco contra Brasil, tres contra Argentina… Eso sí, todos los goles terminaron en el arco mexicano.

6) Su campaña olímpica
Como se ha escrito con antelación, El Tri debutó en los Juegos Olímpicos de 1928 y los volvió a jugar 20 años más tarde, cuando presentó su mejor selección en los juegos del 48. En aquellos tiempos se jugaba por eliminación directa y México se aseguró pasar de ronda, ya que el rival era Corea (todavía no estaba dividida por el paralelo 38). Pero los enanitos de ojos rasgados (no, no los mexicanos, los otros enanitos) le hicieron 5 goles y los mandaron al DF con curitas en el totó.

Cuatro años más tarde, renunciaron al torneo de Helsinki con cierta dignidad, ya que Noruega sería su complicado rival. Las eliminatorias del 60 se jugaron en toda América y los del norte sólo terminaron arriba de la poderosísima Surinam.

Llegaron los torneos donde se jugaban al menos tres partidos y México conseguía un empate con Irán, hasta que organizaron los juegos del 68 y llegaron hasta la semi. Ahí se cruzaron con Bulgaria (ese era jodido en serio) y perdieron. Pero podían ganar el bronce con facilidad, porque el rival era Japón. Otra adivinanza: ¿por qué los hinchas mexicanos comenzaron a tirar almohadones a la cancha después del partido contra los “ponja”? Sí, los enanos de ojos rasgados (no, otra vez no los mexicanos, los otros) le pegaron una pampiroleada terrible y se quedaron con la medalla bronceada. Hasta la actualidad, México no ha ganado medalla alguna, cosa que sí hicieron Argentina, Brasil, Uruguay, Japón, Paraguay, Dinamarca, Suecia y hasta España, Holanda, Ghana, Nigeria y Camerún, entre otros.

(mañana, la última parte)