Que juegue bien contra otro

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Hoy se recuerda una crucifixión, recordamos acá otra.


Invitado a Tiempo Nuevo dos días después del 5-0 de Colombia a Argentina en 1993, Sanfilippo le informa a Goycochea que el arquero se comió todos los amagues. El Beto Alonso trata de defender al golero tibiamente. Minutos más tarde aparece en el estudio Carlos Bilardo, que lo defiende más enfáticamente. Hugo Gatti, mientras tanto, expresa su admiración por el juego de los colombianos. Los otros panelistas, incluyendo a Adolfo Pedernera, se mantienen callados.

Lo que no sé es cómo aceptó Goycochea ir a ese programa.

Esto fue subido por la gente del muy buen blog La Tele del Recuerdo y tal vez (no lo encontré) haya sido posteado acá o en algún sitio competidor (?) antes. Si es así lo lamento.


La copa Santander

Newell’s en la Copa Libertadores

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Seguimos nuestro repaso con el equipo rosarino que jugó dos finales de la Copa Libertadores en cinco participaciones.
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1975. Newell’s fue campeón del Metropolitano 1974 y San Lorenzo del Nacional. Rosario Central fue el subcampeón de ambos torneos y los tres jugaron un reducido para definir los dos representantes argentinos en la Copa, eliminando a los capitalinos. Eso les permitió integrar el grupo 1 de la Copa del año siguiente, enfrentando a los paraguayos Olimpia y Cerro Porteño.
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El campeón del Metro 1974

Fue un grupo parejo en el que sólo pasaba el primero, y produjo dos clásicos rosarinos que terminaron 1-1. Cerro Porteño quedó fuera de la lucha rápidamente, al sacar sólo un punto. Newell’s y Central le ganaron de local y de visitante. Olimpia no fue tan fácil.

Newell’s llegó a la última fecha un punto abajo de Central y empatado con Olimpia. Necesitaba que los paraguayos le sacaran algún punto a su archirrival (?) en Asunción, y ellos despachar a Cerro Porteño. Newell’s ganó 3-2 en Rosario, y Central empató 0-0 con Olimpia. Esto produjo un empate en puntos que se resolvió con un partido en el que Central, gracias a un gol de Mario Kempes, eliminó a Newell’s con un 1-0.

1988. Con el logro fresco de la temporada 1987/88, el equipo de José Yudica se dispuso a expandir sus dominios (?) en el continente. Cabe recordar que Yudica era el Bianchi de los ‘80 (?), habiendo sido campeón de América con Argentinos Juniors tres años antes. Newell’s compartió el grupo con San Lorenzo y los ecuatorianos Barcelona y Filanbanco. Los leprosos consiguieron cuatro empates y dos triunfos, ambos contra los ecuatorianos en Rosario. Pero igual empataron la primera colocación en la zona con San Lorenzo, y esta vez el 1-0 del desempate fue favorable a Newell’s (aunque, de todos modos, pasaban los dos primeros).

El Newell’s del Piojo

En octavos de final superaron a Bolívar de La Paz por penales. Eso les permitió jugar los cuartos contra Nacional de Montevideo. Se produjo un empate 1-1 en Rosario y una derrota del equipo argentino 3-2 en Montevideo. Pero hete aquí que en esa oportunidad había tres partidos de cuartos de final, y clasificaban a la ronda siguiente los tres ganadores y el mejor perdedor (!), que resultó ser Newell’s.

Así pudieron jugar con San Lorenzo la semifinal, venciendo en ambos partidos. Y pudieron llegar a la final con Nacional, el mismo equipo que les había ganado en cuartos de final (!). Newell’s ganó en Rosario 1-0 y perdió en Montevideo 3-0. Esto ameritó que se jugaran 30 minutos de alargue, en los que el marcador no se alteró. Las reglas de esa edición establecían que después de jugado el alargue contaba la diferencia de gol, y así se consagró el equipo uruguayo.

1992. El equipo de Bielsa, campeón de la temporada 1990/91, jugó otra vez con San Lorenzo y los chilenos Coquimbo Unido, Universidad Católica y Colo Colo (el campeón defensor). Clasificaban 4 de 5. La competencia empezó con un catastrófico 0-6 contra San Lorenzo en el Parque Independencia, en una gran noche del Beto Acosta. No obstante Newell’s no sólo terminó con diferencia de gol a favor (gracias a ganarle 5-1 a Coquimbo, finalmente eliminado) sino que ganó el grupo con dos puntos de ventaja sobre Universidad Católica y San Lorenzo.

El Newell’s que verticalizaba la oferta de pases

Clasificó a octavos de final, donde superó 1-0 a Defensor Sporting después de empatar 1-1 en Montevideo. Accedió así a la revancha con San Lorenzo, al que superó 4-0 en Rosario, clasificando luego de empatar 1-1 en Buenos Aires.

Llegó entonces la semifinal contra América de Cali. En ambos partidos el equipo visitante arrancó sorprendiendo con un gol tempranero y el local logró empatar. La serie se definió por penales en Colombia. Fue una definición antológica en la que se patearon 26 penales y Newell’s, después de estar dos veces a punto de ser eliminado por los remates desviados de Pochettino (que había hecho el gol de los rosarinos esa noche) y Domizi, pudo clasificarse cuando Scoponi atajó el último remate a Maturana.

Nuevamente jugó la final con un tricolor, el San Pablo de Telé Santana, en una definición que consagraría a un equipo hasta entonces nunca campeón. El 1-0 en Rosario daba una mínima esperanza para la revancha en Brasil, y la maratónica definición contra los colombianos probablemente proporcionaba confianza para una eventual definición. Eventual definición que llegó, y San Pablo sólo necesitó la serie de 5 para ganar la Copa con un 3-2 apelable (?).

El campeón con la copa

1993. La única vez que Newell’s jugó dos Copas seguidas. Los rojinegros habían ganado el Clausura ‘92 y accedido a una final con River por un lugar en la Copa, la cual perdieron. Entonces jugaron un partido definitorio contra el ganador de la Liguilla, Vélez, que clasificó al campeón a la Libertadores. Ya en ese momento se había ido Bielsa, y en la Copa el entrenador fue Eduardo Luján Manera, que no era otro que el DT de Vélez en ese partido que había clasificado a los rosarinos.

El grupo 5 fue integrado por Newell’s, River, Olimpia y Cerro Porteño. Newell’s arrancó la Copa ganando 1-0 en el Monumental con gol de Zamora. Dos empates en Paraguay y uno con River en Rosario mantuvieron el invicto de los dirigidos por Manera (que, no está de más mencionar, habían sido últimos en el Apertura ‘92 después de ganar el Clausura). Pero el invicto se cortó cuando perdieron con Cerro Porteño de locales. El posterior empate con Olimpia en Rosario permitió que Newell’s pasara como segundo (pasaban tres), con seis puntos y un solo partido ganado. Afuera, con 5 puntos y no por primera ni última vez en esa instancia, quedó el River de Passarella.

En octavos de final vino la revancha con el San Pablo, que se había quedado con el trofeo un año antes. Esta vez en el partido en Rosario Newell’s consiguió una ventaja mejor y ganó 2-0. Pero en Brasil San Pablo les propinó un 0-4 que sepultó toda esperanza leprosa y significó un paso más hacia el bicampeonato.

2006. El campeón del Apertura 2004 jugó, unos 13 meses después, la Copa de 2006. Ya no estaba Américo Gallego, pero continuaban en el equipo estrellas del campeón como Ariel Ortega y Fernando Belluschi (que, ya que estamos, jugando para River un año después quedarían afuera en la primera fase). El técnico era Nery Pumpido, que había sido campeón con Olimpia en 2002. Fue la única Copa de la década que no jugó Boca, y (redoble de tambores para el dato estadístico al pedo) los xeneizes nunca disputaron una Copa en la que participara Newell’s.

Ortega ante Unión Española

Newell’s tuvo su hogar (?) en el grupo 3, con Goiás de Brasil, The Strongest y Unión Española de Chile. La campaña de los rosarinos fue pareja: 2 ganados (a Unión Española y The Strongest de local), 2 empatados y 2 perdidos (con The Strongest y Goiás, ambos de visitante). Newell’s perdió la posibilidad de prácticamente asegurar su clasificación en la penúltima fecha, cuando empató con Unión Española en Chile. Debió esperar entonces que el ya clasificado Goiás les sacara algún punto a los chilenos. Lo cual ocurrió, y el 2-0 en Rosario contra The Strongest hizo que Newell’s pasara a la segunda fase por diferencia de gol.

En Rosario, por los octavos de final, recibió al Vélez de Russo, y los de Liniers ganaron 4-2 (enorme resultado teniendo en cuenta la regla de los goles de visitante). Fueron a la revancha en la cancha de Vélez con la obligación de ganar por tres goles de diferencia. Newell’s se puso en ventaja dos veces pero el partido terminó 2-2 y los rosarinos quedaron afuera, no sin protestar por el arbitraje. De esa manera se despidió de la Copa, por el momento, uno de los dos rosarinos que hoy pelean el descenso.

Continuaremos nuestra serie con un equipo de la provincia de Buenos Aires que en su última participación terminó invicto.


Yao Li

¿Qué será de la vida de Yao Li?

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Luego de la exitosa (?) Operación Takahara, en el verano de 2004 a Macri se le ocurrió que Boca necesitaba un jugador chino. No importaba cuál, se trataba de un “intercambio cultural” (?). Y gestionó la llegada de un volante de 26 años que había jugado el Mundial Sub-17 de Malasia en 1997 y provenía del Dalian Shide Football Club, entidad de la que en ese momento se decía que era de las más populares de China. Y tal vez sea verdad, qué sé yo.

“Vine a este país dispuesto a mostrar mi calidad como futbolista, pero también a aprender de los jugadores argentinos”, declaró a su llegada el jugador que se incorporaba al campeón del mundo.

El sábado 10 de enero Yao Li integró por primera vez el plantel xeneize en los entrenamientos de la pretemporada de la Posada de los Pájaros de Tandil. Después de la primera práctica el diario Hoy de La Plata decía que “si bien el jugador (que ayer se descubrió, al menos a través de la prensa, que no es zurdo como habían señalado algunos medios sino diestro) forma parte de un negocio de marketing más que de una inversión estrictamente futbolística, la idea de que podía aportar algo al grupo no estaba totalmente descartada”.

Al día siguiente Carlos Bianchi, ante los comentarios periodísticos desfavorables, ofrecía estas palabras para defender al jugador que tal vez podía serle útil: “ayer realizó la primera práctica de fútbol y es difícil juzgar a alguien con tan poco tiempo. Creo que el periodismo fue categórico con él al criticarlo y no se tomaron en cuenta un montón de atenuantes”.

Este es el resumen de La Nación de lo realizado por el jugador que en Japón consideran occidental:

Sábado 10: realizó ejercicios de resistencia con bolsas de arena en las pendientes de la Posada.
Domingo 11: hizo ejercicios físicos y por la tarde jugó al fútbol-tenis en Ferrocarril Sud, demostrando que su pierna hábil en realidad es la derecha.
Lunes 12: por la mañana disputó un partido en la arena y le marcó un golazo a Abbondanzieri. Por la tarde, ya con la llegada del traductor Carlos Weng, tuvo un desempeño discreto en la práctica: jugó 52 minutos y se retiró con un golpe en el tobillo izquierdo.
Martes 13: en la práctica vespertina repitió un partido flojo en los 42 minutos del match disputado entre los titulares y los suplentes.
Miércoles 14: anduvo en bicicleta por el dique y por la tarde sólo observó un partido informal por el dolor en el tobillo.
Jueves 15: la lesión le impidió completar el trabajo. Mientras todos fueron corriendo de la Posada al dique, él llegó en ómnibus y realizó trabajos con el kinesiólogo Leonardo Betchakian.

Nótese que el traductor llegó dos días después.

El jueves 15 el técnico Bianchi consideró que había tenido suficiente consideración con la idea de la dirigencia y le bajó el pulgar. Consultado Macri sobre el hecho, declaró que “si no supera la prueba, se irá y vendrá otro. Hasta que encontremos al jugador indicado. Hay que entender el concepto. Esto es un intercambio cultural. Y lo importante es que venga un futbolista chino que pueda jugar”. Bianchi, por su parte, explicaba la decisión de esta manera: “yo sabía que Yao Li tenía la vuelta programada a China. Entonces, le comenté que aprovechara y visitara Buenos Aires durante el fin de semana”.

Un par de meses después Boca incorporó a otro jugador chino, a préstamo por los tres meses que quedaban de la temporada: el defensor Li Guoxu, proveniente del Chongqing Lifan. Según la fuente, el club chino únicamente dio el visto bueno a la operación tras fichar al centrocampista Zhu Guanghui, sustituto natural en la banda izquierda de Li; como es obvio.

Pero el protagonista de esta historia, Yao Li, volvió a su tierra y nunca más supimos nada de él. Lo más cercano a enterarnos algo fue por En Una Baldosa, que en 2005 decía que había vuelto a su club y triunfaba allí, por lo que es probable que se haya recuperado de la lesión en el tobillo. Nosotros, a falta de otra cosa, seguimos haciendo la misma pregunta que en su momento se hacía este blog: ¿daba para traer un chinazo?


Después de todo, es bastante fea esta copa

Dos Copas

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Continuando la reseña de las campañas de equipos argentinos en la Copa Libertadores, vamos con los que jugaron un total de dos Copas. Uno de ellos logró ganar una de las ediciones en las que participó, por lo que tiene una efectividad de 50% de Copas ganadas. Hemos contado con el aporte de datos ochentosos por parte de Pep y Peluca, a quienes agradecemos.

Quilmes

1979. El campeón Metropolitano de 1978 integró el grupo 1 junto a Independiente, campeón del Nacional, y los colombianos Millonarios y Deportivo Cali (que había sido subcampeón en la edición anterior). Contó con la incorporación rutilante de Pinino Mas, quien, con 32 años, venía de jugar en el fútbol colombiano y continuaría su carrera al año siguiente en Defensores de Belgrano. Quilmes quedó rápidamente eliminado, dado que luego de jugados cinco partidos tenía 0 puntos. Pero tuvo injerencia en la definición del grupo, en el que sólo el primero se clasificaba a la fase semifinal. Antes de la última fecha Independiente y Deportivo Cali compartían la punta con 7 unidades, y Millonarios tenía 6. Quilmes recibió a los caleños y les ganó 3-1, provocando que el otro partido decidiera la zona. Lo ganó Independiente 4-1 en Avellaneda y los rojos avanzaron a la semifinal. Allí fueron eliminados por Boca, que más tarde perdió la final con Olimpia.

Gol de Quilmes ante el futuro campeón

2005. Luego de ascender en 2003, Quilmes hizo una campaña que le ameritó jugar el repechaje para la Copa del año 2005. En esa fase eliminó al Colo Colo de Chile por goles de visitante, luego de empatar 0-0 en su estadio y 2-2 tras la cordillera. Eso convirtió a Quilmes en el primer equipo en ganar una serie con esa forma de definición y le ameritó jugar en el grupo 3, junto a San Pablo, Universidad de Chile y The Strongest. Lo más recordado de esa campaña de Quilmes fue el episodio en San Pablo, cuando el jugador Grafite denunció que Leandro Desábato le había hecho comentarios racistas, lo que motivó que el actual defensor de Estudiantes fuera detenido.

En lo deportivo la cosa no fue más feliz. Quilmes perdió los tres partidos de visitante y de local empató dos y sólo le ganó a The Strongest. El equipo boliviano, a pesar de jugar en la altura, también ganó un solo partido: a Quilmes de local. Ambos compartieron la última posición del grupo con 5 puntos. El ganador de la zona, San Pablo, luego ganó también la Copa. Así terminó esa aventura internacional de los cerveceros. Dos años después Quilmes descendió al Nacional B.

Ferro Carril Oeste

1983. El equipo de Carlos Griguol jugó su primera Copa como campeón del Nacional del año anterior. Integró el grupo 1, con Estudiantes de La Plata y Colo Colo y Cobreloa, ambos de Chile. Clasificaba el primero. Fue un grupo apretado en el que Ferro arrancó jugando de visitante los primeros tres partidos, y consiguió sólo un empate 0-0 en La Plata. En Chile perdió 1-0 con Colo Colo y 2-1 con Cobreloa. En la última fecha Colo Colo era puntero con 6 unidades y los dos argentinos estaban un punto abajo, por lo que necesitaban ganar y un triunfo de Cobreloa, el cual se produjo. Y Estudiantes ganó 2-1 en Caballito, consiguiendo avanzar y dejando a Ferro como último del grupo.

El equipo de Griguol

1985. Volvió a ser campeón Nacional y a jugar la Copa por eso. Ese año los argentinos compartieron el grupo 1 con los brasileños Vasco da Gama y Fluminense. Hizo una buena campaña en el grupo, con el dato de que terminó invicto en Brasil gracias a empatar 0-0 con Fluminense y ganarle 2-0 a Vasco.

Anécdota aportada por un integrante de este blog hincha de Ferro cuyo nombre nos reservamos (?): cuando tuvo q ir a Brasil a jugar contra el Fluminense la hinchada del Flu estaba de paro(?) como repudio(?) a las actuaciones de su equipo o algo similar (ya estaban eliminados de la Copa), entonces para el partido contra Ferro decidieron “no ir”… y no fueron, tooodo el Maracaná vacío excepto por unos 100 desaforados verdolagas q seguramente cantaban cosas como “y ya lo véeee, somos locales otra vez” o “Fluminense son todos putos”.

Pudo vencer como local a ambos rivales brasileños y terminó primero en el grupo, compartido con el otro representante de nuestro país, Argentinos Juniors. Fueron a un partido de desempate en la cancha de Vélez para decidir quién avanzaba y ahí se impusieron los de La Paternal 3-1 (Garré marcó para los verdolagas). Así quedó afuera un equipo de Ferro que, evidentemente, no tuvo suerte en sus dos participaciones continentales.

Argentinos Juniors

El campeón de América 1985

1985. Luego de ganar el Metropolitano 1984, en su debut en la Copa integró el grupo que acabamos de mencionar con Ferro, Vasco y Fluminense. También obtuvo buenos resultados contra los brasileños, y ganó sus dos partidos en tierras cariocas, pero empató 2-2 de local contra Vasco. Con Ferro ambos ganaron su partido de visitante, y después vino el desempate que llevó a Argentinos a la ronda semifinal. Los goles de Argentinos en ese partido fueron marcados por Borghi (2) y Ereros.

En la semifinal enfrentó al campeón defensor Independiente y a Blooming de Bolivia. El grupo arrancó con tres empates, dos en Bolivia y uno entre los dos argentinos. Luego ambos le ganaron al Blooming jugando de locales y el grupo se definió en Avellaneda, donde Argentinos se impuso por 2-1, arribando de esta manera a la final.

Lo esperaba América de Cali, en la que sería la primera de tres finales seguidas que jugó el equipo colombiano. Ambos ganaron 1-0 cada partido de local, lo que obligó a un desempate en Asunción. El partido terminó 1-1, y el equipo de Saporiti Yudica se alzó con el trofeo continental en los penales.

Luego fue a Japón a jugar por la copa Europeo-Sudamericana contra la Juventus, produciendo una memorable final que es considerada la mejor de las jugadas por ese trofeo, la cual terminó 2-2 y permitió al equipo de Turín consagrarse en los tiros desde el punto del penal.

1986. Como ganador de la última edición, Argentinos Juniors accedió directamente al grupo semifinal de la Copa del año siguiente. Allí esperó a River y a Barcelona de Guayaquil. Argentinos perdió en Ecuador pero ganó 2-0 en el Monumental de River. Los millonarios ganaron ambos partidos con Barcelona (3-0 allá y 4-1 acá) y empataron 0-0 contra Argentinos de visitante. Esto hizo que empataran la posición y jugaran un partido por un lugar en la final. Este encuentro terminó 0-0 después del tiempo suplementario y River, por mejor diferencia de gol en el grupo semifinal, consiguió jugar contra América de Cali, rival ante el que ganaría su primera Copa. Cabe señalar que ese partido desempate está considerado como uno de los mejores 0-0 en la historia, repleto de llegadas en ambos arcos. Como dato anécdotico en los 3 enfrentamientos con River (la AAAJ fue el único rival al que River no pudo derrotar en esa edición) El Gráfico eligió como figura al Checho Batista, poniéndole 9 puntos en todas y cada una de las calificaciones. Argentinos hasta el momento no volvió a jugar la Libertadores.

Gimnasia y Esgrima La Plata

Gimnasia con rayas finas y Olimpia con degradé

2003. Otro de los equipos que nunca ganaron un campeonato profesional pero jugaron la Copa Libertadores. Gimnasia accedió a la última plaza disponible para Argentina al ocupar el cuarto puesto en la temporada 2001/2002. Integró el grupo 4, con Alianza Lima, Cobreloa y Olimpia. Gimnasia goleó 5-1 a Alianza Lima en La Plata, fue superado con un 4-1 por Olimpia en Asunción y empató los otros cuatro partidos. No obstante llegó a la última fecha del grupo puntero y necesitando un empate para clasificar, pero tuvo la mala suerte de que el 1-4 antes citado fue en esa última fecha. Cobreloa ganó el grupo con 9 puntos, igual cantidad que Olimpia, el campeón defensor. Gimnasia fue tercero con 7 puntos, superando por dos a Alianza Lima.

2007. El equipo de Troglio fue segundo en la tabla general de 2005/06 y jugó la Copa de 2007. Pero llegó en un momento anímico muy feo, después de que Estudiantes ganara el Apertura 2006 y le propinara un 7-0, origen de numerosos graffittis en La Plata que aún muestran ese resultado. La Copa arrancó con Gimnasia en el grupo 8 junto a Defensor Sporting, Deportivo Pasto y Santos, sin que nadie esperara una gran actuación del Lobo.

La tabla final muestra un mentiroso empate por puntos en el segundo puesto con Defensor, pero en la realidad Gimnasia quedó afuera mucho antes de terminar el grupo, que fue muy extraño: Santos consiguió el puntaje ideal y Pasto perdió todos sus partidos, por lo que la verdadera pelea para Gimnasia se redujo a un rival: Defensor. Después de 4 fechas Gimnasia tenía 3 puntos, fruto de haberle ganado 3-2 a Deportivo Pasto y haber perdido dos veces con Santos y una con Defensor en Uruguay. Defensor tenía 9 y tenía que jugar con Santos y definir con Gimnasia. Los platenses le pudieron ganar a Pasto y Defensor perdió con Santos cuando un empate lo clasificaba, lo cual daba esperanzas a Gimnasia de poder hacerse con el segundo lugar del grupo. Pero Gimnasia tenía que ganar por cinco goles de diferencia, lo cual hacía que fuera un objetivo difícil. El Lobo igual consiguió un digno 3-0 que le permitió quedar afuera por diferencia de gol.

Por último, es nuestro deber (?) recordar un dato que hace a la humillación del club más antiguo del fútbol argentino. Y es el siguiente: Estudiantes ganó más copas que las que Gimnasia llegó a jugar.

Banfield

Lujambio luego de desviar un importante penal

2005. Una gran campaña en la temporada 2003/2004, en la que terminó tercero, le abrió la puerta (?) de las copas internacionales a otro de los clubes que jugaron la Copa sin ganar nunca un torneo local. Rodrigo Palacio, estrella de ese equipo, en principio iba a jugar la Copa para Banfield pero su venta a Boca se adelantó seis meses. El equipo del sur del Gran Buenos Aires jugó el grupo 6 junto a Alianza Lima, Caracas y Tigres de Monterrey. El grupo no fue parejo y la pelea estuvo reducida a quién salía primero y quién segundo junto con los Tigres. Y el equipo mexicano, luego de empatar 2-2 de local con Banfield, le ganó 3-0 de visitante. Así, Banfield fue segundo en el grupo a un punto luego de una primera fase en la que terminó invicto fuera de su estadio (gracias a empatar con Caracas y Tigres y ganarle a Alianza Lima 1-0 con gol de Barijho).

Así se ganó el derecho a jugar con uno de los peores primeros, Independiente Medellín. El equipo de Falcioni despachó a los colombianos con un 3-0 en Banfield y 2-0 en Medellín y pasó a cuartos de final.

En esa instancia lo esperaba River, para definir en el Monumental después de un áspero 1-1 en la cancha de Banfield. En el primer tiempo los hombres de Astrada se pusieron 3-1, pero apenas empezado el segundo Barijho puso el 3-2 que dejaba a Banfield a un tanto de la semifinal, debido a la regla de los goles de visitante. Banfield fue con todo a buscar el empate y River aguantaba como podía. Sobre el final del encuentro Bilos habilitó a Ceballos para poner el empate, pero falló. River eliminó a Banfield y fue semifinalista, donde cayó con el que más tarde sería campeón de América, San Pablo. La eliminación de Banfield fue cubierta en su momento por el monopolio de información y oficialismo.

2007. Luego de otra gran campaña en la que fue cuarto en la tabla general, Banfield volvió a la Copa. Pero no llegó en su mejor momento, el equipo ya no era lo que había sido. Jugó el grupo 1 con América de México, El Nacional de Ecuador y Libertad de Paraguay. En la mitad de la disputa del grupo renunció el técnico Patricio Hernández y durante el resto de la Copa el equipo fue dirigido por la dupla Vitamina Sánchez - Hernán Lisi. Con el ex columnista de Estudio Fútbol había ganado 4-1 a El Nacional como local, pero perdido como visitante 1-0 con Libertad y 4-0 con América. Así y todo Banfield se las arregló para llegar a la última fecha dependiendo de sí mismo. Recibió a Libertad, pero un penal desviado por Lujambio y un gol de Vladimir Marín eliminaron al Taladro de la competencia.

En la próxima entrega cubriremos la campaña en la Libertadores de un equipo que en una oportunidad perdió en cuartos de final, sin que eso le impidiera seguir en la competencia y volver a enfrentar al mismo rival en la final.


Copa Libertadores

Monocoperos

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Lo que empezó como una reseña de las campañas de San Lorenzo en la Copa Libertadores se convierte a partir de hoy en una serie que espera hacer lo mismo con todos los equipos argentinos que la jugaron. Arrancamos con los tres equipos que sólo la jugaron una vez, excluyendo a Lanús y a Arsenal por estar ambos todavía disputando la primera de sus respectivas historias.

Huracán (1974)

El equipo de Menotti, campeón del Metropolitano 1973, fue junto a Rosario Central (campeón del Nacional) uno de los tres representantes argentinos en la copa del año siguiente. Huracán y Central compartieron el grupo con los chilenos Colo Colo y Unión Española, y ambos equipos ganaron todos los partidos contra los trasandinos y en los enfrentamientos entre sí cada uno se impuso de local 1-0. Empataron la primera posición del grupo y, como pasaba sólo el ganador, jugaron un partido para definir quién era. En la cancha de Vélez Huracán ganó 4-0 y consiguió un lugar en el grupo semifinal.

Allí se midió con dos pesos pesados de la Copa, Independiente (campeón defensor) y Peñarol. Con los uruguayos alcanzó a empatar en Montevideo pero perdió 3-0 en Parque Patricios. Con los de Avellaneda fue al revés: empató en el estadio de Amancio Alcorta y perdió 3-0 en la Doble Visera. Independiente ganó el grupo y avanzó a la final con San Pablo, en la que ganó la tercera de sus cuatro Copas seguidas.

Colón (1998)

El equipo santafesino nunca fue campeón argentino y jugó la Copa en una época en la que sólo participaban dos equipos de cada país. Lo consiguió porque River fue bicampeón en la temporada 1996-97 y quedaba una plaza libre. Colón, subcampeón del Clausura, jugó con Independiente, subcampeón del Apertura, y le ganó 1-0 con gol de Marcelo Saralegui. Curiosamente, el partido se jugó en la cancha de Lanús, que queda bastante más cerca de Avellaneda que de Santa Fe.

En el grupo jugó con River y los peruanos Alianza Lima y Sporting Cristal. Arrancó perdiendo 2-1 con River en Santa Fe con un gol de Celso Ayala desde el campo propio, la pelota le picó mal a Leo Díaz y lo descolocó. Luego ganó de local y perdió de visitante hasta que en la última fecha empató 1-1 con Sporting Cristal en Perú, resultado que le permitió pasar a la segunda fase como tercero del grupo, en un partido eliminatorio dado que si perdía quedaba afuera por puntos.

El equipo que dirigía el profe Córdoba se midió en octavos con un grande de la competición, Olimpia. Ganó 3-2 en Santa Fe y perdió 1-0 en Asunción, lo cual llevó a la definición por penales en la que se impuso por 2 a 1, en una definición en la que ninguno de los primeros cinco penales pateados fue convertido.

En cuartos de final debió cruzarse con River, que había eliminado al América de México (fue la primera Copa con equipos norteamericanos). En el primer partido perdió 2-1 en el Monumental, lo cual seguramente fue considerado un buen resultado para esperar al equipo de R. Díaz en el Cementerio de los Elefantes. Ahí Colón se puso en ventaja con un gol del Bichi Fuertes pero River dio vuelta el partido, ganó 3-1 y eliminó a Colón de la competencia. En semifinales River quedó afuera con Vasco da Gama, que sería el campeón de ese año.

Talleres contra Tuluá. Nótese el escudo en las medias.

Talleres (2002)

Talleres fue el primer equipo cordobés en jugar la máxima competición sudamericana de clubes. Lo logró al ser cuarto en la tabla general de la temporada 2000/2001. Compartió el grupo con River, América de México y Tuluá de Colombia. Talleres logró empatar los dos partidos con River pero ganó sólo un encuentro en todo el grupo. Fue ante Tuluá en Córdoba, mientras que en Colombia perdió 4-2 en el único partido que ganó ese equipo. Como perdió con América de local y visitante (en Córdoba fue 1-0 con gol del ex-Boca Luis Hernández) quedó tercero en el grupo y fue eliminado en primera ronda.


El fútbol es sagrado

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Hoy, que no es el aniversario de la muerte de Fontanarrosa, es un buen día para acercarles el cuento que abre el libro El fútbol es sagrado, el cual es una recopilación de chistes. Ahí habla de una frase que sacó de una película, y yo de ese cuento saqué una frase que guardo en mi léxico personal, que es la descripción que hace del juego de los alemanes. Si no me equivoco el cuento no está en la recopilación Puro Fútbol. Acá va entonces, y les recuerdo que leer acá el cuento no reemplaza el comprar el libro, que hay que decirle no a la piratería y que el disco es cultura (?).

La que yo digo era en blanco y negro, se llamaba “Match en el infierno “ y la dieron hace mil años. Era una época en que íbamos siempre al cine, especialmente con Fernando y, muchas veces, veíamos tres películas seguidas, entrando al cine a la siesta y saliendo cuando ya era de noche. Nadie podía imaginar ir al cine a ver una sola película, como ahora, o ir a ver la película principal y no la de complemento. Era como tirar la guita, como estafarse a si mismo. Por esa razón vimos tres veces, con Fernando, “El rubí sangriento”, una película de pistoleros, en Centroamérica, con ventiladores de techo y un malo que masticaba cacahuetes, andaba en silla de ruedas y terminaba haciéndose pelota al venirse en banda por un precipicio. La única virtud, quizás, de “El rubí sangriento”, era que siempre, no sé por que misteriosa lealtad, iba de complemento de las de Jerry Lewis y nosotros éramos fanáticos de Jerry Lewis.

Lo cierto es que, apenas nos enteramos de que “Match en el Infierno” era de fútbol, nos fuimos con Fernando de cabeza al Monumental. Creo, incluso, que fuimos mucho más temprano, creyendo que había preliminar de reserva. Y era polaca, o checa (tendría que preguntarle a Daniel). Una película seria de esas con poca música, como “Kanal” y que terminaba para la mierda, como deben terminar las pelicula serias. Nada que ver con la fantochada de “Escape a la victoria”, que dieron hace poco, como segunda versión en technicolor y cinemascope, de aquella digna “Match en el Infierno”.

Por supuesto, por respeto a la memoria de la primera, no fui a ver esta otra, máxime cuando me enteré que atajaba Sylvester Stallone. Me pareció bien que, en un film donde laburaban Ardiles y el negro Pelé, entre otros, lo mandaran al arco al troncazo de Rambo pero, así y todo, juré no volver al cine mientras atajara ese tipo. De cualquier manera, después, me enteré del resultado de la película por la radio y por los diarios: por supuesto, todo había sucedido como yo lo temía. En lugar del final amargo y lógico de la versión antigua, acá los prisioneros del campo de concentración no solo ganaban el partido contra los guardianes nazis, sino que, en medio de la euforia entendible de su sufrida parcialidad, aprovechaban el festejo y se viraban del cautiverio aumentando la decepción del Tercer Reich. No podía esperarse otra cosa de Stallone. Si no había considerado un producto comercialmente vendedor la derrota norteamericana en Vietnam, al punto de trocarla en victoria en su delirante colección de Rambos … ¿cómo podía esperarse que aceptara el áspero epílogo de “Match en el infierno”? Sylvester es uno de los que no se aguantan esas cosas, como no se aguantó el final de “Primera sangre”, el atrapante librito de David Morrel, de donde sacó a John Rambo. En “Primera Sangre” el ex combatiente de Vietnam termina recagado a balazos, como muy lógico corolario para cualquier tipo que le pegue a la policía, mate a varios de ellos y, por si todo esto fuera poco, destruya un pueblo de punta a punta. Sylvester consideró que no era constructivo deprimir así a sus compatriotas y, en su película, si bien Rambo termina llorando como un mariquita, queda lo suficientemente vivo como para enfrentar los futuros riesgos de varias superproducciones más. No dudo que, si el día de mañana, Stallone decide poner de nuevo en la pantalla “El extranjero” de Camus, no terminaría muriendo en una pestilente cárcel árabe como le pasó a Marcello Mastroianni. Sylvester encabezaría un motín para escaparse con el resto de aquellos desdichados y se casaría por fin con la hija del jeque tras poner entre rejas a Yasser Arafat, el comandante Carlos y un centenar de fedayines de “Septiembre Negro”.

Pero a lo que voy es a esto, retornando al tema de la remota “Match en el infierno”: esa película me dejó una frase reveladora, un mensaje para la posteridad. Presten atención. Porque muchas veces uno va a ver infinidad de películas que se promocionan y anuncian como verdaderos reservorios de mensajes fundamentales: “Una película que cambiará su vida” dicen los anuncios, “Una revelación que lo acercará a la verdad como una luz cegadora”, promete. Y pese a que uno es reacio a ilusionarse pensando que, por la exigua cantidad de dinero que insume una entrada de cine, alguien pueda revelarle el recóndito secreto de la existencia, esos clarines publicitarios suelen atraerlo. Por supuesto, luego, dichos mensajes no son para uno, sino para la dama o el caballero que está sentado al lado y en la mayoría de los casos, la película no se entiende un carajo. A veces sí, un destello extraño parte de la pantalla como si un rayo perdido del haz de luzescapado del proyector rebotara en ella y se nos clavara entre los dos ojos como una astilla de plata. Me pasó una vez a mí, en una película que agarré empezada, de complemento, y me dejó completamente pelotudo. La película se llamaba “Cleo de 5 a 7” y, aún hoy, no he podido explicarme el porqué de tamaño impacto. Tampoco han podido explicármelo los psicológos, quizás porque de 5 a 7 sea una sesión demasiado prolongada para ellos.

Pero retornemos a “Match en el infierno”, que es a lo que quiero referirme, y a esa frase que conjuga el mensaje pleno de sabiduría y realismo.

Voy a refrescar un tanto la línea argumental de aquella película para explicar al lector inadvertido, más o menos, por donde va la cosa.

La acción transcurría en un campo de concentración alemán, en la Segunda Guerra. Para celebrar ya no recuerdo qué, una celebración que convocaba a varios líderes nazis, los capos del campo deciden hacer un partido de fútbol entre los guardianes y los presos. Los presos aceptan, a pesar de que no se los veía con el mejor ánimo ni con un excelente estado físico. Pero tenían una carta en la manga: entre ellos había un húngaro que era un jugador profesional, que la rompía, la hacía trapo. Supongo que había allí una resonancia ligada a la realidad, no sé si Puskas, o Kocsis, o Boszik, alguno de aquellos integrantes de esa formidable línea delantera húngara, había sido prisionero de los germanos en la vida real. Este tipo, el húngaro que la hacía de goma, se llamaba, o le decían, ”Jo” (¿sería ese el nombre? ¿Por qué me viene a la memoria, si no? Juraría que era así). Se llamaba Jo. Muy bien.

Los prisoneros, una multinacional de harapientos, comenzaban, entonces un duro período de entrenamiento bajo el permiso alemán, para enfrentar a la fuerte escuadra de la cruz gamada. Jo estaba muy animado ante la posibilidad de volver a ponerse los cortos, pero… ¿qué ocurre?… ¡La verdadera intención del grupo de prisioneros era escaparse! Huir del campo de concentración aprovechando las relativas libertades que les daban sus captores. Cuando le comunican eso a Jo, éste se chiva realmente. ¡El quería jugar el partido! ¡A él que no le vinieran con el asunto de pirarse cuando ya se veía de nuevo pisando el verde césped y había atesorado en sus oídos el embriagador repique del balón sobre la grama! ¡El partido estaba hecho y nadie de ley, nadie que sea verdaderamente futbolero, sea choro o vigilante, deja de lado un desafío para escapar de un campo de concentración por más fulera que sea la comida! Los otros muchachos, los contra, habían conseguido camisetas para todos, tenían la pelota, habían alquilado la cancha, habían hablado con el referí, hasta le habían puesto redes a los arcos… ¡Y ellos se iban a pirar antes del partido como unos maulas! ¿Quién iba a querer después, hacerle un partido a los prisioneros? Por supuesto, cuando se lo dijeron, Jo se puso para la mierda. Y fue ahí, ahí mismo, cuando pronunció esa frase que para mí se inscribe entre los grande speeches del cine mundial, comparable al discurso de Marlon Brando ante el cadáver de Julio César, o a los argumentos de Spencer Tracy en “Heredarás el Viento”. Jo agarró la pelota, la tiró para arriba, la durmió en el empeine cuando caía y dijo: “El fútbol es Sagrado”.

Aunque sea difícil de creer, pese a la magnificencia del pensamiento, el resto del plantel no le dio bola, no se impresionó ante su retórica, no advirtió que estaba ante una sentencia que cortaba en un tajo la historia del más popular de los deportes. Le contestaron que ganando o perdiendo eran boleta, que había que huir. Jo, de mala gana, lo acepta. Intentan escapar, entonces, y los atrapan. Ante esta falta de espíritu competitivo, los alemanes, respetuosos del programa ya impreso, atentos a un público que saboreaba de antemano el encontronazo deportivo, pero sin olvidar los requisitos disciplinarios exigidos por la FIFA, emiten un fallo: la lista de buena fe del equipo de prisioneros, completa, será fusilada luego del encuentro, sea cual fuere el resultado.

Para hacerla corta: juegan y, en el primer tiempo, los germanos les pasan por arriba. En base a sus virtudes históricamente reconocidas, empuje, velocidad y pases largos, el team de los teutones, donde militaban un par de rubios que sabían, se va a los vestuarios con una nítida y justa ventaja, hay que reconocerlo. Colaboró con ese resultado, por cierto, el prácticamente nulo aporte de Jo para su equipo. El húngaro no había podido superar, era notorio, el duro impacto emocional que significa, para cualquier volante creativo, saber que será fusilado luego de las duchas. Debemos recordar, también, que los magyares son algo latinos y, por ende, más propensos a sufrir anímicamente las presiones del entorno. Pero algo ocurre al comienzo del segundo período, que transforma a Jo. No lo recuerdo bien. Tal vez lo que varía su conducta es que se veía venir una goleada memorable y un toque de novela ante el “ole” enfervorizado de la parcialidad germana. Yo creo que eso fue lo que tocó la fibra del jugador internacional. Ese relajo, ese “tomala vos y dale a Hans” desató el tigre dormido que habita en el orgullo de todo jugador que se precie. “La puta madre que lo reparió –habrá pensado Jo por más caído que estuviese–. ¿ Cómo me van a venir a dar un toque a mí estos troncos?” Porque convengamos, el equipo alemán era bueno, pero bueno para jugar entre los giles.

Jugando con algún rejuntado de oficina la podían pisar más o menos, pero no eran ni Beckenbauer ni Gerd Müller ni Bonhof ni ninguno de esos. Y el otro, Jo, había sido internacional de los magyares, mi querido, que con Ferenc Puskas darían la izquierda más esclarecida del comunismo y en el 53 le harían la fiesta a los ingleses por 6 a 3 en el mismísimo estadio de Wembley.

La cuiestión es que Jo se enojó, cazó la globa, la puso bajo la suela… y andá a cantarle a Gardel. En treinta minutos dio vuelta el partido, hizo tres pepas y hasta le puso la pelota del gol del triunfo al narigoncito judío que jugaba de once y que tuvo la mala idea de ir a gritárselo a la tribuna alemana, adonde estaba la barra brava de los nazis. Los alemanes se enojaron y no esperaron hasta la pitada final. Ahí no más los cagaron a tiros a todos, certificando que es muy difícil ganar de visitantes.

Abandonamos el cine, aquella tarde inolvidable, convencidos de que, si bien finales violentos como aquel le hacían mucho mal al fútbol, habíamos acuñado una frase rectora para la vida.

Desde aquella revelación hasta hasta nuestros días, nunca me he sentido solo en el inquietante sendero de la existencia.

Cuando algún irresponsable, algún advenedizo o inimputable me invita a una tertulia literaria un sábado por la tarde, o insiste en convidarme a cenar una noche en que se televisa un partido de fútbol en directo, las sabias palabras del talentoso mediovolante húngaro vuelven a mis labios para abofetear al atrevido. Y éste ya no reitera su afrentosa oferta. Sabe que no hay razones, ni argumentos, ni sobornos, que tuerzan el soberano designio de lo sagrado.


Borussia Dortmund

Camisetas rayadas

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Las camisetas rayadas son las más lindas que tiene el fútbol, y también las que más se identifican con ese deporte. Numerosos equipos en todo el mundo han logrado excelentes camisetas con sólo combinar dos colores y aplicar ese molde de diseño. Pero, así como tiene la belleza de lo simple (?), es un diseño fácil de arruinar, y cuando se rehacen las camisetas todos los años es inevitable que cada tanto ocurran desastres. Veremos ejemplos gráficos de lo que se debe y lo que no se debe hacer en cuanto a camisetas rayadas.

1. Dirección. Las rayas deben ser siempre verticales. Rayas verticales dicen fútbol, todo equipo que use rayas horizontales debe jugar rugby. Y el que inventó las rayas oblicuas arderá en el infierno.

Chacarita, San Lorenzo, Celtic

Las rayas horizontales del Celtic generan confusión en escenas como esta:

Scrum del Celtic

2. Altura. Las rayas deben llegar a los hombros y continuar en la espalda. Muchos diseñadores vagos pretenden que nos conformemos con la camiseta tres cuartos rayada. Si es absolutamente necesario hacer alguna decoración en los hombros deberá ser lo más discreta posible, como en la camiseta actual de Estudiantes. Acá vemos dos ejemplos de camisetas de la misma selección. La de la derecha tiene varios pecados y es sin dudas la peor camiseta titular de la historia de la selección argentina.

Argentina

3. Textura. Las rayas tienen que ser sólidas. Los degradés son anti-fútbol y quedan mal en casi cualquier camiseta en la que se apliquen.

Argentina

4. Consistencia. Las rayas deben extenderse por todo el largo de la camiseta. Nada de interrumpir algunas, todas o desviarlas en curva.

Borussia Monchengladbach, Bristol Rovers, Estudiantes

5. Simetría. La camiseta debe tener simetría en el eje vertical. Esto significa que la parte izquierda debe ser igual a la derecha, excepto en detalles como el escudo. Violar esta regla genera aberraciones como la del ejemplo.

Newcastle, Valladolid

6. Ancho relativo. Todas las rayas deben tener el mismo ancho. Queda muy mal una camiseta, aunque sea simétrica, con distinto tipo de rayas. La única excepción son las tricolores (ver abajo).

Atlético Madrid, Racing, Notts County

7. Ancho justo. El ancho de las rayas no debe exagerarse. No deben ser ni muy anchas ni muy angostas. No hay un ancho específico, pero una regla básica es que mirando la camiseta desde cualquier ángulo uno debe ver más de cuatro rayas y menos de diez.

River, Betis, Racing

8. Tricolores. Si la camiseta tiene tres colores debe haber predominio de dos de ellos, y el otro debe servir como borde. Caso contrario se arribará a adefesios como el del extremo derecho de la imagen.

River, Chacarita, River

9. Cobertura. Las rayas deben cubrir toda la camiseta. No debe distinguirse cuál es el color de fondo y cuál el de las rayas. Si, como en la camiseta de Peñarol del ejemplo, nos damos cuenta de que es negro sobre amarillo y no hay forma de que sea amarillo sobre negro, estamos en problemas. (Nota: camisetas como las del Ajax no se consideran rayadas, lo mismo las de Boca o Gimnasia).

Peñarol, Juventus

10. Inscripciones. Las camisetas rayadas pueden ser algo molestas para poner sponsors o números. Hay que hacerlo con un color que contraste a los dos de la camiseta, y si eso no es posible el problema se soluciona con un borde del color más oscuro. Los números amarillos del Barcelona son un buen ejemplo. Nada de parches de un solo color en la espalda para poner los números, es tan poco original y antiestético como esas empanadas que indican el relleno con una inicial de varios centímetros de alto impresa en la masa. Acá hay una camiseta bien hecha y otra mal hecha, ambas de la misma ciudad.

Inter, Milan

11. Cantidad. El número de rayas debe ser impar. Esto significa que tiene que haber una raya en el medio. Cada tanto al Barcelona se le da por violar esta regla, y el resultado queda feo. Preferentemente el color que va en el medio tiene que ser el más oscuro.

Barcelona

12. Mangas. Las mangas deben tener el mismo diseño de la camiseta, y las rayas tienen que ser paralelas a los brazos, nunca perpendiculares. Se puede aceptar mangas de un solo color, pero en ese caso ambas tienen que ser iguales, no como la aberración de la camiseta de Talleres que se ve en la foto (gracias a Floyd por ese espantoso aporte).

Talleres, Juventus

13. Guardavallas. Las camisetas rayadas quedan bien en los jugadores de campo, pero horribles en los arqueros. Puede usar cualquier otra cosa, pero si usa una rayada pierde el respeto que todo arquero debe imponer.

Caranta con la alternativa de Estudiantes


La navaja de Occam

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A ver, a mí no me gustan las teorías conspirativas, pero quiero preguntarles cuál de estas opciones les parece más factible o realista.

1) Macri, ex presidente de Boca y recién asumido como intendente de Buenos Aires, se encargó de hablar con los bancos para que no firmaran los avales del que fue su vicepresidente durante 12 años, enojado porque tomó decisiones con las que no está de acuerdo como contratar a Riquelme y a Ischia. Todo para que la Inspección de Justicia le volviera a dar el poder en el club y pudiera llamar a elecciones para, si gana, poner un presidente de su entera confianza. Esto es lo que dijeron hoy en Despertate con G. Bonadeo y en el post de acá abajo.

2) El gobierno nacional, ávido de poder y de sacarle poder a sus opositores, usa la circunstancia de los avales para poner hombres de su riñón en el club más popular del país. Ya son aliados de Aguilar en River. Arreglan con Pompilio que forme una nueva lista con hombres del kirchnerismo y sacando a los macristas. Para eso se usa a la Inspección General de Justicia, que depende del ministro Aníbal Fernández y no del poder judicial, que ordena que se hagan las elecciones. Horas antes de que se conozca la resolución Pompilio declara que es bueno que haya elecciones en Boca y que en caso de haberlas no presentará la misma lista que hace dos meses. Esto es lo que salió hoy en La Nación y también en el diario de Lanata.


Platini celebra su cumpleaños

Desempates, parte 2

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La situación de los equipos que buscan las definiciones por penales ha motivado muchas propuestas alternativas. En esta segunda parte vamos a analizar brevemente lo que se usaba históricamente y algunas formas de definición que se ha mencionado.

Replay. Se usaba en la primera mitad del siglo XX y fue reemplazada en todos los torneos menos en la FA Cup. Es el método más simple y consiste en volver a jugar el partido. A veces se puede aplicar sólo si el empate persiste en 120 minutos del primer partido, y otras veces se llega a los penales después del segundo. En otros casos se jugaba la cantidad necesaria de partidos hasta que uno no terminara empatado. Tiene dos contras relacionadas: el calendario y el desgaste. En un torneo corto como el Mundial es muy difícil, aunque no imposible, prever el partido de desempate. Esto generaría enfrentamientos entre equipos que no tienen la misma cantidad de partidos jugados en el torneo. Pero también implicaría, desde el punto de vista económico, un nuevo partido para vender a la televisión.

Sorteo. En los Mundiales se reemplazó el partido de desempate por alargue y sorteo. Es decir, si el empate persiste después de 120 minutos, se tira una moneda. La diferencia con los penales es que el sorteo sí es una lotería, y es puramente azaroso. Pero, como dijimos en la primera parte, podría darse el caso de que nadie quiera empatar para después someterse al azar puro, y se redoblen los esfuerzos para ganar. El respaldo de esta idea es el partido citado antes entre Italia y Alemania en 1970, y el hecho de que nunca un partido de Mundial (aunque sí se dio en eliminatorias) se resolvió por sorteo.

Gol de oro y gol de plata. En el frenesí de cambios reglamentarios después de Italia ‘90 una de las ideas que prosperaron fue el gol de oro (que se empezó a usar, de todos modos, después de USA ‘94). Todos sabemos que consiste en una leve modificación del alargue, haciendo que termine al primer gol, lo que le daba su primer nombre de Muerte Súbita. Lo que ocurrió fue que los equipos, en lugar de lanzarse con todo a buscar el gol de oro, se desesperaban por no recibirlo. Y con esto se favoreció lo que se quería combatir: el fútbol defensivo y especulativo. La UEFA llegó a probar una variante, el gol de plata, que daba al equipo que había recibido el gol el resto del período en curso para empatar, y si no se terminaba el partido. O sea que si te metían un gol a los 13 minutos de cualquiera de los dos períodos de 15 tenías dos minutos para empatar, y si te lo metían a los 4 te quedaban 11. Esto tampoco prosperó, y en Alemania 2006 se volvió al tiempo suplementario normal. El cual permite grandes partidos en suplementario como el citado Alemania-Francia de 1982, e incluso el Camerún-Colombia de 1990, en el que los tres goles vinieron en el alargue.

Goles de visitante. Este sistema es inaplicable en Mundiales pero está en vigencia en competencias de clubes. Se sabe que consiste en que, si el global de un partido de ida y vuelta está empatado, gana el que hizo más goles en condición de visitante. La aplicación viene de la idea de que el visitante tiende a especular y conformarse con el empate, mientras que el local es el que convencionalmente tiene la obligación de ir a buscar el gol. Entonces se le da un estímulo al visitante para ir a buscar también el partido, y se supone que con eso se consiguen mejores espectáculos. En realidad el sistema está puesto para reducir la cantidad de definiciones por penales (no en vano fue implementado en la copa Libertadores después de una edición en la que Boca fue a penales en tres de las cuatro rondas eliminatorias), y está claro que lo consigue. En mi opinión el sistema no está mal, pero tiende a darle una ventaja al que es visitante en el segundo partido. Antes se consideraba que era bueno definir en casa, pero ahora el local en el segundo partido ya no puede hacer goles de visitante. Esto provoca situaciones como el Boca-Vélez de la Libertadores pasada. Boca ganó 3-0 el primer partido y sabía que haciendo un gol obligaba a Vélez a hacer 5, lo cual era muy poco probable. Por lo que Boca se relajó, consiguió el gol y, aunque soportó un sofocón de Vélez, perdió 3-1 y nunca peligró su clasificación.

Gol gana. Esta es la propuesta que a mí más me gusta, y que viene de esta columna en inglés. Consiste en que el que hace el primer gol gana, pero no hay tiempo límite. Si están cuatro horas para hacer un gol que estén. El razonamiento es que lo que falló en el gol de oro fue el hecho de que todos sabían que si aguantaban media hora tenían la chance de ganar por penales. Con este método no existen los penales y a ambos equipos no sólo les conviene ganar en la cancha sino que les conviene ganar rápido para conservar energía para el siguiente partido. No es lo mismo jugar 5 minutos de alargue que 50. La contra que tiene esto es que es muy útil para partidos que se juegan cada cuatro años como la final del mundo, pero podría traer problemas físicos si se lo aplica masivamente, por ejemplo en competencias de clubes. La razón por la que este método es el que más me gusta es que el partido se define jugando al fútbol, con todas las reglas en vigencia, y no provoca complicaciones de calendario.

Corners o tarjetas. En algunos torneos se ha usado la cantidad de corners a favor de un equipo o la menor cantidad de tarjetas. La del corner supuestamente beneficia al que más atacó agarrando una variable que no necesariamente implica que es el que más atacó. Y la de las tarjetas al de juego más limpio, que es también el que necesitó pegar menos para llegar al empate. Son opciones simples para medir arbitrariamente quién mereció ganar pero pienso que no lo logran. Y se comete el pecado de que el partido se define por algo que no es los goles, lo cual va en contra del espíritu del reglamento.

Penal MLS. El jugador que ataca arranca a 30 metros del arco, y el arquero en la línea de gol. El atacante tiene 6 segundos para hacer el gol, y ambos pueden moverse libremente. Esto lo usaba la liga de Estados Unidos, pero lo eliminó. Acá hay una definición así en un torneo de inferiores italiano, nótese la ventaja que tiene el arquero. La idea parece ser que se define con algo de juego y no con un tiro de pelota detenida. Es evidente que esta alternativa no es mejor que los penales convencionales.

Penales colectivos. Esto viene del cerebro de Rollo Tomasi, del blog La Ciencia Maldita, y está explicada en detalle acá. Consiste en poner cinco atacantes contra tres defensores en medio campo de juego y darles 30 segundos para hacer un gol. No hay offside y un foul se castiga con la pérdida de la jugada para el infractor (se cobra gol si es defensor, no gol si es atacante). Si la pelota sale de al cancha se pierde la oportunidad. Esto a primera vista se parece a los penales de la MLS, pero esconde un razonamiento ingenioso: el equipo con más jugadores creativos tendrá más ventaja en la definición. Y, al tener más jugadores creativos, tal vez en muchos casos por ese mismo motivo ni siquiera se llegue a definir. Esto está bien pensado y me saco el sombrero. El problema es que hay que ver las cosas también desde el punto de vista de los equipos destructores, o, como a mí me gusta llamarlo, “¿Qué haría Bilardo?” Entonces se me ocurren dos contras importantes. La primera es que podría estimular el juego brusco, y que determinados defensores salgan a la cancha con la instrucción de que los buenos no terminen el partido. Esto se podría solucionar restando la cantidad de expulsados en la definición, por lo que si echaron a uno deberá atacar con cuatro contra tres y defender con cinco contra dos. La otra contra, y la más importante, es que los técnicos pueden tratar a los penales colectivos como una jugada de pelota parada y practicarlas mecánicamente, por lo que ya no se necesitaría jugadores creativos para ganar la definición sino que bastaría con un par de Verones.

Penal colectivo simultáneo. Luego de una charla vía mail, Rollo puso su respuesta a una objeción mía en su blog, y generó comentarios interesantes. Gustavo Arballo propuso dividir el campo en dos mitades. En una ataca un equipo con seis jugadores y defiende el otro con cinco. Y en la otra mitad se invierten los roles. Se dan cinco minutos que se juegan al msimo tiempo. El equipo que hace más goles en esos cinco minutos gana el partido, y si persiste el empate pueden jugarse cinco más. Se pone dos árbitros de cada lado, aprovechando el cuarto oficial. La ventaja de esto es que eliminaría cualquier tipo de especulación hija de los turnos. La contra es las dificultades para televisarlo.

Ahí lo tienen. La pregunta es: ¿es alguna de estas formas de definición mejor que los penales?


Maradona rodeado de diablos rojos

1982

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El siguiente es un fragmento del libro Fuimos Todos de Juan B. Yofre, que a su vez está sacado de La Patria Transpirada de Juan Sasturain. El contexto, por si no está claro, es el Mundial de España durante la guerra de las Malvinas. De más está decir que la rendición se produjo el 14 de junio.

El domingo 13 [de junio], a las 15 horas, gran parte de la población prendió la televisión, sintonizó ATC y vio la inauguración del Mundial de Fútbol 1982 que se transmitía desde Barcelona, España. Jugó Argentina contra Bélgica en el estadio Nou Camp y perdió por un gol de Vanderbergh en el segundo tiempo. El equipo albiceleste tenía una delantera mortífera: Bertoni, Díaz, Maradona y Kempes. Como si le hablara al gobierno militar, César Luis Menotti repetía a sus jugadores: “Para entrar primero hay que saber salir”. En las trincheras cercanas -cada día más cercanas- a Puerto Argentino, se escuchaba la transmisión de la Oral Deportiva, bajo la batuta del “Gordo” Muñoz y los comentarios de García Blanco, Zavatarelli y Julio César Calvo.
-¿Y? -Lo interrogan ansiosos los soldados al soldado que acaba de llegar.
-Perdimos uno a cero -dice el recién llegado.
-¿Con los belgas?
-No puede ser. ¡Qué boludos!
Ahora los tres se quedan silenciosos, no quieren saber los detalles. Miran al frente otra vez, a las sombras crecientes, aprietan el fusil.
-Esta mierda… y encima pierde la selección. -murmura uno.
-Lo único que nos faltaba -dice otro cualquiera de los tres, todos.